Batman vuelve (1992) de Tim Burton

  31 Diciembre 2012

Accidentada Navidad 

Batman_vuelve-1Resulta irónico que una de las épocas más felices al año esté envuelta por oscuridad. Normalmente la falta de luz desemboca en miedo y agonía, especialmente para los más pequeños, pero en Diciembre todo el mundo pasea de noche bajo las luces de la ciudad sin ningún reparo ni miedo.

Esta época repleta de costumbres hay que disfrutarla cuando el sol ya ha desaparecido, la única luz que puede y debe adornar la Navidad es la artificial.

Las celebraciones navideñas tienen su foco en la noche, las cenas con familiares, la cabalgata, etc. y todo tipo de eventos de lo más variopinto. De hecho, es de recibo mencionar que la única homilía del año que tiene lugar por la noche se produce el 24 de diciembre. El catolicismo pierde el miedo a la oscuridad y se echa a las calles para llegar a su parroquia de siempre, bañada esta vez por un ambiente absolutamente opuesto al matutino.

En 1992 vieron la perfecta oportunidad para introducir al Caballero Oscuro en la Navidad para la gran pantalla. Batman siempre aparece de noche, excepto en contadas, e innecesarias, ocasiones. El alter ego de Bruce Wayne lleva a cabo su actividad cuando el sol ya ha caído. Por ello, el rodar una película de Batman situada bajo ese marco es una idea inteligente que crea un universo de posibilidades.

Uno de los momentos más felices del año se torna en la perfecta oportunidad para que se produzcan ataques, en este caso el de un peculiar hombrecillo pingüino que viene nada menos que de las alcantarillas. En Navidad la población solamente piensa en felicidad y la hipocresía está a la vuelta de cada esquina. Siendo capaces de aceptar que se presente a las elecciones un tipo tan nauseabundo como Oswald Cobblepot que en cualquier otra época hubiera sido rechazado desde un primer momento. En Diciembre todo cambia, es un período de segundas oportunidades y de abrirse a cosas impensables el resto del año, el amor y la paz han de reinar aunque se acerquen las amenazas más espantosas.

Ni siquiera el propio ser humano es capaz de analizar cómo su comportamiento cambia cuando la decoración navideña hace aparición en sus hogares, de repente es el momento adecuado de tolerar los defectos de los compañeros de trabajo y familiares, dar limosna a ese mendigo que está en la puerta de la cafetería a la que acudes a diario y las campañas televisivas se multiplican ante el buen espíritu que impregna a la población.

Sin embargo, nadie nota esas diferencias, está interiorizado que la Navidad es diferente y por ello el comportamiento ha de serlo también. Es la ocasión ineludible de llamar a ese amigo con el que no hablas desde el instituto y de que un pingüino y una mujer gata aparezcan en la plaza de la ciudad sin producir la sorpresa y rechazo esperados.

El filme aprovecha la Navidad, sacándole el máximo jugo a las tradiciones estadounidenses, como el encendido del árbol de la plaza de la ciudad, momento en el que toda la población está atenta para que tengan lugar acciones como los ataques de los villanos.

La candidatura de Cobblepot no hubiera sido posible sin la actuación de las fiestas, instantes en los que el pueblo está atento a todo tipo de desfiles y sucesos óbices para dar a conocer al nuevo candidato al poder de Gotham City.

La tranquilidad y predecibles tradiciones quedan desgajadas por las acciones de Cobblepot y la aparición en la ciudad de Catwoman, una imponente Michelle Pfeiffer que convierte un traje ridículo en amenazante y sexy.

A este baile de disfraces queda por llegar el invitado de honor, el que ha sido junto a Christian Bale la mejor encarnación del Caballero Oscuro, Michael Keaton. En Batman vuelve, la figura del murciélago pierde relevancia a favor de los otros protagonistas y de la Navidad que se convierte en un personaje más, pero cuando entra en escena eclipsa a todos lo que osan acercarse a él.

La previsible Navidad da paso a un conjunto de contratiempos que acabarán por decidir el futuro de Gotham City.

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La Navidad como personaje

En Batman vuelve, la Navidad con todos sus elementos —la nieve, noche, luces, etc.— se convierte en un personaje más. No solamente es un bonito fondo como el que acompaña a los marcos de fotos, no. Cada escena en la que Oswald Cobblepot está rodeado de colores vivos, hielo y nieve no es inerte sino que se mueve con vida propia, además de envolviendo como el papel de regalo tan típico de esta época, dotando de mayor movimiento y dinamismo el filme.

