“Mulholland Drive” y el suicidio en el cine

  26 Febrero 2013 Adiós esperanza, adiós 

mulholland-drive-30Las causas del suicidio son diversas, sin embargo su origen radica casi en su totalidad en la desesperanza y frustración. Si un ser humano pierde la esperanza de alcanzar aquello que más anhela entra en un vórtice del cual es difícil salir, los deseos se originan en los sentimientos y el sentimiento humano por antonomasia es el amor.

El ser humano quiere querer y ser querido y si esto no sucede no se siente auto realizado. Aquí entra el amor romántico, claro está, pero también cualquier otro tipo de amor, hacia un hijo, amigo, mascota, etc. Los suicidios más épicos y recordados suelen ser por amor pues no es agradable recordar otras motivaciones como la pérdida de un hijo o la ruina total.

Cometer suicidio es un acto racional, cuanto más básico es el intelecto de un ser vivo menor será la probabilidad de quitarse la vida a sí mismo. Es la reflexión lo que conduce a los pensamientos profundos y negativos, a mayor simplicidad más felicidad. Todo animal que tenga capacidad de sentir sufrimiento podrá decidir qué hacer con su vida, aquellos que posean conductas simples y predecibles no se podrán desviar del destino para ellos marcado.

No resulta fácil predecir o evitar un suicidio humano, en muchos casos los vecinos y/o amigos, hablarán del fenecido como una persona “normal y feliz”, estos términos son tan relativos que se tornan en imposibles de analizar. A veces se confunde un estado de depresión el suicidio y aunque en algunos casos finaliza de ese modo, no todas las depresiones lo hacen y no todos los suicidios van precedidos de ella.

En Mulholland Drive, para cuando Lynch decide apuntalar el filme y entendemos que el personaje de Naomi Watts se ha suicidado por amor ya nos ha llevado por un mundo de deseos imposibles y el intrincado camino hacia el fin. La cándida Betty se transforma en la oscura Diane cuya vida está repleta de frustraciones y caídas; mientras que Betty nos deslumbra con su luz, cálida sonrisa y fe ciega en sí misma, Diane es el prototipo de la soledad y tristeza. Con lo retorcido del argumento de Lynch podemos llegar a pensar que lo que el director y guionista nos quiere mostrar es cómo Diane podría haber sido Betty pero en lugar de ello elige ser una persona que acaba por cometer suicidio sin gente a su alrededor.

La vida del personaje de Watts como Diane está vacía, no consigue nada de lo que se propone. Mediante los diferentes personajes del filme se representa el frío mundo de Hollywood, cómo para alcanzar una meta, en ocasiones, solamente existe una vía que no resulta ni mucho menos agradable.

Diane Selwyn no es más que una víctima de sus sentimientos por una persona que no corresponde su amor. Ni su carrera como actriz ni su vida personal progresan por culpa de sus sentimientos, permanece a la sombra de Rita. Al basar su existencia en los sentimientos de otra persona acaba por destruirse movida por celos y falta de amor propio.

Lynch nos muestra el camino hacia la desesperanza de Diane, su carrera no prospera y su relación de pareja tampoco, lo que lleva a Diane a una depresión que acabará por arrebatarle las ganas de vivir. Lynch habla de un camino, Mulholland Drive, uno que sigue Diane hasta convertirse en lo que es, en lugar de elegir el camino de Betty se obceca en permanecer en las sombras.

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Suicidio y cine

Muchos son los ejemplos que encontramos de suicidio cinematográfico, desgraciadamente no es uno de esos casos que solamente acaecen en la gran pantalla sino que sucede, más de lo deseado y comunicado en los noticieros, en el mundo real.

La vertiente más relatada en el cine, y en todos los medios artísticos es el suicidio por amor, siendo el más comentado, famoso y ejemplo por antonomasia el de Romeo y Julieta. ¿Quién no conoce a estas alturas cómo al pensar que su amada está muerta Romeo se suicida?, más tarde ella se despierta para que todo sea más trágico aún. Tras ver que su amor ha muerto decide quitarse la vida para acabar junto a él, en una imagen antinatural y descorazonadora en la que dos jóvenes mueren por el enfrentamiento de dos familias.

