Hermano (Hermano, 2010)

  09 Junio 2012
Escapando de La Ceniza

hermano-11Como un Moisés contemporáneo (aunque de estratos sociales considerablemente más bajos) es presentado en el primer fotograma de Hermano el personaje de Daniel, un bebé que llora en un vertedero callejero de Caracas. Al pensar que ha oído un gato, Julio se acerca al lugar donde se sitúa este bebé y consecuentemente lo hace su madre, Graciela (Marcela Girón), quien decide adoptarlo (a partir de entonces Daniel pasa a transformase en Gato).

Dieciséis años después, ambos comparten su pasión por el fútbol. El talento con el esférico de los hermanos atrae la atención de un cazatalentos para el Caracas F.C., donde el sueño de sus vidas se cumpliría. Sin embargo, un inesperado suceso en el barrio en el que viven (La Ceniza), que les relaciona estrechamente tanto a Gato (Fernando Moreno) como a Julio (Eliú Armas), puede hacer replantear las prioridades de nuestros protagonistas.

Hermano es un ejemplo más de cine cuyo objetivo principal es acercarse al realismo social, esta vez con la excusa de una historia de superación y de la lucha por alcanzar los sueños. Y el sueño está representado por el mundo del fútbol.

La cinematografía de la película es áspera, lo cual no tendría por qué ser un problema (es una de las señas de identidad del filme) si no fuera por las importantes irregularidades de ritmo e intensidad con los que cuenta. Lo que es cierto es que este estilo de hacer cine, contar historias y efectuar denuncias sociales parece triunfar en festivales de todo tipo (desde el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva hasta el Internacional de Moscú), y por lo tanto consigue el beneplácito de la crítica y logra ensalzar el prestigio cinematográfico de países “olvidados” en este aspecto, en este caso Venezuela. Su distribución en España ha sido más bien, escasa. Apenas 20 salas de proyección en su semana de estreno.

Sin embargo, la obviedad con la que Hermano quiere convertirse en cine emblemático latinoamericano hace que beba demasiado de otras películas “hermanas” que lograron ese título y además elevaron la internacionalización del cine de su país a un escalón superior. Me refiero específicamente a la brasileña Ciudad de Dios (de Fernando Meirelles y Kátia Lund) y a la mexicana Amores perros (de Alejandro González Iñárritu). Como resultado de ello, Hermano abarca muchos temas que beben de ambas películas pero de manera apreciablemente superficial.

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El cantautor Marwan enuncia en su tema Meninos da rua dedicado a los niños de las favelas brasileñas: “Creciste viviendo sólo una alegría, el mundial que ganó Brasil”, una frase que podría resumir de forma solvente las motivaciones de los protagonistas. Se presenta el fútbol como la única vía de escape (un término muy acuñado en el filme) ante las tristes realidades que son denunciadas.

Y si continuamos hablando de música, no puedo sino comentar lo horrendo de los temas escogidos para la banda sonora, no sé si también como denuncia social a los ritmos pachangueros y reguetoneros emitidos en las discotecas de Caracas.

La denuncia social es válida siempre y cuando no se dan simples pinceladas a los temas que va a tratar la película. Me refiero a que es difícil introducir asuntos como el abandono de niños, el acceso a armas y la facilidad con la que éstas son disparadas, las drogas, la importancia de la familia, el aborto, la superación personal, la venganza, sin olvidar los interminables partidos de fútbol... Y además triunfar. Hermano no lo consigue, o al menos no en todos. Por ejemplo, la crudeza y la impresión de ver a un niño ser apuntado por una pistola es prácticamente nula en Hermano si el espectador ha vivido previamente la proyección de Ciudad de Dios, en una escena inmensamente mejor llevada y resuelta.

