El holocausto judío: La Lista de Schindler

  03 Noviembre 2012 Siete Oscar para Oskar 

La_lista_de_Schindler-1Steven Spielberg es conocido como “el Rey Midas de Hollywood” puesto que todo proyecto en el que se embarca, ya sea como realizador, guionista o productor, termina siendo todo un éxito de taquilla. Es uno de los directores de cine comercial con mayor habilidad para acercarse al público, estando varias de sus películas entre las más taquilleras de la historia del cine.

Una característica que ha sido, a la par, un honor y un estigma. Cuando decide llevar a la gran pantalla parte de la historia del holocausto sufrido por los judíos, pueblo donde tiene sus propios orígenes, ubicándola en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial y centrándose en la biografía del empresario nazi Oskar Schindler, varios sectores se llevaron las manos a la cabeza, puesto que no era considerado un director serio y, desgraciadamente, había quien no lo creía apto para tratar ciertos temas.

Pese a haber demostrado ser un gran director, no se le veía capacitado, llegándole a prohibir el rodar en Auschwitz.

Con este film, basado en la novela Thomas Keneally, Spielberg demostró una vez más su genialidad y su capacidad para mezclar lo comercial con un cine más serio y formal. Como reconocimiento, la cinta obtuvo en 1993 siete Oscar, entre ellos el de Mejor Película y Mejor Director.

La lista

La película se inicia en color, abriendo la oscuridad unas velas que se encienden como celebración del Sabbat, al consumirse su humo se funde con el de un tren que nos remite a un pasado en blanco y negro durante el cual transcurre la trama, para retomar el color al final cuando los miles de judíos a los que salvó se reúnen en la actualidad acompañados por el actor que les interpretó en la tumba del protagonista, como tributo dejan sobre ella una piedrecilla, menos una figura masculina solitaria que deja una rosa, se trata de Liam Neeson, con quien se cierra el film.

Casi íntegramente rodada en blanco y negro, resulta destacable la presentación que se hace del protagonista, de quien sólo vemos una silueta en negro vistiéndose, como su intérprete al final no distinguimos sus facciones, únicamente es identificable la insignia nazi que luce en su solapa. Más tarde, en el baile, un plano corto del elegante rostro de Oskar Schindler fumando nos permite identificarlo gracias al símbolo.

El personaje es un mujeriego, egoísta y ambicioso empresario alemán. Simpatizante del partido nazi, se alía con ellos para obtener buenos contactos y así montar su empresa de productos esmaltados para el ejército, contratando como mano de obra barata a judíos, siendo uno de ellos Stern el contable de la fábrica.

El conjunto de este pueblo, el genocidio que con él se cometió, lo convierten en el personaje desvalido al cual el héroe debe salvar y proteger, tan habitual en las películas de Spielberg. Son los judíos polacos a los cuales —tras invadir su país en el 39— los nazis despojaron de todas sus pertenencias, cosificándolos, humillándolos y recluyéndolos inicialmente en guetos para más adelante eliminarlos en los campos de exterminio.

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El héroe

Como todo héroe sin forjar, Oskar, al comienzo de su aventura, carece de las características necesarias para realizar la misión a la que deberá enfrentarse durante su viaje. No posee ni sentido de la justicia, ni honestidad, únicamente se mueve por la avaricia y el egoísmo.

Pero tras su bajada a los infiernos se sucede un cambio. Son las imágenes de la cinta que mejor narran la masacre que este pueblo sufrió, por lo duras y descarnadas que resultan al espectador. Son las del exterminio del gueto por parte de unos soldados a las órdenes de Goeth, quien celebra el acontecimiento. Dichas imágenes reflejan el terror en los rostros de unas víctimas que saben la horrible muerte que les persigue, algo tan inhumano como para que un médico y una enfermera se vean obligados a sacrificar a los enfermos que cuidan en el hospital antes de que el siniestro enemigo les de una muerte dolorosa y sádica.

En las calles del gueto por donde los muertos se agolpan destaca una niña con su abrigo rojo sobre el blanco y negro, camina entre cadáveres y soldados armados para esconderse en un edificio, pues pese a su corta edad es consciente del peligro que la rodea.

Con este suceso comienza la evolución de Schindler, que culmina poco más adelante en la narración, cuando del cielo caen cenizas humanas que cubren todas las calles. Goeth está desenterrando e incinerando  los miles de cuerpos de los judíos que fueron asesinados en el gueto. Cúmulos de cadáveres amontonados a la espera de ser quemados, entre todos estos montones más altos que un hombre, Oskar distingue  sin vida a la niña y su abrigo rojo. Esta macabra situación supondrá la culminación de su cambio total y profundo.

