Christopher Nolan y la obsesión

  26 Septiembre 2012

Non plus ultra 

christopher-nolan-2Que Nolan gusta de indagar en la psique humana es un secreto a voces, todas sus películas, más o menos cercanas a la realidad,  se encargan de diseccionar la mente de, al menos, uno de sus personajes.

Desgrana cada una de las ideas que emanan de las, siempre, complejas mentes de sus creaciones. Es ahí donde todo el mundo del inglés tiene su inicio, una idea que va in crescendo hasta transformarse en obsesión. Esa ínfima semilla que se genera de modo casi inesperado se convierte en un robusto árbol que los protagonistas de Nolan habrán de talar para poder volver a la realidad: todos sus filmes narran la lucha del hombre contra sí mismo, puede que existan enemigos o diversos puntos de vista pero el primer y más fuerte muro es el ego.

Si existe algún elemento recurrente en todos y cada uno de sus proyectos, ese es la obsesión. Estando o no implicado en labores relacionadas con el guión, el inglés elige filmes cuyos personajes padecen perturbaciones que rozan o se sumergen totalmente en la enfermedad mental.

Son muchos los que acusan a Nolan de falso revolucionario, de intentar implementar ideas que otros ya pusieron allí y simplemente aprovecharse de su trabajo, es incluso acusado de delirios de grandeza o profeta sin discurso. Pero con el paso del tiempo y el aumento de películas en su haber, Nolan va acallando esas cada vez más tenues voces de duda que cuentan con pocos resquicios a los que agarrarse.

El hecho de generar controversia a su alrededor quiere decir que está consiguiendo dejar su huella en el mundo del arte, lugar que no ha de calificar a sus obras con la simpleza de los adjetivos bueno y malo, sino ir más allá y eso es lo que hace el director, coger todas sus armas y atacar con ellas con una inconmensurable confianza en sí mismo que puede ser percibida como soberbia.

No descubre nada nuevo, pero ¿quién lo hace en estos días? Y sobre todo, ¿a quién le importa? Generalmente las nuevas corrientes no son más que fusiones y metafusiones de otras previas. Nolan no se liga a nada, no hace sino por lo que se siente atraído, dando lugar a un tipo de cine muy personal incluso cuando de grandes producciones se trata.

La carga emocional de Origen triplica a la que se desprende de la mayoría de filmes calificados como indies, cuya etiqueta no ha de estar unida necesariamente a madurez ni profundidad como suele aseverarse. Los prejuicios han de quedar guardados en el armario dado que bajo su prisma jamás podríamos disfrutar de una película de Batman begins tratándose de un superhéroe, denominación incorrecta sobre la que hablaremos más adelante, seguramente será una de “puñetazos y explosiones”.

El inglés, lejos de entrar en polémicas se limita a hacer lo que más le gusta, crear, recrear e idear lo que germina en su brillante cabeza. Cada proyecto que forja aporta algo nuevo a su filmografía contando con elementos marca de la casa y sumando a su vez enteros para llevarle a ser uno de los grandes cineastas de todos los tiempos.

Ha conseguido crear su propio estilo en tiempos en los que lo correcto es seguir una estética y narración predeterminados, cuya única dirección y blanco no es otro que el bolsillo del espectador. Su trabajo podrá gustar o no pero lo que no se le puede negar al director es su ímpetu por hacer las cosas bien, por ir paso a paso, levantando los cimientos desde abajo y ladrillo a ladrillo y es así como Christopher Nolan avanza en su trabajo con paso firme y marcial.

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Diseccionando el cerebro humano

Una de las virtudes de Nolan es que nunca se queda en la superficie, inquiriendo en su objetivo hasta atomizarlo, pudiendo conllevar un fracaso o éxito total pero nunca a unas medias tintas. Su mayor interés reside en la mente del ser humano, dejando de lado los rasgos más superfluos para atacar los más secretos y oscuros deseos de la psique homínida.

Eligiendo siempre personajes que anhelan poseer algo que o bien perdieron o no llegaron a tener, convirtiéndose en un maestro de la oscuridad. Desde el solitario protagonista de Following hasta el multimillonario pero depresivo Bruce Wayne pasando por un desesperado Guy Pierce. Todo ellos se desviven persiguiendo sueños imposibles.

