Un romance muy peligroso (Out of sight, 1998)

  08 Mayo 2012

Recordando el cine de los años setenta 

un-romance-muy-peligroso-1Analizar Un romance muy peligroso (Steven Soderbergh, 1998) es una buena excusa para revisar la obra del Elmore Leonard, el autor de la novela negra en la que se basa este film.

Nacido en Nueva Orleans en 1925, Leonard comenzó su carrera en el mundo de la publicidad en el Detroit de los años 50, colaborando más tarde con el periódico The Detroit News y dedicándose a la vez a la elaboración de guiones cinematográficos, relatos del oeste (El tren de las 3:10 para Yuma y Hombre, entre otras) y finalmente novelas policíacas que le han hecho mundialmente famoso, habiendo conseguido que más de una veintena de sus historias y relatos se trasladaran al cine y la televisión.

Tras su primera novela de genero negro, The big Bounce publicada en 1969, se han sucedido verdaderos éxitos, entre otros Joe La Brava (1984), Glitz –Fulgor de muerte en español, en 1985—, Rum Punch Jackie Brown en 1993—, o la obra que nos ocupa Out of sight —Un romance muy peligroso, del año 1996—.

El estilo literario de Elmore Leonard es seco y conciso, cercano al realismo sucio, dejando el protagonismo principal a los diálogos de los personajes y evitando florituras de estilo, excesivas adjetivaciones o descripciones minuciosas que alejen al lector de lo esencial: la trama y los personajes. Su máxima reza: “Si suena a escritura, reescribe”.  Los protagonistas de sus obras se componen de policías corruptos o ineptos, ladrones de bancos, psicópatas violentos y perdedores de todo pelaje, y sus diálogos son rápidos, constantes y con un tono excéntrico que define a la perfección el espíritu transgresor de estos personajes.

En la década de los 90 son varias las películas que se filman sobre obras de Elmore Leonard, las más destacadas: Como conquistar Hollywood, producida por Danny De Vito y dirigida por Barry Sonnenfeld en 1995, y, sobre todo, el film de Tarantino de 1997, Jackie Brown.

Con estos antecedentes e intentando repetir esta fórmula de éxito, De Vito y el propio Sonnenfeld se convirtieron en productores ejecutivos de Un romance muy peligroso, publicada dos años antes, encargando la dirección a Steven Soderbergh que tras algunos  trabajos televisivos venia de rodar otro título de genero negro: Bajos fondos, el remake del clásico de Siodmak El abrazo de la muerte.

La historia de Un romance muy peligroso nos muestra cómo el ladrón de bancos Jack Foley (George Clooney), tras ingresar en la cárcel y después de una azarosa fuga, cruza su camino con la US marshall Karen Sisco (Jennifer Lopez), iniciándose una relación amorosa entre ellos que lógicamente genera un conflicto moral en la oficial de policía. Más tarde nuestros protagonistas se reencuentran en la gélida Detroit, donde se prepara un golpe a cargo de una banda de delincuentes descerebrados que pretende robar un alijo de joyas pertenecientes a un antiguo compañero expresidiario.

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El tono de comedia sofisticada acaba siendo la verdadera seña de identidad de esta película, donde se entremezcla el humor, el amor, la atracción sexual y la alambicada trama de género negro, consiguiéndose un difícil equilibrio, quizá algo más escorado hacia el thriller romántico y el tono desenfadado.

Aunque el recuerdo de la reciente Jackie Brown pesa excesivamente sobre este film, Un romance muy peligroso nos trae el aroma de algunos films policíacos de los años setenta como Un diamante al rojo vivo (Peter Yates, 1972), donde el personaje de Robert Redford se equipararía perfectamente con el George Clooney de nuestro film, sin olvidar el tono socarrón de películas como Pelham 1-2-3 (Joseph Sargent, 1974), El golpe (George Roy Hill, 1973) o el aire sofisticado de El caso de Thomas Crown (Norman Jewison, 1968). Todos estos referentes no cabe duda que han influido tanto en Tarantino como en Soderbergh, que actualizan ese espíritu desenfadado setentero al cine de los años noventa, más desesperanzado, sombrío y violento.

El verdadero impacto popular de la película se logró al reunir a dos auténticos pesos pesados del star system como George Clooney y Jennifer Lopez en los papeles protagonistas, consiguiendo, esta vez sí, una pareja romántica con autentico gancho; como declara el propio Soderbergh: “Eran pura química, y eso en este cine es esencial. El cine americano había estado huérfano de esta clase de cuerpo a cuerpo entre un tipo duro, guapo y simpático y una mujer de una pieza. Me habría pasado media vida siguiendo a esta pareja, y a todos los que le rodeaban”.

Se juega en la película con la atracción de muchos hombres por las mujeres fuertes y uniformadas. El mismo Leonard relata que vio una foto en un diario de una prisión de Miami con una mujer policía muy atractiva empuñando un rifle y se le ocurrió que podría dar lugar a una buena historia.