Estos dos hechos son los que propician la evolución del héroe. En ese momento sus intereses iniciales hacia el dinero y sí mismo cambian comenzando a importarle únicamente los judíos y el medio para lograr salvar sus vidas. La astucia que posee para hacer negocios con los nazis y enriquecerse pasa a ser utilizada para engañar a los militares y comprar las vidas  de los trabajadores de su fábrica.

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La opresión y pobreza de un pueblo

La mano de obra que utiliza resulta beneficiosa para militares y protagonista puesto que los judíos no cobraban por trabajar, carecían de derechos, eran los dirigentes nazis los que se lucraban de ese trabajo realizado.

Un sistema que alzado desde la legalidad basó su poder totalitario en una represión absoluta en todos los ámbitos, pero sobre todo en el pueblo judío, quienes ni siquiera eran considerados ciudadanos, careciendo de derecho alguno fueron exterminados por una ideología que los culpaba de todos los males que sufría el pueblo alemán en ese momento, aprovechándose el nazismo de las repercusiones que la depresión del 29 había causado en Alemania, que arrastraba un gran número de parados.

Con esta disculpa, los bienes y haciendas de los judíos —un pueblo de clase media alta— les fueros robados por los nazis, quedándoselos para ellos mismos, para sus dirigentes y su régimen. Expulsándolos y apoderándose de sus casas y propiedades, impidiéndoles continuar con sus negocios, que fueron cerrados, para pasar a vivir hacinados en los guetos, hambrientos, desnutridos y trabajando en campos de trabajo, donde no percibían ningún beneficio, no eran considerados personas. Y más tarde, cuando ya no podían trabajar, eran eliminados.

Con su antisemitismo por bandera y su política expansionista, Hitler ocupó Polonia. Los campos de concentración presentes desde que alcanzó el poder —el primero en Dacha cerca de Munich abrió sus puertas en 1933—, han sido uno de los puntos más siniestros del régimen.

En 1939 la parte de Polonia invadida por Alemania sufre un gran deterioro. Los polacos, sobre todo los de religión judía se vieron sumidos en la pobreza al verse desposeídos de absolutamente todas sus pertenencias y obligados a llevar la estrella de David en el brazo, marcados como ganado, por una ideología antisemita, y finalmente llevados a campos de concentración para ser exterminados o utilizados en experimentos médicos, como el complejo de Auschwitz. El mayor centro de exterminio del nazismo.

El sadismo de los nazis tiene en el film como mejor representante al comandante Goeth, quien con su fría mirada de superioridad dispara arbitrariamente desde lo alto de su mansión a los judíos que se encuentran en el campo de Plaszow, cazándolos por diversión como si fueran simples alimañas, que tristemente es lo que son a sus ojos. Evidenciando el gusto que esa ideología tenía por sembrar el terror entre la población, palpable en los planos cortos con los que Spielberg hábilmente retrata los rostros de unos personajes totalmente aterrados.

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Quien salva una vida salva al mundo entero

Oskar no comienza siendo el típico héroe benefactor, no posee ningún rasgo característico de ello, más bien todo lo contrario. Su viaje interior, su evolución, parte del egoísmo más absoluto para concluir como un héroe que, abandonando todos sus intereses personales, se dedica en exclusiva a los demás. Su cambio es tan radical porque las circunstancias que vive, la bajada a los infiernos que realiza, son tan macabras que es inevitable  su evolución.

Su insaciable avaricia le lleva a contratar la mano de obra más barata, la de los judíos polacos, sin importarle estos seres. Pero según avanzan los acontecimientos, Oskar comienza a ver la realidad y la crueldad de las circunstancias en las que estas personas que, desposeídas de sus pertenencias por una ideología totalitaria, se ven hundidas  en la pobreza y en una vida de torturas y tormentos.

Toda la fortuna que logra amasar la invierte completamente en sobornos para comprar las vidas de sus  trabajadores de, como ellos mismos se denominan para salvarse de las garras enemigas, “sus judíos”.

Materialmente Schindler termina en la ruina absoluta, mas el destino le otorga una conciencia que le llevará a tener un profundo sentido de la justicia, valor indispensable en un héroe, y a ser recordado y venerado por la historia y por las miles de vidas que salvó y sus múltiples descendientes que existen gracias a su heroicidad.

Al inicio del film Schindler confiesa a su mujer que en Polonia trata de hacer una empresa mayor que la que tuvo su padre, para algún día ser recordado como un gran hombre que consiguió grandes logros. Si bien, el protagonista se refería a fortuna monetaria, su deseo le fue concedido, la heroicidad  acometida le llevó a salvar  a 1200 judíos, a que se escribiera un libro sobre su noble historia y que se realizase una gran película que narrase su periplo.

Sus trabajadores, agradecidos, le dan lo único que ya poseen, su apoyo cuando finalmente se ve hundido por no haber podido salvar a más, y un anillo de oro forjado con la muela de uno de ellos, en cuyo interior escrito en hebreo reza: “Quien salva una vida salva al mundo entero”.

Escribe María González

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