La idea de que El Pingüino aparezca en una escena gélida parece obvia pero le da otro aire distinto al filme de Tim Burton. Un director que retrata como ningún otro la oscuridad, permitiendo este excelente manejo de las sombras que se ocupe de realizar dos cintas perfectamente ambientadas aunque de calidad dispar protagonizadas por el murciélago. Mientras que Batman (1989) lo tenía todo, fondo y forma, esta secuela permanece en la forma sin penetrar el bonito muro.

Batman está inherentemente ligado a la noche y si existe un director que trate como nadie el tenebrismo ése es Burton, quien se encarga de diseñar la mejor versión de Gotham City jamás vista en la pantalla grande. Los altos edificios contrastan con los bajos fondos, calles estrechas y carentes de luz son el perfecto escenario para que el murciélago y sus enemigos se enfrenten.

La mente de Burton en esta época era tremendamente fértil y es gracias al director que la Navidad no es inerte sino que toma vida por medio de una decoración precisa y su inmersión dentro del argumento, la utilización de elementos ambientales es un acierto.

El score de Danny Elfman también contribuye a que la Navidad tome vida: por medio de pistas oscuras a la vez que festivas e inquietantes el compositor traslada al espectador a esta temporada sea el momento que sea en el que se decida visionar la película, aunque en la calle el sol queme las aceras, el salón de tu casa se convertirá en el más gélido del edificio.

Gracias a este compendio de elementos y situaciones, la película cobra sentido.

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Amor bajo el muérdago

Como buen ejemplo de película situada en esta especial época, no puede faltar la narración de una historia de amor. El rompecorazones Bruce Wayne cae rendido a los pies de Selina Kyle sin saber que tienen más en común de lo que puede imaginar.

El mayor acicate argumental del filme para su visionado es el poder ver las chispas que saltan entre Keaton y Pfeiffer. No son muchas las escenas en las que podemos disfrutar de la pareja pero gracias a la química existente entre ellos no son necesarias.

Los exiguos momentos compartidos expresan sin la necesidad de extensos diálogos la atracción animal que ambos sienten. Las grandes escenas de Batman vuelve, a pesar de los artificios de El Pingüino y sus paraguas, son suyas. Proporcionando su relación los momentos más memorables del filme, tratando ambos de mantener su identidad en secreto, se crean escenas tensas, pues dicha tarea es complicada si lo que quieres  es ocultárselo a aquél con el que compartes colchón.

La contrariedad que le supone a Bruce Wayne el enamorarse de alguien que no está del lado de Batman pero por el que siente una atracción irrefrenable es aprovechada por Burton para despertar los instintos más bajos de un personaje que, al fin y al cabo, es representado y vive como un animal.

En esta versión de Batman, los instintos están a la orden del día. Teniendo en cuenta que la película está protagonizada por un murciélago, un pingüino y una gata esto no es de extrañar. Burton abraza la idea y la trae a su terreno, explotándola con una inmensa maestría, en lugar de dejar de lado la parte animal y tratarla someramente, se adentra en ella dejando a un lado la parte humana. En este caso, la menos relevante.

El amor del filme no es romántico, colmado de velas, caramelos y flores. El aquí mostrado es salvaje y sucio como el carácter de sus protagonistas.

El modo en que, por fin, se descubren mutuamente es divertido y entrañable a partes iguales, y una de las escenas mejor interpretadas por ambos. La química entre Keaton y Pfeiffer es la más explosiva de todas las versiones de Batman en la gran pantalla.

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Todo es posible en Navidad

La reflexión que salpica descaradamente a la cinta es si Batman vuelve hubiera podido localizarse en otro marco que no fuera el de la festividad de Diciembre. Probablemente la respuesta sea que sí, pero ¿hubiera sido tan apropiado como éste? La respuesta es un rotundo no.

Como ya hemos comentado, la Navidad es un momento idóneo para presentar a la versión del Pingüino que aparece en el filme, un ser que come pescado y que hiede a él. Así como a una mujer gata fuera de lo común.

Las múltiples opciones que brinda la Navidad son explotadas con maestría, no solamente se elige la época adecuada sino que todas sus armas y ases bajo la manga son utilizados, propiciando un filme de acción más que entretenido.

Escribe Sonia Molina


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