El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008)

  19 Septiembre 2012

Entre la atracción y la narración 

el-caballero-oscuro-1-1El último filme que plasma las aventuras de Batman parece responder a una nueva categoría dentro de  los géneros cinematográficos. Hacia los años 70 el andamiaje en el que se sustenta el cine de Hollywood se pierde en una brumosa “posmodernidad”.

Sin embargo, en la actualidad, la mayoría de las películas de género hollywoodiense siguen ofreciendo unas imágenes institucionales donde la transparencia es el objetivo principal de sus constantes formales. Lo único que parece cambiar es la densidad argumental de unas historias oscuras y complejas.

El caballero oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008) es una muestra genérica del cine de aventuras. Las escenas de acción concentran toda la carga emocional del filme. La violencia es la única protagonista. El choque entre el bien y el mal estructura la narración. El drama nace del corazón de unos seres torturados y condenados. La oscuridad de estos personajes determina la atmósfera siniestra del filme.

En definitiva, las virtudes cinematográficas de El caballero oscuro, para la crítica y la cinefilia, se deben a su guión y a su argumento. De lo que se deduce que El caballero oscuro es una gran película porque recrea la vida de unos personajes complejos.

El último filme de Christopher Nolan plantea de nuevo la duda acerca de la entidad del cine clásico hollywoodiense como “único” modelo de representación fílmica. La constante subordinación de la imagen al argumento puede convertirse en una condena. La simple atracción por la imagen es lo que convierte a El caballero oscuro en una película salvable. Las secuencias con diálogos ampulosos y complejos enturbian la dinámica del filme.

Christopher Nolan quiere convertir su película en un monumento cinematográfico capaz de aparecer en las canónicas Historias Universales del cine. Para ello construye alrededor de un cine puramente espectacular un mecanismo argumental denso, que en el último tramo de la película enturbia todos los hallazgos formales de las escenas de acción.

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El cine no responde a un solo momento histórico, y la obsesiva comparación entre arte y cine narrativo clásico puede esconder los hallazgos estéticos de películas como El caballero oscuro, que no son más que puro divertimento.

La fuerza del filme de Christopher Nolan sólo se puede rastrear en sus escenas de acción, el resto parece instalarse en el dominio de lo forzado y lo pedante. La oscuridad del filme no nace del diálogo metafísico entre Batman y Joker, sino de la adscripción del filme a los códigos estéticos del denominado cine “negro”: atracos, persecuciones, policías corruptos, políticos infames, y un largo etcétera.

Las imágenes de El caballero oscuro esconden en su interior un enfrentamiento entre dos conceptos antagónicos de lo audiovisual: la pura atracción y la necesidad de contar una historia. La película se hace poderosa cuando recurre a lo puramente visual y se acerca a la atracción propia de un videojuego, donde lo impactante e inmediato aniquila todo intento de contar algo.

Escribe Víctor Rivas


Esta crítica se publicó en el nº 56 de Encadenados, en septiembre de 2008, con motivo del estreno del film en España.

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