In this world (2002) de Michael Winterbottom

  30 Noviembre 2012

En el reino de este mundo 

in-this-world-1Los refugiados, inmigrantes, extranjeros, extraños son cada día más incómodos para los centros de poder. Necesarios según las estadísticas, pero incómodos. Mientras redefinen el rostro de las capitales del mundo desarrollado, su condición de minusvalía y presencia en crecimiento no deja de infundir temor, incomodidad y confusión entre quienes ahora deben compartir su espacio natural.

El debate entre la apertura y el cierre, la hospitalidad o la reserva está aún en su fase inicial. Costumbres, oficios y actitudes contrastan con el hacer de los respectivos nacionales, ahora bombardeados por colores diferentes. Las urbes multiétnicas no son siempre la señal de un mundo sofisticado y el acceso a las mismas está lleno de prohibiciones.

Continente de historia imperialista, Europa ha terminado por convertirse en el más apetecible por estas nuevas corrientes migratorias marcadas por la guerra, la pobreza o la tragedia. La periferia busca aquello que de manera romántica se llamó la “madre patria”, reclamando para sí una vida mejor.

Viaje irregular a una Arcadia menor, el mismo viene marcado por la explotación y el abuso que comienza desde el mismísimo punto de partida. El inclasificable director inglés Michael Winterbottom posó su mirada en este dilema con los ecos del 11 de septiembre sobre sus hombros.

Con un presupuesto de 1,9 millones de dólares y dos auténticos refugiados afganos como protagonistas, en enero de 2002, Winterbottom procedió a rodar cámara en mano el viaje de Jamal y Enayatullah a la tierra prometida.

Desde Afganistán a Londres, siguiendo un itinerario imposible, el realizador construyó un relato que gravita a cada momento entre la ficción y la realidad. El itinerario trazado por una caravana de contrabandistas, sobre la geografía euroasiática, es la ruta que el cineasta impone a su equipo y elenco en un acercamiento desgarrador y poético al irregular desplazamiento migratorio.

Película de apariencia documental, rodada en formato digital, In this world arranca en el campo de refugiados de Peshawar, en la frontera afgana con Pakistán. Allí, los jóvenes protagonistas, cansados de mal vivir, deciden emprender con el apoyo de sus respectivas familias un viaje a Londres en busca de un futuro mejor para ellos y para los suyos.

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La vía, sin embargo, es la clandestina. Puestos en manos de traficantes, el par junto a otros pobres desgraciados, toma por áridos caminos, por pasos montañosos; realiza desplazamientos nocturnos y accede a las sofocantes bodegas de los barcos para intentar salvar a las autoridades que intentan detener su travesía.

Tratados como poco menos que una mercancía, tras pagar por la promesa del traslado, Jamal y Enayatullah emprenden un viaje poco agradecido que Winterbottom persigue a ratos con ánimo de observador, con ánimo de reportero, con ánimo de cineasta. Mientras el grupo es guiado a ciegas por la escarpada y desértica geografía asiática, ganados por la incertidumbre, internándose a tientas en las urbes prometidas; el realizador se detiene junto a ellos, escuchando sus anhelos y contemplando sus temores. La sensación de impotencia, de cierta ingenuidad, también queda registrada por la lente del creador británico, que constantemente se mueve de los terrenos de la ficción a los del documental  y viceversa.

Escrita por Tony Grisoni (Miedo y asco en Las Vegas —Fear and loathing in Las Vegas— de Terry Gillian), la cinta sin embargo consigue, vía la realización, ese carácter de documento social que trasciende de la veracidad a la verdad. Los silencios, los diálogos improvisados, el lento avance de la caravana, van desnudando una realidad y un paisaje relativamente nuevos, desconocidos, desoladores.

Actores improvisados, “reclutados” en el propio campo de refugiados de Peshawar, Jamal y Enayatullah no sólo prestan su imagen y nombres a los personajes del filme, sino también sus propias palabras.

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Un poco más allá, aquel viaje forzado por las intenciones del realizador, parece incluso ser su propio viaje, su propio deseo, su búsqueda por un mundo nuevo: tanto así, que de manera extracinematográfica, uno de ellos, Jamal, una vez en Londres decidió quedarse varado en esa isla tras finalizar el rodaje.

Winterbottom toma a sus frágiles héroes y los acerca lentamente al lugar de los sueños, pero va cerrando sus posibilidades mientras más se acercan al mismo. Lo hace a través de esas imágenes simples, austeras, que van formando con astucia la solidez de su discurso; hasta llegar a ese maravilloso final en las calles de la capital británica.

Proyecto planificado antes de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, y rodado con mayor ímpetu posteriormente, es difícil imaginar que se hubiera hecho de otra manera. Tal vez su impacto y significado en el espectador habría sido menor.

La cinematografía actual —particularmente la de Hollywood— ha acostumbrado al ojo del público a imágenes más sofisticadas y un poco más allá, fantásticas. El registro que Winterbottom hace de su historia y de sus personajes, la calidad de sus imágenes, el enfoque de las mismas, hace que el proyecto se ancle irremediablemente —y por fortuna— en el terreno de lo real, quebrando y reescribiendo los conceptos de veracidad y objetividad.


Escribe Robert Andrés Gómez

(*) Este artículo fue incluido inicialmente en el monográfico nº 44 de Encadenados, dedicado a Michael Winterbottom, en julio de 2004. Más artículos sobre Winterbottom:
http://www.encadenados.org/n44/044winterbottom/04rashomon.htm

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