Siendo sujetos extraños no son ajenos al espectador en cuanto a sus deseos, todos ellos aunque complejos se encuentran ligados a los instintos animales más básicos. Es por ello que se puede alejar de la realidad cuanto desee, transportarnos a otros lugares en tiempo o espacio pero siempre triunfará en su labor de implicar a todo aquel que visione sus películas.

En su ópera prima el cineasta fotografía a aquellas personas solitarias, sin familia, amigos ni amor que en su ánimo por conseguir aquello que creen que necesitan terminan por construirse un destino fatal. Conduciendo todo ello, claro está, a un extremo irreal pero familiar. Pudiendo haber sido pacientes, su carácter vehemente les lleva a desembocar en un laberinto sin salida en el que entrar por voluntad propia.

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Los filmes de Nolan no se limitan a relatar una historia lineal sino que dibujan infinidad de caminos, no todos ellos con salida, retando intelectualmente al que esté dispuesto a aceptar su afrenta.

Su cine puede calificarse de fatalista, la muerte y el fracaso rondan a cada paso que se da. La capacidad de ser feliz reside en el propio individuo, siendo éste el que se la deniega o administra a sí mismo. Viviendo en un mundo que puede ser o no real (Origen, Memento) sus personajes de debaten entre salir a la luz de un mundo cruel que no les ofrece aquello que desean o vivir en uno de sombras persiguiendo quimeras.

Mezclando elementos ajenos y propios crea historias atrayentes y poco comunes, si Origen no fuera, al fin y al cabo, una historia de amor, no podría mantener esa tensión tan extrema. El director aglutina en sí mismo lo mejor del cine de ciencia ficción junto con elementos de la más anti comercial de las películas, una rara combinación que hace de su cine una experiencia necesaria.

Entre fantasía y realidad transcurren todas las películas que han salido de su pluma, desde los trucos de magia de El truco final hasta la peonza de Leonardo Di Caprio en Origen. Nolan se sube al tren de la magia, aunque es obvio que la ésta no existe —¿o sí?— él se ampara en cuentos y triquiñuelas que impregna de interés mediante el análisis del comportamiento humano. Porque si hay algo que fascine al ser humano es él mismo, de hecho es el único ser vivo que tiene conciencia de él como un “yo”.

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El mundo de las ideas

Nolan refleja en su cine su propia personalidad, si hacemos caso a lo que nos cuenta en la pantalla grande estamos ante un ser humano obsesionado con la mente del ser humano y las ideas que éste vierte.

No desea estudiar tanto las acciones del ser humano sino lo que le lleva a realizarlas, encontrar al asesino de su mujer, a su propia mujer fallecida, a un asesino, etc.

Si existía una personalidad adecuada para que la engrandeciera aún más, esa era la de Bruce Wayne —Batman— tratándose de un hombre atormentado desde su infancia por la muerte de sus padres. A pesar de lo que pueda parecer, Batman no es un superhéroe dado que no posee ningún tipo de poder más allá de su propia inteligencia. Su carácter repleto de contradicciones estaba esperando a alguien como Nolan para realizar uno de los más impresionantes reboots de los últimos años.

Su especialidad son los caracteres patológicos, es por ello que su Joker es, simplemente, inmejorable. Con su locura y contradicciones, con la ineludible colaboración de Heath Ledger, se consiguió lo impensable, que un personaje de “película de superhéroes” ganara el Oscar. Podrían haberlo ignorado pero hubiera sido cruel e injusto dado que supera en profundidad a todos los nominados ese año.

La obsesión de Nolan está presente todas y cada una de sus cintas que no son más que pequeñas ideas cultivadas hasta dar su fruto. Una idea que se mete dentro de otra hasta crear un mundo de ideas. Simientes que hasta que no son llevadas a cabo no abandonan su cabeza.

Dejándose llevar por lo que perturba su mente deja entrever cuando un proyecto no es de su agrado al 100% y eso es lo que sucede en la última entrega de Batman en la que ha participado.

Sus pasiones no salen a la luz, se quedaron en The Dark Knight y Origen pero seguro que volverán para la próxima idea que de él nazca.

Escribe Sonia Molina

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