Zhang Yimou: Los largos tentáculos del capitalismo

  02 Diciembre 2012 Síntesis entre modernidad y tradición 

el_camino_a_casa-1En el cine de Yimou es una constante la referencia a la realidad política y social de su país. No siempre esa referencia nos sitúa en la China actual, sino que en ocasiones, sobre todo en sus primeras películas, la acción se desarrolla en una época pasada, marcada por las rígidas normas de la cultura tradicional; más tarde vendrán sus películas urbanas, con Keep cool o Una mujer china como máximos exponentes.

Y en sus últimas entregas, sin abandonar las coordenadas temporales actuales, asistimos a un intento de contraposición y difícil síntesis entre la modernidad y la tradición. Este localismo, sin embargo, no le sustrae el universalismo que hace de sus películas obras de arte, y que permite que las admiremos desde parámetros culturales tan lejanos como los nuestros.

Desde este punto de vista, una de las constantes temáticas de su obra es el análisis y crítica del nuevo capitalismo chino, análisis que traspasa las fronteras de su país y alcanza una reflexión global sobre el modo de vivir y valorar de la sociedad capitalista en su conjunto. En ocasiones este tema ha estado revestido de un tratamiento metafórico, sobre todo en películas primerizas como Semilla de crisantemo o La linterna roja, y a medida que su fama de cineasta ha ido creciendo, se ha permitido hablar más a las claras sobre él.

El tratamiento que podemos descubrir es doble: En sus primeras aproximaciones adopta una óptica descriptiva, quedando la valoración en un segundo plano, si bien la no neutralidad de la descripción implica, sin duda, una valoración muy precisa de lo descrito.

Keep cool sería el paradigma de este enfoque. Con un estilo abrupto y desasosegante consigue transmitir la mezcla de caos, violencia, tensión y arbitrariedad que constituye la estructura de la nueva sociedad china. El resultado de la película puede ser discutible, pero la sensación final que produce está, en este campo, más que lograda.

Es en sus dos siguientes películas, Ni uno menosEl camino a casa (estrenadas entre nosotros en orden inverso), donde la descripción va acompañada de la crítica que se desprende de su contraposición a la tradición, o al menos a la esperanza de lo que pudo ser y no fue.

En El camino a casa la sociedad occidental ha penetrado no solo en los últimos reductos del mundo rural (carteles de Titanic y Ronaldo), sino también en la mentalidad de sus moradores: el homenaje al maestro se mercantiliza, y con ello parece esfumarse el último resquicio de solidaridad y reconocimiento por su trabajo. La resolución de la película es ambigua, puesto que, si bien los antiguos alumnos vuelven a rendirle el tributo a su profesor, no es menos cierto que son los últimos, y con ellos ese modo de ver y valorar desaparecerá.

keep-cool-1Pero es en Ni uno menos donde esta oposición se plasma con su mayor crudeza. Bajo la tapadera de la educación, todo en esta película es dinero. La joven maestra acepta el cargo por dinero, y lo negocia duramente, se preocupa por las tizas por dinero, y protege a sus alumnos por dinero. No importa ir a trabajar con críos de pocos años si con ello se consigue el dinero que permita recuperar al alumno extraviado y conseguir de esa manera el sueldo prometido (no es otra la intención que la mueve; la atleta no le preocupa porque no afectará a sus ingresos), y si algo sobra se invierte en coca cola.

No sólo la joven protagonista se rige por el interés estrictamente monetario. Los personajes que pueblan la ciudad (muy cercana a la vorágine ya descrita en películas anteriores) poseen los mismos patrones de conducta: los propietarios del bar donde es acogido el muchacho (por supuesto a cambio de su trabajo) o la papelería no muestran atisbo alguno de solidaridad, y la televisión es una mezcla del desprecio inicial y el aprovechamiento interesado con el que se resuelve la historia. Todo ello puede quedar resumido en la breve e impactante escena en la que la joven maestra es expulsada del autobús por no tener suficiente dinero para el viaje.

El final de la película está cargado de ironía. El triunfo de la vaciedad televisiva conlleva la recuperación del muchacho y con él del salario prometido, al tiempo que sugiere una ficticia recuperación de la escuela rural, ejemplificado en las tizas de colores. Pero implica la segura muerte de todas las demás escuelas, aquellas que no tuvieron la suerte de que las cámaras se fijaran en ellas. En El camino a casa tenemos cumplida información del destino final de esas escuelas.

Crítica feroz a un capitalismo alejado de todo lo que signifique solidaridad o reconocimiento a valores no mediatizados por el egoísmo consumista. Crítica también a un modo de vida que, lejos de construir un hombre nuevo, ha ahondado en las bases de la degradación moral de toda una sociedad.

Y crítica, en fin, a una sociedad occidental que fomenta y utiliza los nuevos mercados que le ofrecen en bandeja las confusas y degradadas nuevas generaciones orientales.

Escribe Marcial Moreno


(*) Este artículo fue incluido inicialmente en el monográfico nº 21 de Encadenados, dedicado a Zhang Yimou, en mayo de 2001. Más artículos sobre Yimou  en: http://www.encadenados.org/n21/rashomon_zhang_yimou.htm

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