Origen (Inception, 2010)

  23 Septiembre 2012

Orígenes 

origen-1Christopher Nolan nace en Londres en 1970; como muchos otros directores, desde temprana edad muestra interés por el cine, haciendo uso de la súper 8 de su padre, un tipo de cámara con la que se han iniciado diversos realizadores, siendo ya mítica por ello.

En 1998 realiza su primer largometraje, Following, al que dos años más tarde le siguió Memento, una cinta con guión suyo y de su hermano, Jonathan, a partir de un relato de éste último, Memento mori. La narración de la cinta se adentra en la mente de un hombre que carece de memoria a corto plazo, incapacitado para crear recuerdos nuevos. La historia está compuesta de forma inversa, no lineal, con numerosos flash-backs, recurso del que hará uso de forma muy habitual en toda su carrera.

El averno de la mente

Origen narra cómo un grupo de ladrones, dirigido por Cobb, tratan de robar e implantar una idea en la mente de un empresario. La recompensa para Cobb será el poder reunirse con sus hijos de nuevo y dejar de ser perseguido injustamente por el crimen de su esposa.

Lo atípico es el elemento a sustraer: una idea encerrada en una mente. Son ladrones de sueños, de pensamientos. El robo de la “caja” que se encuentra en la mente de las personas, donde se guardan los mayores secretos, lo llevan a cabo mediante la inducción de unos sueños compartidos por el grupo entero, donde viven sus aventuras simultáneamente, sólo que en un lugar alternativo al de la realidad.

El imaginario de Nolan desde siempre ha mostrado un gran interés por los entresijos de la mente humana, por la memoria y cómo funciona, y la manera en la que puede jugar con nosotros si ese tiempo que concebimos como lineal se rompe. También está habitualmente presente la forma en que la percepción puede resultar engañosa pues, en ocasiones, las cosas no son lo que parecen, como demostró en 2007 en El truco final (The prestige). O el sueño, la forma en la cual puede afectar a los personajes (Insomnio, 2002), o cómo su ausencia los lleva a la locura, desestabilizándolos.

Otro elemento común que gobierna a sus protagonistas, por el cual se mueven todos ellos, es la culpa, un sentimiento que dirige la aventura de todos sus héroes y que por ella realizan esa bajada a los infiernos de sus propias mentes. Una culpa siempre relacionada con la muerte, ya sea la de unos padres en el caso de Batman begins (2005), la de un compañero en Insomnio, o la más común, la muerte de la amada.

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Pienso, luego ¿realmente existo?

Esta pérdida es la que mueve al protagonista de su séptimo largometraje, Origen, una cinta que aúna todos los elementos arriba mencionados característicos del realizador,  ya tratados en sus anteriores películas, siendo ahora en esta obra englobados con una mayor complejidad.

Es en ésta en la que la duda metódica de Descartes adquiere mayor relevancia, exponiendo los tres niveles de duda que el filósofo proponía: primero, que la percepción puede engañar a cualquiera; segundo, la dificultad para discernir entre sueño y vigilia; y tercero, que un “genio maligno” nos manipula.

Mientras Descartes encuentra en su cogito ergo sum (“pienso, luego existo”) la solución a sus  dudas, Nolan no, el director mantiene siempre la incertidumbre hacia lo que es real y lo que no lo es, girando en torno a un interminable juego mental.

El protagonista de su película, Cobb, se halla en un  mundo que le plantea todas estas dudas, pero él no encuentra la salida a una laberíntica perdición que se encuentra en su mente: una “realidad” que lo atrapa y que para él es tan válida como la verdadera, viviendo un sueño que nada tiene de idílico, puesto que más bien es una pesadilla de la que difícilmente puede salir, ya que la culpa que arrastra por la muerte de su esposa, Mal, lo hunde cada vez más en su mente, hasta llegar al Limbo, un lugar sin retorno.

La amada tiene una doble función: por una parte, es un obstáculo que todos los demás personajes deberán superar a lo largo de la aventura, pues ella se interpone en la consecución de los objetivos del héroe y, por consiguiente, de los de toda la compañía. Pero, por otro lado, Mal es un oráculo, el cual sigue la máxima del de Delfos: “Conócete a ti mismo”, última y principal inquietud de este personaje, que el héroe se conozca a sí mismo y todo lo que le rodea. Este personaje y su función mantendrán confundido continuamente al espectador, quien no lo llegará a conocer hasta el final. Como  es habitual en Nolan, cual titiritero, juega con nuestra mente al igual que con la de sus personajes.

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La ruptura del continuo espacio-tiempo

En otras ocasiones, el realizador ha propuesto la ruptura del tiempo en la vida de sus héroes, como en Memento, donde lejos de ser un guión clásico, lineal, salta incesantemente de forma “ilógica”, como la mente del protagonista, con la finalidad de transmitir e incluir al espectador dentro de esa pérdida de memoria con la que debe vivir diariamente, exponiendo los diferentes hechos en orden inverso, de fin a principio.

Pero con Origen va aún más allá, no sólo rompe la línea temporal, sino también la del espacio, dando lugar a diversas realidades y perspectivas múltiples, como los mundos simultáneos dibujados por Escher, unos lugares donde convergen diferentes vidas y ámbitos, todos ellos aparentemente veraces.

Una realidad a caballo entre el surrealismo onírico y la realidad tangible, como entre el sueño y la vigilia, al igual que esa casa solitaria, al pie del agua y en medio de una gran ciudad, que bien podría estar sacada de un cuadro de René Magritte (El imperio de las luces, 1950).

Únicamente en el subconsciente puede existir un tipo de arquitecturas imposibles, como las anteriormente comentadas de Escher o la mencionada en la propia película, la conocida Escalera  infinita creada por el matemático Penrose, la cual carece de principio y de fin, gracias a una ilusión óptica, un espejismo que engaña a los propios personajes, quienes, a veces, se cuestionan la realidad o ficción de su propia percepción.

Su única solución a tal incertidumbre la encuentran en unos pequeños elementos, los tótems que, pese a ser actuales, mantienen el ancestral simbolismo tribal de protección de las grandes figuras homónimas. Cada sujeto posee el suyo propio, para quien guarda un significado especial. Estos objetos son lo único que diferencia el sueño de la vigilia, si bien no es infalible.

En el caso de Cobb su tótem es una pequeña peonza, si ésta pierde inercia y se detiene, el personaje se encuentra en la realidad tangible, sin embargo, si continúa su giro infinito como la ilusoria escalera, el mundo en el cual se halla es su propia mente.

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La ilusión

Como en ese movimiento espiral de la peonza, caen a su vez en la película los espectadores, con quienes el director juega en cada paso que da, poniendo en duda si lo que observan son sueños o realidades, si los personajes que componen la compañía del héroe son reales o si son proyecciones.

Finalmente, el juego de Nolan nos envuelve a todos, a personajes y a espectadores, estos últimos esclarecerán sus dudas en ese plano final, mientras observan el giro de la peonza, o tal vez no, pues con un súbito corte a negro concluye la narración. Así, este realizador nos mantiene entre sus manos y, como el “genio maligno” de Descartes, se entretiene hasta el fin con nosotros. 

Escribe María González

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