Memento (Memento, 2000)

  06 Septiembre 2012

Acuérdate de no olvidar 

memento-2Memento es el imperativo del verbo latino “memini, isse” que significa: “recuerda” y es, también, el segundo, caótico y enigmático largometraje de Christopher Nolan, realizado en el año 2000.

Es a partir de esta palabra clave que Nolan plasma y dirige con originalidad una historia psicológica que se desarrolla en la mente del protagonista, empezando por el final y acabando por el principio.

Sin tiempo y sin orden, la película  nos presenta los hechos como imágenes puras en la pantalla, que se destacan de la típica narración literaria para adentrarse en una obscura y joyciana corriente de la consciencia.

Trama

Leonard Shelby es afectado, tras un accidente, por un disturbio de la memoria a corto plazo, que le impide recordar lo que le pasa diariamente.

Así que decide anotar todo lo que le sucede en pequeñas notas o post-it, incluso hacerse tatuajes en su cuerpo, que le indican lo que ha pasado y lo que tendrá que hacer.

El tatuaje más grande que lleva en el pecho revela una misión que él intenta cumplir cada día: matar a un cierto John G. que parece haber violado y asesinado a su mujer y haberle provocado su disturbio. En este deseo de venganza es “aparentemente” ayudado por algunas personas: Teddy, que insiste en ser su amigo, y Nathalie, que ha perdido el marido y le ayuda por compasión.

El problema es que Leonard no se acuerda ni siquiera de las caras de las personas que encuentra, así que decide sacarle fotos y anotar todo lo que piensa sobre estas personas para saber de quien tiene que fiarse y de quien no.

Poco a poco descubrirá que Teddy y Nathalie no son las personas que creía y que aprovechan de su estado para dirigir su misión hasta otras direcciones: Teddy es un ex policía que ayudó Leonard a matar al traficante de drogas que violó a su mujer; Nathalie es la viuda del asesino.

Pero ni siquiera Leonard sabe con seguridad quién es él mismo.

memento-4

El desafío intelectual de Nolan

Como un reloj sin agujas, el tiempo de la película no sigue el avance regular, sino salta momentos, vuelve atrás, se insinúa en el único tiempo posible: el de la mente del  protagonista, engañado por su memoria fugaz que no depende del tiempo que pasa, sino de las imágenes que recuerda.

Nolan propone un reto con el mismo espectador, intentando enlazar el sentido de la historia con el sentido del arte cinematográfico en sí mismo.

Interesante la escena en la que, durante un recuerdo con su mujer, Leonard le pregunta por qué está leyendo otra vez un libro, si lo bueno de leer es descubrir el final… ¿O no? La mujer le opone su punto de vista demostrando que el gusto reside en leer porque se disfruta de la manera en la que está narrado un libro, y no de la furia para llegar hasta el final. Es este el principio en que se basa el sentido del filme y que se distingue por poner en evidencia el corazón mismo del cine: el montaje.

Nolan monta, cose y une los hechos, construye los pensamientos en perfecta armonía con la psique de Leonard, actuando como su mente.

El atmosfera onírica de la película quiere demostrar que, en cualquier caso, es imposible confiar totalmente en la realidad, porque nada es verdad sino sólo en nuestros puntos de vista y en nuestra memoria: “Estamos hechos de recuerdos”, afirma Leonard, “y sin recuerdos no somos nadie”.

Así que poco importa dónde se sitúa un recuerdo y en qué orden se nos revela, lo que importa es que lo percibimos como parte de nosotros mismos.

La revolución de Nolan es descomponer totalmente la narración fílmica y convertirla en un rompecabezas, gracias a la magia del montaje que superpone piezas de momentos distintos, dándonos la idea de cómo percibimos los hechos en un sueño: imágenes sueltas sin un orden preciso y completamente descontroladas.

memento-5

Esta particular estructura del montaje de orden cronológico inverso (en color cuando se desarrollan la trama y los hechos), junto a una interminable serie de flashback (en blanco y negro, cuando se invocan los pensamientos y las opiniones interiores del protagonista) es sin duda la cumbre máxima de la originalidad del director, aunque a veces se pierda en su duración y en los hechos muy diluidos.

La genialidad no reside en la trama, que es más bien la historia de un desadaptado, sino en la dirección y adaptación de esta misma.

La estructura innovadora del cine hollywoodiense, utilizada por Nolan, se demuestra en la oportunidad del espectador de “jugar”, defendiéndose de las calles sin salida, de direcciones equivocadas o interrumpidas, debiendo de relaborar la idea del filme después de cada bloque de secuencias.

Así que nosotros participamos y vivimos de los recuerdos de Leonard, que representan nuestro inconsciente inexplorado, nuestro miedo a descubrir que las palabras transpiran el significado y el tono que se les quiere dar, sometidas a las interpretaciones.

Somos lo que recordamos, y por eso los seres humanos seremos siempre unos puntos de vista.

Recordando a Blow up, la cámara no nos revela lo que está, sino lo que queremos que esté: la genialidad de Nolan en Memento es demostrarnos cómo esta historia depende sólo y únicamente de nuestra mirada.

Escribe Serena Russo

memento-1