Soul surfer (Soul surfer, 2011)

  03 Junio 2012
Historia inspiradora en una película mediocre 

soul-surfer-1¿Alguna vez nos hemos parado a pensar en la cantidad de películas americanas de superación personal que hemos tenido la oportunidad de ver? Seguro que más de las necesarias. Pues ahora nos llega otra muesca más que añadir a nuestra lista.

Estamos en Hawai, el paraíso de los surfistas. Playas paradisíacas, olas gigantes, cuerpos bronceados... un lugar en el que parece que los niños nacen con una tabla de surf debajo del brazo. Es el caso de nuestra protagonista, Bethany, una chica que ama el surf por encima de todas las cosas. En su familia, por supuesto, todos le dan al deslice marinero que no veas.

Pero la desgracia se ceba con la competitiva deportista, ya que un buen día un tiburón más grande que la pantalla le pega un mordisco y le arranca un brazo de cuajo. Y es a partir de ahí que comienza la historia contada una y mil veces del sueño americano: la igualdad de oportunidades y libertad que permite que todos los habitantes de este país logren sus objetivos en la vida únicamente con el esfuerzo y la determinación. Vamos, que en la tierra de las barras y estrellas lo de la siesta de pijama y orinal que decía Cela no se estila mucho.

De la película podemos decir que es ideal para ver en verano, y poquito más. El director de la propuesta, el bastante impersonal Sean McNamara, un cineasta curtido en la televisión que puede presumir en su currículum cinematográfico de haber filmado bodrios de la talla de Pasión por el triunfo 2: medalla olímpica (2006) o Bratz: la película (2007), y que en 2005 ya dirigió una serie de televisión con el título de Surf Girls (por lo que se le supone un buen conocedor de todo el mundillo que gira en torno a este deporte), nos regala una película de limitado brío y mínimas pretensiones, con un formato que podría pasar sin problemas por una tele-movie de domingo por la tarde y un guión que no se salta ni un ápice el vademécum de los films de este género tan popular en tierras yanquis.

Hay que reconocer que las escenas que tienen lugar a mar abierto están rodadas con pulso e incluso alcanzan un alto grado de espectacularidad, aunque en ocasiones se le vaya la mano con la infografía y esto vaya en demérito de la credibilidad de lo que se nos explica. El momento más dramático del film, aquél en el que el terrible escualo secciona la extremidad de la nadadora, sorprende tanto por su crudeza y brutalidad como por su falta de retórica efectista. Es un momento que nada tiene que ver con el resto del film, pero al menos son cinco minutos de tensión y buen cine que se agradecen en una obra tan plana y previsible.

Del resto del metraje podemos salvar poca cosa.

Observamos cómo tanto Dennis Quaid como Helen Hunt, quienes interpretan a los padres de la chica amputada, intentan aportar un mínimo de  profesionalidad al lado de un elenco trufado de secundarios que no podemos considerar precisamente de lujo, mientras que la protagonista del film, Anna Sophia Robb  (La cosecha, Un puente hacia Terabithia) cumple su cometido sin más.

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Lo que sí resulta curioso es la forma en la que el realizador tiene la torpeza de tirar piedras sobre su mismo tejado. Quien tenga la paciencia de quedarse a mirar los títulos de crédito finales sabrá a lo que me estoy refiriendo. Las imágenes que acompañan estos rótulos postreros nos enseñan a la verdadera Bethany Hamilton (se nos ha olvidado comentar que el film está basado en hechos reales), quien tras superar la pérdida de su brazo izquierdo siguió compitiendo e incluso llegó a ser reconocida con el premio ESPY al mejor regreso de un atleta a la alta competición.

La gracia del asunto estriba en que dichas imágenes, grabadas en video a lo largo y ancho de la vida de la deportista, nos van enseñando exactamente las mismas historias que hemos podido ir viendo a lo largo del fim, por lo que podemos llegar a la conclusión de que la labor de guionista, llevada a cabo por el mismo McNamara y tres guionistas más (Deborah Schwartz, Douglas Scwartz y Michael Berk) ha consistido en copiar descaradamente, sin ningún atisbo de originalidad, las vivencias de la surfista.

