El resplandor (1980) de Stanley Kubrick

  31 Enero 2013 El “nacimiento” es el “resplandor” de Danny 

El_resplandor-3Hablar de una de las películas más discutidas de la historia del cine resulta ser un gran atrevimiento, sobre todo cuando esta es una obra de arte que se ha convertido en un filme representativo del cinema cult de todos los tiempos.

Inspirada a la novela homónima de  Stephen King, El resplandor ha sido definido como la película que genera más miedo de la historia, por su inquietud y por su composición magistral.

Trama

Jack Torrance es un escritor desempleado que acepta trabajar, durante un invierno muy largo, como guardián de un hotel perdido en las montañas, con la compañía de su mujer y de su hijo, dotado de capacidades extrasensoriales (que él llama “resplandor”).

Todo parece regalarle la situación ideal para la tranquilidad que él busca para escribir su nueva novela, pero todo cambiará cuando el aislamiento perturbador haga que toda su estancia se convierta en una larga pesadilla.

El agobio del espacio-tiempo

El desarrollo de la película es una continua pérdida de linealidad que refleja el desencanto de la serenidad de una familia aparentemente normal. El núcleo base de los tres componentes familiares es escandido por el tiempo y el espacio.

No es una casualidad que el invierno sea la estación adonde ocurre el cambio, justo en la época de navidades, tiempo de unión familiar: el momento de más cercanía se convierte en la ruptura psicológica y física de los personajes.

Sería oportuno concentrarse en el concepto de tiempo y espacio de la película, que salta de los meses a los días y de los días a las horas en una continua reducción hasta el colapso final.

El espacio también se limita a los ambientes cerrados del hotel, a las habitaciones, a contornos laberínticos sin salida y sin orden, donde el hombre se siente sobrepasado y se pierde desde el principio.

Esta sensación de agobio convierte el sitio cerrado y el aislamiento en una enferma y terrible opresión: todas las escenas se desenlazan sin tener una conexión temporal, sino sólo un sentido de angustia e inquietud para el espectador que percibe las sensaciones de los personajes. Bastaría recordar la escena del laberinto en la que madre e hijo se pierden en las líneas densas de un jardín sin entrada ni salida, a representar quizás los afectos más radicados o encima el cerebro humano, atrapado en sus pensamientos.

La unión no es un concepto alcanzable ni en el tiempo, ni en el espacio. Todo está puesto para que separe, para que aleje.

El color rojo de las zonas internas, que en algunas percepciones podría acercarse al concepto de amor, resulta agobiante y opresivo, casi mostrando la inquietud interior de los personajes, la misma que se insinúa en los espacios externos, también laberinticos.

Esta sensación de incomodidad es la clave entera de una película que no deja de asombrar y de mostrar su lado oscuro, a veces inexplicable, justamente porque se refiere a este gran misterio que es la mente humana.

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La Navidad perturbadora

La Navidad, entonces, representa la explosión y liberación de la locura que los personajes contienen dentro y que se revela sólo en momentos como el de la unión familiar: el estado de constricción en el que se encuentran los protagonistas revela el aspecto muy formal de la fiesta, que ya no es sentida como tal, sino representa el esfuerzo por parte de todos los componentes de juntarse, así la unión es buena porque es reconocida como tal por la sociedad y no porque lo sea realmente.

El protagonista Jack es el personaje símbolo del filme, pero también la imagen de una sociedad enteramente basada en la apariencia, no en los sentimientos. La repentina locura de Jack es su relajamiento, el descubrir que se encuentra atrapado en una serie de metas sociales que debería alcanzar, pero que no consigue: una familia perfecta, un trabajo perfecto, una casa perfecta.

Los tres puntos no los ha alcanzado y, desde el principio de la peli, esto está clarísimo: la pérdida de trabajo, quizás por problemas de alcohol, le lleva a convivir por obligación con su familia y en un hotel desconocido como casa.

El hijo Danny representa el futuro que Jack no quiere ver, porque su fracaso interior no le permite liberarse de un pasado en el que se ve atrapado el hijo también y que, al final de la película, se revela irresuelto.

El poder de Danny es fundamental también para que el espectador entre en contacto con la soledad y la dificultad de adaptarse a un ambiente que, justamente por estar entre el sueño y la realidad, aparece más verdadero que el de fuera del hotel.

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Esta soledad representa el desencanto por todos los aspectos corruptos de un mundo que nos tiene atrapados en sus buenas intenciones que, en realidad, son engañosas.

Este concepto bastante discutible es uno de los miles que rodean el significado de una película tan “tortuosa” como esta gran obra maestra de Kubrick.

Desde el punto de vista de la Navidad, sería mejor aclarar lo que significa simbólicamente respecto a la obra en cuestión.

La Natividad (Navidad) es representada normalmente por tres elementos principales que, en este caso, encajan perfectamente en los tres protagonistas de la película. El “nacimiento” es el “resplandor” de Danny, la luz que le permite aclarar las cosas y que los otros personajes no son capaces de ver.

El conjunto familiar no consigue llegar a ver las cosas, sino se pierde en el desorden mental, que es la verdadera característica humana. Uno de los tres falla, y no es Danny. Esto significa que la salvación no será posible.

Escribe Serena Russo

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