Cine deportivo de Irak y Taiwan

  05 Julio 2012
Kick Off y Jump Ashin!: cinematografías asiáticas atípicas

Kick Off (2009), de Shawkat Amin Korki

kick-off-1Avalada por los premios conseguidos en los festivales de Pusán y Dubai, Kick Off, dirigida por el iraquí nacido en el Kurdistán Shawkat Amin Korki, se nos presenta como un pequeño pero estimable drama con toques de comedia costumbrista situado dentro de la convulsa y ruinosa Irak.

En un abandonado y cochambroso campo de fútbol se han instalado cerca de trescientas familias que sobreviven como pueden en los márgenes de la insegura ciudad de Kirkuk, una auténtica pesadilla de terror y masacre. Temerosos de acudir a la ciudad por miedo a perecer en alguno de los numerosos atentados terroristas que allí se producen, sufren la escasez de agua, petróleo y alimentos esperando que el gobierno tome la decisión de alojarlos en un asentamiento más digno.

El hijo mayor de una de estas familias es Asu, un joven idealista que quiere organizar un torneo infantil de fútbol entre kurdos, árabes, turcos y asirios con el único fin de animar a su hermano pequeño, quien ha perdido una pierna a causa de una traicionera mina, y de paso impresionar a la chica más guapa del lugar, de quien está enamorado.

El film se centra sobretodo en los dificultosos preparativos del campeonato, dada la diferencia entre culturas y la precariedad de los medios de que disponen. La situaciones más divertidas se producen cuando se nos explica el día a día de unas gentes que intentan mantener una vida lo más normal posible en un escenario más deplorable, aunque siempre estas escenas cotidianas vienen jalonadas con otras mucho más terribles y dramáticas producidas por los efectos de la guerra.

El realizador del film tiene muy claro que la intención del film no es otra que enseñarnos la crueldad de un conflicto que afecta sobremanera a personas inocentes que tan sólo quieren vivir en paz. En ese aspecto el caos y la tragedia están perfectamente retratados en los rostros de unos niños que no entienden absolutamente nada de lo que ocurre a su alrededor pero que sufren y de qué manera las consecuencias de la guerra.

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Hace tan sólo unos meses se estrenó en los cines colombianos Los colores de la montaña, una película con una temática muy similar a la que ahora nos ocupa (unos niños no pueden jugar en el campo de fútbol de su aldea porque ha sido tomado por las Farc como centro de operaciones) y que también ha sido reconocida en multitud de certámenes de cine internacionales. Aunque los medios de que dispongan a la hora de filmar sus producciones sean bastante exiguos, y eso se note en el resultado final de su obra, es de aplaudir la valentía de unos directores que son capaces de crear cine en situaciones límite como las que viven.

Tan sólo encontrar un equipo de producción y actores que se dignen a jugarse el cuello con el único objetivo de que se conozca la dolorosa realidad de su país ya merece nuestra admiración y respeto, y más cuando se pueden leer algunas declaraciones de Shawkat en las que afirma que el rodaje tuvo lugar bajo amenaza de muerte por parte de un grupo terrorista e incluso su propio ayudante de dirección resultó herido de gravedad al explosionar una bomba en un bazar.

En definitiva, un loable y valiente intento de atreverse a hacer cine en Irak, aunque por desgracia esté basada en hechos tan reales.

Jump Ashin! (2011), de Lin Yu-Hsien

Jump_Ashin-2Presentada con todos los honores como la película inaugural del último Festival de Cine de Taipei, Jump Ashin! narra la caída y auge de un joven gimnasta que vivirá en primera persona y en el transcurso de dos horas de metraje tanto las mieles del triunfo como las hieles de la derrota.

Basada en una historia real, tan del gusto del público chino, Ashin, nuestro héroe, creció en el Condado de Yilan durante la década de los 80, siendo el mayor de dos hijos criados por una madre soltera. Dotado de una agilidad física encomiable, entró a formar parte del equipo de gimnasia de su escuela, aunque al poco tiempo lo tuvo que dejar para atender las obligaciones familiares.

Sin un enfoque claro en la vida, y malaconsejado por una serie de amigos de dudosa reputación, empezó a frecuentar la compañía de gangsters, lo que se tradujo en una serie de episodios violentos que le obligaron a huir del hogar e instalarse en la gran ciudad de Taipei.

La historia se nos presenta como un drama de redención de aquellos de tener los pañuelos a mano. El bueno de Ashin aprenderá a base de palos vitales que lo único importante en esta vida es esforzarse por hacer lo que te gusta, y cualquier desviación de esa motivación tan sólo puede tener efectos negativos.

Mezclar la elegancia y el espíritu de superación que se destilan de la práctica de este deporte, con el barriobajerismo y la turbiedad característica del universo gangsteril, es una de las grandes bazas con las que se juega en este intenso film.

Con escasas escenas de acción donde el protagonista, un fornido y esbelto Eddie Peng (All about women, Lover’s Discourse), puede demostrar el resultado final de sus numerosas horas de trabajo en el gimnasio (se pasa media película sin camiseta y cuando la lleva suele acabar empapada de lluvia o sudor) y los consabidos escapes humorísticos que suelen entusiasmar al público autóctono pero que dejan indiferente al resto de espectadores, se nos presenta una historia vista una y mil veces, pero no por ello carente de emotividad.

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Aunque es cierto que no se escatiman medios a la hora de exacerbar los aspectos sentimentales de la historia (sobre todo en lo concerniente a la relación a ciegas que se establece entre Ashin y una teleoperadora impedida), y los personajes secundarios que aparecen en pantalla no dejan de ser arquetipos sin capacidad de evolución, el film destila un aire de originalidad, impropio de este tipo de producciones destinadas al gran público, gracias a labor tras la cámara del director Lin Yu-Hsien, un realizador curtido en el mundo de los documentales que sabe imprimir a la narración una fuerza visual que encaja muy bien con la convulsión que envuelve el universo del  protagonista (y que en aspectos como la desubicación de la juventud en su entorno inmediato nos recuerda a películas como la gran Buddha Mountain, de Li Yu).

Y aún hay más: se tocan (aunque un poco de soslayo) temas como la frágil solidez existente en el seno de una familia desestructurada, así como la diferencia existente entre las mafias locales y las urbanas, matiz de todas maneras mucho mejor desarrollado en la recién estrenada The Yellow Sea, de Na Hong-Jin.

En definitiva, un film entretenido y muy recomendable que invita a una lectura y análisis más profundo dado el tono serio que paulatinamente va adquiriendo el argumento.

Escribe Francisco Nieto

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