Origen: Nolan y el psicoanálisis

  22 Septiembre 2012

Un prestidigitador de historias y secuencias 

origen-10Bien parece que no hay película de acción que se estrene estos días lo suficientemente válida si no viene firmada por Christopher Nolan. El realizador lo ha vuelto a hacer. Vuelve a repetir una de esas propuestas que introducen al espectador en un alambicado rompecabezas de secuencias, imágenes e ideas y lo catapultan a su personalísimo universo plagado de fantasmas, personajes de doble rasero y una impronta visual imbatible.

Ya desde la secuencia de apertura, Nolan deja claro quién está detrás del objetivo, vertiendo una estética de la que parece que sólo él tiene la llave. Y es que Nolan está empeñado en demostrarnos que es un gran ejecutor de la cámara y su república.

Después de su celebérrima El caballero oscuro era de esperar que su nueva operación algebraica causase sensación. Así ha sido, desde luego. Con permiso del feliz maridaje Disney-Pixar, Origen va camino de convertirse en uno de los fulgurantes éxitos de este lento verano de 2010, cinematográficamente hablando.

Pero, ¿qué es Origen?, se preguntarán los (pocos) que aún no la hayan visto. Tal y como sucedía en El truco finalMementoOrigen supone una arquitectura imposible dentro del mundo de los sueños. Se trata de una construcción casi inabarcable de la duermevela de sus protagonistas.

Apoyada por un reparto excepcional, Origen propone la idea de que los sueños pueden ser penetrados por otros y, como tales, pueden ser manipulados. Parece como si Nolan haya ideado una enciclopedia onírica, basándose en las teorías psicológicas que circulan sobre los procesos mentales del subconsciente o los modelos conductuales del individuo. Además, le añade su propia cosecha, inventándose unas leyes sui generis sobre el mundo de las emociones soñadas.

El filme supone todo un manual de instrucciones sobre el mundo de los sueños que los protagonistas se ven obligados a explicar para que el espectador se aferre a unas mínimas ideas que sirvan de base para seguir su trazado argumental. Origen constituye, pues, toda una unidad temática, metalingüística y formal que se adentra en la mente de unos personajes desconocidos para arrojar un filme de acción trepidante e innovador.

Porque, no nos dejemos engañar, pese a las apariencias de sublimación que pretende la obra estamos ante una action-movie al uso, pero eso sí, pasada por el tamiz Nolan, quien la dota de un sentido vigorizante de la acción y de unas secuencias impecables que seguramente permanecerán en el imaginario colectivo.

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La secuencia en la que Ellen Page contempla cómo una ciudad se doblega sobre sí misma, o la secuencia donde asistimos a una persecución pero con el añadido de tener que estar lidiando contra la gravedad, bien merecen un reconocimiento inmediato. Todo ello envuelto en un empaque visual espléndido para construir esa cárcel de recuerdos de la que supuestamente no puede escapar su protagonista, un espía corporativo que vive traumatizado desde el suicidio de su esposa.

Pero Nolan promete más de lo que finalmente ofrece. Quizás le sobrarían algunas pretensiones intelectuales para quedarse como lo que finalmente resulta ser, un divertimento en forma de puzle complejo e hiperbólico pero, eso sí, modelado con un prodigioso montaje, un reparto más que afortunado (veánla en V.O.S.E., por favor, el doblaje español es sencillamente espantoso) y un poder de imaginación desbordado.

También resulta destacable que, a pesar de querer marear la perdiz mediante ese mundo de sueños dentro de sueños dentro de sueños... Nolan logra mantener la coherencia interna de su relato pese a lo deslavazado de su intrincada, a la par que adictiva, trama.

Entonces, Origen ¿merece la pena? Absolutamente. ¿Decepcionará a los acérrimos seguidores de su director? Seguramente a algunos, y es que Origen bien podría ser la prima hermana de El truco final, otra obra que resultó grácilmente bien construida pero que se revelaba como una broma elevada al máximo nivel.

Y es que Nolan es un prestidigitador de historia y secuencias. Como tal, su objetivo es que el público se crea su magia. Desde luego, lo consigue.

Escribe Ferran Ramírez


Este artículo fue publicado inicialmente en el nº 64 de Encadenados, en septiembre de 2010, con motivo del estreno del film en España.

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