Hubiera valido más la pena llevar a cabo un documental donde se nos mostrara precisamente eso, y seguro que el conjunto hubiera quedado mucho más homogéneo y veraz. A este respecto, al menos existe la posibilidad de recuperar un cortometraje de 2007, titulado Heart of a Soul surfer, realizado por Becky Baumgartner, que cosechó bastante éxito en los festivales por donde fue proyectado.

Desde luego hay que reconocer ante todo que la determinación y la fe de Bethany son dignas de admiración. Lástima que la película no sepa sacar partido de una premisa tan considerable y lo que debería ser un trabajo digno de aprecio se convierta en un culebrón de tres al cuarto. La trama invita al bostezo en más de un instante y, como siempre, no nos salvamos de las típicas narraciones radiadas en las que se nos explica la competición como si de un partido de fútbol se tratara.

Algunos personajes que van apareciendo a lo largo del relato no tienen consistencia alguna e incluso flirtean con la ridiculez, como ocurre con los dos hermanos de la heroína de la función, que se nos presentan en todas las escenas o bien peleando como si fueran niños pequeños o bien grabando las peripecias competitivas de su hermana. Me sigo quedando con ese Hawái taciturno y poco habitable que nos presentó hace muy poco Alexander Payne en la magnífica Los descendientes, ya que la imagen que se nos da de las islas en esta Soul surfer no pasa de ser una sucesión de apuntes folklóricos sin alma (sólo se echa en falta la sempiterna música de los Beach Boys, que aquí habría venido como anillo al dedo).

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Algunos aspectos técnicos de la película a destacar serían que la banda sonora ha sido compuesta por Marco Beltrani, alumno aventajado de Jerry Goldsmith que ha firmado los scores, entre otros, de En tierra hostil, el premiado film de Kathryn Bigelow, y las más recientes La mujer de negro y Surrogates.

La dirección de fotografía ha corrido a cargo del experimentado John Robert Leonetti, especialista en aventuras marinas como Piraña 3D y Superhibrid. Aquí ha sabido captar toda la luminosidad y colorido de los grandes espacios hawaianos, asociado siempre a un tipo de cine donde la acción tiene un protagonismo imperante (suya es la fotografía de El rey Escorpión y Mortal Kombat, entre otras).

Por último, hacer hincapié en la labor de montaje que aquí tiene una importancia capital, sobre todo en aquellos pasajes en los que la labor de ordenar los planos y secuencias de la competición regional donde se eligen a las mejores surfistas del lugar se presupone esencial. El encargado de llevar a cabo dicho cometido ha sido Jeff Canavan, habitual montador de las películas de Sean McNamara, ambos ya están preparando un nuevo proyecto, que llevará por título Robosapien: Rebooted, que verá la luz a lo largo del último tercio de 2012.

En definitiva, una propuesta familiar descafeinada que basa toda su fuerza en una historia que sí vale la pena leer detenidamente, un ejemplo a seguir para todos aquellos que solemos ahogarnos en un vaso de agua. Una historia impactante que hubiera merecido tener un mejor tratamiento cinematográfico.

Esperemos que el director haya aprendido la lección y demuestre el mismo espíritu de superar su mediocridad a la hora de filmar y nos ofrezca en próximos trabajos un poco más de talento.

Escribe Francisco Nieto

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Título Soul surfer
Título original Soul surfer
Director Sean McNamara
País y año Estados Unidos, 2011
Duración 106 minutos
Guión Sean McNamara, Debora Schwartz, Douglas Schwartz y Michael Berk
Fotografía John R. Leonetti
Música Marco Beltrami
Distribución Buena Vista International Spain
Intérpretes Anna Sophia Robb (Bethany Hamilton), Helen Hunt (Cheri), Lorraine Nicholson (Alana), Carrie Underwood (Sarah), Dennis Quaid (Tom), Craig T. Nelson (Dr. David), Kevin Sorbo (Holt)
Fecha estreno 20/04/2012
Página web http://www.sonypictures.com/homevideo/soulsurfer/