Grand Prix (Grand Prix, 1966)

  08 Junio 2012

Three, Two, One: Start 

grand-prix-2Anoche soñé que volvía a… ver Grand Prix. La había visto hace tropecientos años y era yo muy joven. Me pareció entonces la típica película de la época: superproducción, grandes medios, grandes efectos especiales y una constelación de estrellas internacionales en el reparto; en guardia. Se cumplió todo y yo la olvidé. Ahora la he revisitado y... si de Manderley no quedaban más que las cenizas, a Grand Prix le he sacado más partido.

Me sigue pareciendo inadecuado el reparto, muy pegado a los años sesenta.

James Garner, poco expresivo de por sí, es también el productor, y eso, claro... Toshiro Mifune (¡qué gran actor!) ayuda a dar un aire internacional a la producción. Eva Marie Saint (¡qué gran actriz!) está más guapa cuando la fotografía Hitchcock.

Yves Montand tiene algunas películas notables, como El salario del miedo, pero era sobre todo un chansonier, un cantante francés muy peculiar: un solo foco sobre un señor vestido de oscuro sentado en un taburete con un cigarrillo en una mano y recitando más que cantando con voz profunda y dicción clara (¡qué grande era Yves Montand cantando Las hojas muertas!) Françoise Hardy, un adorno en la pelicula, era la generación siguiente de la chanson, su Touts les garçons et les filles... son un recuerdo imborrable para toda una generación. Pero de actriz,  rien de rien, una imposición de la producción.

Para la tercera o cuarta línea del reparto, Frankenheimer acude a un recurso ampliamente utilizado por Hollywood en las películas de otro deporte: el boxeo. Tradicionalmente recurrían a campeones muy conocidos, algunos menos por lo desfigurados que estaban, para atraer a los aficionados. Frankenheimer hace lo mismo con los entonces campeones de Formula 1: Graham Hill, Jim Clark, Jack Brabham... que hoy son perfectos desconocidos.

La película Grand Prix se puede encuadrar en una década, los sesenta, en que Hollywood se fijó en las carreras de coches, espectáculo plástico muy apto para el cine, pero que dejaba poco margen para el resto de la película... la excepción, vista ahora, es Grand Prix.

grand-prix-4

La primera, de aquel momento, fue Cita en Las Vegas (1964) dirigida por un buen director, George Sydney, al servicio de Elvis Presley y centrada en él. ¿Qué le importaban a los fans de Presley los coches? Pero también nos descubría, y eso sí que era descubrir, a Ann Margret.

Cronológicamente le seguía Peligro: Línea 7000 (1965), dirigida por un experto como Howard Hawks, que en su azarosa vida había conducido de todo... hasta coches de carreras.

Cierra el ciclo otra superproducción, 500 millas (1968), aquí la novedad consistía en que tanto el director, James Goldstone, como el protagonista, Paul Newman... ¡habían sido conductores de bólidos!

grand-prix-3Frankenheimer aporta novedades técnicas que hoy, cuarenta años después, apenas nos llaman la atención por los avances en el terreno de los trucajes y la aparición de la digitalización... Pero en 1966, era una auténtica novedad situar la cámara en uno de los bólidos, la carrera vista desde el asiento de uno de los participantes, el realismo de la carrera... Algo nunca visto hasta entonces.

Lo que más llama la atención es el sistema de multipantalla, que Frankenheimer emplea la mayor parte de las veces con honradez. Cierto que muchas veces es el espectáculo por el espectáculo a toda pantalla (algo que vista hoy no se aprecia en televisión) y con sonido atronador.

Pero con frecuencia, el director se olvida de los intereses de la producción y lo hace con un planteamiento didáctico: dividiendo en tres la pantalla tenemos en el centro lo que ve el piloto, en el lado derecho de la pantalla vemos el juego de los pedales y en el izquierdo se encuentra la palanca de cambios. Todo un goce para los aficionados... entre los que no me cuento.

Eso sí, Frankenheimer prescinde de la multipantalla en la carrera donde se produce el atropello mortal de los hermanos, seguramente para no frivolizarla. Y en la última carrera la divide en dos partes: en un lado, el conductor; y en el otro, un flash back que lo retrata. Todo un ejemplo de sabiduría narrativa.

Una novedad inesperada: tampoco estamos ante la clásica historia de la rivalidad de dos pilotos por el premio y la chica. Frankenheimer desciende a los infiernos del mundo no visible de la Fórmula 1, y allí sus protagonistas metafisiquean sobre el amor, la muerte, el triunfo y la soledad. Precisamente la escena que cierra la película es la James Garner fotografiado en el centro de la pista, con ésta y los graderíos vacíos.

Por último, existe también un juicio moral que no se ve habitualmente en este tipo de cine. Primero Montand y luego Eva Marie Saint increpan a los asistentes, ávidos de tragedia. Siempre se ha hablado del gran circo de la Fórmula 1, pero a veces sólo es un circo de fieras: a un lado, los espectadores; y al otro, los fabricantes que llevan a los conductores al limite: la línea 7000.

Escribe: Patricio Ruiz

grand-prix-6