Las versiones que encontramos tanto con ese nombre como con otros, pero que beben directamente de esta historia, son innumerables pero el final siempre es el mismo, muerte por amor. Un infausto culebrón que lleva arrancando lágrimas desde hace varios siglos.

El caso más famoso de suicidio (o eutanasia) de España fue el protagonizado por Ramón Sampedro, llevado a la pantalla grande por Alejandro Amenábar en Mar adentro (2004), brindando a Javier Bardem la oportunidad de hacer una de las mejores interpretaciones de su carrera. En este caso la desesperanza llega porque Ramón tiene su capacidad intelectual intacta pero es tetrapléjico y deseando poder saltar por acantilados imposibles y llevar una vida de pareja con la mujer de la que está enamorado, se frustra. Aquí tenemos un ejemplo de cómo una persona no ha de estar deprimida para querer morir, Ramón está en plena capacidad mental y a pesar de su estado es capaz de tener sentido del humor, hecho imposible si un ser humano se encuentra deprimido.

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Al hilo de Mar adentro hemos de hablar de Million Dollar Baby, película en la que la protagonista se queda tetrapléjica en una pelea de boxeo (su profesión): en este caso se sumerge en una profunda depresión que la lleva a intentar el suicidio en varias ocasiones sin éxito.

En situaciones como la de Sampedro y ésta, entran a formar parte de la ecuación otras personas dado que ellos mismos no tienen la capacidad para llevar a cabo el suicidio, estando en la mano de sus más allegados si acatar o no la decisión tomada por los afectados. Entramos aquí en un gran debate moral sobre si esto ha de ser legal o no y si las facultades mentales de alguien que quiere quitarse la vida están intactas o afectadas por algún elemento modificable. Es un debate interminable en el que todo el mundo puede verter su opinión pero que solamente podrán entender aquellos que han estado en esa posición.

En las películas de Eastwood y Amenábar se toma la decisión de cumplir los deseos de los protagonistas, no sin polémica en su resultado, de hecho uno de los miedos de Ramón Sampedro era cómo iba a afectar a su amiga el haberle ayudado de cara a la autoridad y opinión pública. A día de hoy es un tema que no se puede considerar zanjado, habiéndose legalizado en algunos países y considerándose un atropello en otros.

La muerte es un tema que siempre inquieta, en mayor o menor medida, al ser humano. Todos los seres humanos moriremos algún día, es algo inevitable pero que no deja de ser difícil de aceptar. En algunas películas, como la regular Línea mortal (1990), de Joel Schumacher, se trata el tema de esta curiosidad, sus protagonistas dejan sus constantes vitales en una línea horizontal para experimentar lo que sucederá cuando mueran. La muerte es algo serio y que ha de ser tratado como tal, eso es algo que ellos aprenden de la manera más dura posible. A pesar de su interesante premisa el filme no culmina sus expectativas, permaneciendo en el borde de una temática que podría haber dado para mucho más.

No podemos hacer referencia al suicidio cinematográfico sin mencionar la inmejorable El club de la lucha (1999). En ella Edward Norton crea en su mente un alter ego, Brad Pitt, contra el que tendrá que luchar para poder continuar con su vida. La imagen de Norton provocándole un agujero a Pitt en la cabeza es representativa de lo que le sucedía a Norton, Pitt se introduce en su cabeza provocando un socavón de desorbitadas dimensiones del que ha de deshacerse para poder seguir adelante. Sí, se trata de un suicidio metafórico pero es uno de los mejor paridos en la época de los noventa, y hasta ahora. La decisión de Norton de acabar con Pitt para poder sobrevivir y continuar su vida en el mundo real, se convierte en una de las escenas más sinceras y escalofriantes sobre suicidio en el cine.

En el caso de Mulholland Drive, Diane tiene capacidad para suicidarse y no duda en hacerlo, guiada por el desamor y desamparo que siente. No tiene ningún problema físico y aún podría llegar a cumplir sus sueños tanto emocionales como profesionales pero elige la vía de acabar con todo al no ver otra posible salida.

Escribe Sonia Molina

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