Pero, ¿por qué es el fútbol el deporte escogido para las ilusiones de los muchachos? A pesar de que Marcel Rasquin afirma y reafirma que es admirador de las contradicciones y que por ello decide contar una historia sobre fútbol en un país en el que el deporte nacional es el béisbol (se hace un pequeño guiño a esta “rivalidad entre deportes” en los primeros minutos de la cinta), lo que verdaderamente se busca es la anteriormente mencionada internacionalización y la búsqueda por encajar con otros públicos. El fútbol, además, supone otro nexo de conexión con el país que parece estar bajo el punto de mira de Rasquin, Brasil. También cuenta el director en sus entrevistas la intención de realizar cierto paralelismo entre las actitudes que siguen los personajes y su posición en el campo de juego, similitud que a fin de cuentas pasa desapercibida.

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Una y otra vez es repetida en Hermano la relevancia de alcanzar esa posición en el equipo profesional de fútbol como única vía de escape de lo terrible del entorno en el que viven. Sin embargo, esa nueva vida viene acompañada de citas a señalar. Perlas como “liga famosa por romperle la pierna a los delanteros” (en referencia a la primera división venezolana en la que Gato tendría posibilidad de jugar) o “Tu vida nos pertenecerá enteramente a nosotros”, en el momento en el que Gato está a punto de firmar su contrato como jugador, donde otro personaje secundario le aconseja inmediatamente con un rotundo “Firma ese contrato”. Un ejemplo de que al fin y al cabo si cumple su sueño tendráa que convertirse en una marioneta.

Ese mismo contrato imposibilitaría la relación de Gato con una de las chicas del barrio, cuyo desarrollo se ve forzado y poco creíble. Además, es la excusa perfecta para introducir un embarazo no deseado y una subtrama sobre el aborto prescindible, repito, por lo poco que se profundiza en las motivaciones, en las razones. Este arco de historia termina con un escueto “He decidido tenerlo”. Pues vale.

El intento por alcanzar el mayor realismo posible es cuanto menos, encomiable. La gran mayoría del reparto está formado por actores debutantes o de poca trayectoria y lo cierto es que no lo hacen mal. Pero forzar el realismo es algo artificial, por lo que esa sensación de estar viendo actores en vez de personajes no termina de desvanecerse. Eliú Armas y Fernando Moreno, sobre los que recae el mayor peso y un par de escenas de bastante tensión dramática, resuelven admirablemente sus papeles. De hecho, las escenas en las que se muestra la inseparable relación entre la sana rivalidad y el amor mutuo que se tienen los hermanos por medio de pequeños piques futbolísticos es lo más destacado del progreso de esta producción.

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A pesar de que ni lo que hay detrás de esos tiros a sangre fría, ni los giros narrativos, ni las reacciones de algunos personajes resulten lo suficientemente bien explorados, todo ello confluye en un desenlace que asalta de forma imprevista al espectador y que está al menos bien resuelto, eso sí, sin dejar de potenciar el aroma a dramón.

Hermano sólo es una película recomendable si se es “vírgen” en este tipo de cine latinoamericano y no se ha visualizado ninguna de las películas nombradas a lo largo de la crítica. La similitud es tan grande que el espectador es asaltado casi de forma instantánea por las imágenes de esos otros filmes, contra los que Hermano sólo estaría abocada a una derrota fulminante. No es ni entretenida ni especialmente memorable, aunque al menos el espectador aprenderá nuevas acepciones a términos como “tocar el trombón”.

Escribe Juan Bernardo Rodríguez (MrJotaBe)

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 Título  Hermano
 Título original  Hermano
 Director  Marcel Rasquin
 País y año  Venezuela, 2010
 Duración  97 minutos
 Guión  Marcel Rasquin, Rohan Jones
 Fotografía  Enrique Aular
 Música  Rigel Michelena
 Distribución  Wanda Visión S.A.
 Intérpretes  Elií Armas, Beto Benites, Gonzalo Cubero, Marcela Girón, Fernando Moreno
 Fecha estreno  23/06/2011
 Página web  http://www.golem.es/