El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957)

  07 Julio 2012
El juego entre el hombre y el omnipotente 

El_septimo_sello-1Desde que era pequeño, Ingmar Bergman fue influenciado por la imagen de la muerte en unas pinturas que observaba con curiosidad en el interior de las iglesias oscuras y decoradas con filtrados rayos de luz.

El misterio de las imágenes se transformaba en una especie de reto entre sí mismo y el desconocido mundo del más allá, provocándole angustia y tremendas dudas sobre el significado de la vida y la existencia de Dios.

Se puede considerar El séptimo sello, realizada en 1957, como una obra clave del maestro Bergman: una tentativa de liberarse del escondido e inconsciente juego que toda la humanidad afronta en su vida. El juego más misterioso que exista.

Sinopsis

A lo largo de la orilla del mar, límite entre la tierra y el cielo, el caballero cruzado Antonius Block se apresta a luchar por su vida durante una partida con la muerte.

Él es un hombre desconfiado, decepcionado por la religión, que ya no cree en la existencia de Dios. En completa crisis existencial, intenta librarse de sus agobiantes pensamientos, decidiendo desafiar a la muerte.

Cuando ella se le acerca, con forma de hombre, para llevarlo consigo, Block le propone una partida al ajedrez, pensando de luchar con armas pares, cuando al final se da cuenta que esto es imposible.

No obstante, conoce a una familia de saltimbanquis e, impresionado por la humanidad y el amor de esta gente, decide ayudarlos a escapar de la muerte, empujando, durante una partida, unas piezas del ajedrez y distrayendo así a la muerte misma que no se da cuenta de la huida de la familia. Y es en este movimiento que Block realiza cuando descubre que su hora ha llegado y que sólo puede desear pasar un rato con su mujer y sus compañeros antes de su fin.

Toda la partida se desarrolla en una Escandinavia desolada y apática, donde los personajes que se encuentran son personas aflictas por el miedo y las dudas hacia la religión y la vida, que pasan todo el tiempo sometiéndose a violentas practicas supersticiosas para expiar sus propios pecados.

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El tiempo del juego

La muerte que juega al ajedrez: imagen mítica en las pinturas o en las canciones populares se convierte en el El séptimo sello de Ingmar Bergman como el punto central de toda la obra maestra del director sueco.

El tablero de ajedrez aparece cuando el caballero, después de haber rezado en la orilla del mar, se dirige hacia el caballo y sale hacia la izquierda del encuadre: en ese momento la cámara se mueve para ponerse en primer plano sobre el tablero apoyado en las rocas.

El ajedrez, metáfora de la existencia, es el dilecto del que Block se sirve para estimular su estrategia y su razonamiento, perdido en las dudas sobre su fe vacilante.

Este juego se convierte, entonces, en la partida de la muerte donde cada regla lógico-existencial se suspende, donde el tiempo de duración de esta misma llega a ser el “tiempo” que pasa entre su percepción silenciosa y su final apocalíptico.

El tiempo como margen para jugarse sus propias posibilidades contra una muerte a la que no se puede vencer, pero sí que se puede retrasar, alejar, engañar, jugar.

Como en todos los juegos, el tiempo los regula y  los cambia, los plasma y los adapta a la acción. El tiempo gobierna el juego totalmente. Y esto vale para todas las diversiones, sobre todo los deportes, donde el tiempo establece el éxito final.

El caballero sabe que perderá su partida contra la muerte, pero durante el juego se propone realizar su investigación interior sobre la fe y la expiación final.

El proceso del reto, de la partida, se muestra en paralelo a la introspección del caballero: el estudio y la observación inicial de las piezas representan la fase en la que las preguntas se quedan suspendidas hasta que al conocer la pareja compuesta por Jof e Mia no se da cuenta de que el amor humano es la respuesta a sus inquietudes.

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La vida es una larga partida al ajedrez

El ajedrez es el deporte más enigmático y misterioso de todos, porque requiere mucha estrategia.

No en vano, en la película, la muerte ha sido representada como hombre que intenta dar unas últimas posibilidades a su adversario utilizando este juego.

El fin de este deporte es, de hecho, hacer el jaque mate, cuando el rey, encontrándose bajo la amenaza de las otras piezas, no tiene la posibilidad de escaparse a estas: es este el momento que indica la conclusión de la partida.

La estrategia del ajedrez exige, por cierto, una visión lo más amplia posible de la posición  y del valor de las piezas.

Por este motivo, Bergman decide de utilizar este juego como metáfora de la vida de su protagonista que, a su vez, simboliza la de la humanidad entera.

En la vida no hacemos otra cosa que movernos con estrategia y con una cierta táctica para sobrevivir y, al mismo tiempo, dejarnos sorprender por el azar con el que el destino juega con nosotros.

La figura del caballero que vuelve de la guerra es justamente la representación del hombre vencido y temeroso, que ya no cree en nada, excepto que en sí mismo.

Así que, para rescatarse, lo único que necesita es el tiempo para arreglar sus pensamientos y sus sensaciones. No obstante la derrota, como en todos los deportes, el hombre desahoga sus inquietudes y supera sus límites, triunfando de esta manera en la partida más importante: la vida.

Escribe Serena Russo

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