En este sentido resulta memorable la escena del secuestro de la marshall Karen Sisco compartiendo maletero con el recién fugado Jack Foley (una de las favoritas de Soderbergh y del propio autor de la novela), en la que el director consigue una extraña sensualidad y cierto tono perverso a través del contacto físico de los personajes en tan estrecho habitáculo y del duelo verbal lleno de diálogos acerados y de doble sentido.

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También la escena de amor de los protagonistas en la habitación del hotel, que sobre el papel tenía muchos números de resultar convencional y previsible, se convierte gracias a la puesta en escena de Soderbergh en un ejercicio de estilo, alternando en el montaje las escenas del momento presente (la romántica conversación en la cafetería del hotel), con insertos anticipatorios del tórrido encuentro posterior.

No obstante, aun reconociendo la fuerza innegable de su pareja protagonista, en mi opinión el principal acierto de este film esta en la definición de sus personajes secundarios, verdadero compendio del universo poco convencional de Elmore Leonard. Todos y cada uno de ellos resultan impecables, desde Ving Rhames, el colega negro de Clonney que no puede evitar la extraña costumbre de contarle a su hermana sus planes delictivos (a pesar de costarle la cárcel), hasta la banda de ultraviolentos delincuentes capitaneados por el siempre magnífico Don Cheadle (por cierto, esta abundante presencia de actores negros nos remite inconscientemente al cine blaxploitation de los años setenta, al igual que hacía Jackie Brown aunque en esta el empeño era consciente).

Capitulo aparte merece la descripción de los personajes que encarnan a las fuerzas del orden. Salvo Karen Sisco y su padre, el marshall Sisco (el duro Dennis Farina), el resto se nos muestra como bobos y engreídos. El jefe de Karen además de ser un inútil, da las ordenes prácticamente deletreándolas (en uno de los gags más afortunados del film), y la propia Karen no demasiado afortunada en amores, entabla noviazgo con un chulesco y poco despierto policía (Michael Keaton, en un papel no acreditado que repite el rol como el agente del FBI Ray Nicolette del film Jackie Brown, en un guiño homenaje del que también participa Samuel L. Jackson en la escena final).

No podemos olvidar algunas agradables sorpresas del reparto, como  Catherine Keener como la exmujer de Clonney, el director de cine Albert Brooks como pusilánime presidiario con su ridículo peluquín y la recuperación de Nancy Allen en un pequeño pero atractivo papel.

La dirección de Soderbergh renuncia totalmente a la invisibilidad de la que hacían gala los directores clásicos. Su impronta se hace presente en todo momento y dota a su puesta en escena de cierto aire de modernidad (aunque nada que no hubiéramos visto ya en Blow-up o en A quemarropa). Escenas con utilización del teleobjetivo y el zoom, fragmentación de la narración con distintos planos temporales que se intercalan prácticamente sin distinción durante el relato (aportando mayor complejidad a una historia sobre el papel liviana) y transiciones entre escenas con la imagen congelada. Este estilo de complejo montaje parece ya marca de fábrica de Soderbergh viendo algunos otros de sus trabajos, como Ocean’s Eleven, Traffic o las películas sobre el Che.

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A Soderbergh le interesa destacar la importancia del azar y el absurdo que domina nuestras vidas y marca en definitiva nuestras relaciones personales. Así, será por azar que Clooney acabe en la cárcel por no arrancar su coche tras el atraco que abre el film y por ello también el azar unirá a nuestros protagonistas tras la fuga de los presos. Los hechos se encadenan de forma arbitraria y los personajes apenas tienen posibilidad de decisión, y no pueden evitar enamorarse, implicarse o tomar caminos equivocados.

Se obtiene finalmente una extraña sensación de realidad o autenticidad con la que nos identificamos, resultado de mezclar el destino con el drama y el humor, unido a situaciones absurdas (la cómica detención de Luis Guzman o el involuntario autodisparo en la cabeza del gangster) a otras ridículas (la escena cursi de Clooney en la bañera rodeado de velas, que en realidad no es “real” sino imaginaria, correspondiendo a la visualización del sueño húmedo de Jennifer Lopez). Aunque el resultado final resulta por lo tanto algo excesivo, reconocemos que la vida puede llegar a ser así de absurda y azarosa.

Mención aparte merece el trabajo de sonido y la excelente banda sonora, con más de catorce temas musicales a lo largo de todo el metraje, en su mayoría de David Holmes, pero también de The Isley Brothers o Dean Martin.

Soderbergh consiguió con Un romance muy peligroso un producto comercial muy apreciable, con una pareja protagonista llena de química y sensualidad, unos secundarios en estado de gracia y una puesta en escena de estructura fragmentada que la acerca al aire de modernidad del cine policíaco de los años setenta.

A todo esto, Elmore Leonard sigue sin parar a sus 86 años, habiendo participado en la serie de televisión Justified, basada en su personaje Rayland Givens, otro US Marshall y habiendo publicado recientemente otro libro con Jack Foley de protagonista: Perros callejeros. El propio Leonard ha intentado convencer a Clooney para que vuelva a encarnarlo en la gran pantalla, pero este al parecer ha rechazado la propuesta. Desde luego Clooney se lo pierde… y nosotros también.

Escribe Miguel Angel Císcar

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