The girlfriend experience (The girlfriend experience, 2008)

  07 Mayo 2012
Chelsea girl 

the-girlfriend-experience-1Director, productor, guionista, director de fotografía o montador, Steven Soderbergh es un hombre multidisciplinar que aborda el cine desde todos sus aspectos y no es extraño que en muchas de sus películas realice varios oficios de los que hemos mencionado. Ese conocimiento de las posibilidades que la técnica ofrece hace que una de las habilidades que más apreciemos en él sea la capacidad de contar historias utilizando diferentes recursos cinematográficos.

En Traffic, Soderbergh ponía en imágenes una narración sobre las consecuencias de la droga que afectaba a diferentes personajes. Lo que nos contaba no era novedoso pero la pericia del director americano consistía en cómo nos contaba esa historia empleando un montaje alterno donde se entremezclaba toda la acción y jugando con la fotografía que identificaba cada bloque con un color (azul para el personaje del fiscal o amarillo para los personajes mexicanos). De esa forma, un argumento relativamente manido adquiría relevancia con un trabajado guión donde se ponía el acento en el montaje.

Un trabajo cotidiano

The girlfriend experience exhibe un tratamiento muy similar y, aunque en este caso Soderbergh sólo se ocupa de la dirección, su estilo impregna todas las imágenes.

La película describe la vida de una pareja formada por Chris (Chris Santos), un instructor de gimnasio y Christine (Sasha Grey), una prostituta de lujo que, junto al sexo, ofrece sus servicios como acompañante y confidente a aquellos hombres que están dispuestos a pagar sus honorarios, describiendo los altibajos de su relación como pareja.

En realidad, lo que la película narra no deja de ser una mera anécdota que hemos visto en infinidad de argumentos, por lo que el verdadero interés reside en la forma en que Soderbergh decide acercarse al relato.

Frente a un desarrollo tradicional que ahondara en las consecuencias dramáticas de la profesión de Christine, o Chelsea, el nombre con el que la conocen sus clientes, Soderbergh aborda la situación con una frialdad que limita el suceso conmovedor, sustituyéndolo por la mostración simple de una serie de actos cotidianos. La actividad de Chelsea aparece sujeta a la normalidad que pudiera darse en otra serie de trabajos, así vemos cómo se preocupa de aquellos aspectos que pueden mejorar su cotización como reuniones para posibles contactos, la mejora de su página web (le explican lo que es el posicionamiento natural en buscadores) e incluso una entrevista con un periodista para conseguir una reseña favorable.

Esta consideración de la ocupación de Christine/Chelsea equipara profesionalmente su trabajo al de su novio, el cual tiene las mismas expectativas que se traducen en mejorar profesionalmente, conseguir independencia o incrementar sus ganancias.

Contribuye a este efecto de cotidianidad la escasa mostración de las relaciones sexuales en la pantalla (1). La protagonista siempre aparece con sus clientes representando el papel de acompañante, siempre atenta a las conversaciones triviales o profesionales de los hombres, y donde se capta siempre el inicio o el momento final, manteniendo un escrupuloso respeto por aquello que acontece en el territorio íntimo de los amantes. Por lo tanto, el relato de las aventuras sexuales se circunscribe a los aspectos introductorios o a la narración que la propia protagonista introduce a modo de diario o reflexión, bien mediante una voz en off posterior a la acción o bien durante la conversación que mantiene con diferentes interlocutores.

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Dos en la carretera

Para acrecentar el efecto de distanciamiento y envolver a la historia con una capa de frialdad, Soderbergh descompone el relato avanzando y retrocediendo en el tiempo, de tal forma que permite que el espectador se involucre emocionalmente en los problemas de los protagonistas. Esta fragmentación se acrecienta con la inclusión de la parte del viaje a Las Vegas que Chris realiza con sus amigos y que supone un corte radical con la imagen cuidada y elegante, con una fotografía que realza los tonos azules y naranjas, que Soderbergh exhibe en todo el filme, salvo en este bloque de escenas donde las imágenes se caracterizan por el movimiento, las tomas descuidadas y el desenfoque que la cámara en mano impone como forma de marcar la diferencia con el resto del metraje.

Este salto temporal adelante y atrás le permite poner en paralelo los problemas de Christine y Chris; así, frente a las dificultades que la protagonista se encuentra en su trabajo (las opiniones negativas vertidas por el periodista sobre su papel como amante y acompañante), vemos cómo se yuxtaponen también las dificultades de Chris en el gimnasio (trato con los clientes, con sus superiores), equiparando ambas carreras.

Además, este montaje se refuerza con el propio planteamiento interno de cada escena, donde el director impone su estilo reforzando el distanciamiento mediante una serie de planos donde frente al sonido en primer plano, la cámara permanece alejada de los protagonistas, y con una escasa duración de las escenas que favorece una (re)composición de la historia a modo de puzle.

Y esta fragmentación que el director de Sexo, mentiras y cintas de video impone a la narración y a la presentación visual, sirve para mostrarnos la desintegración de una relación amorosa que es de lo que verdaderamente se ocupa el filme. Soslayado el debate moral sobre la profesión de la protagonista, The girlfriend experience lo que nos queda es el retrato de una pareja que, sometida a los vaivenes cotidianos de la vida, ve cómo su relación de pareja se deteriora cuando ambos traicionan las reglas establecidas que soportan el equilibrio amoroso de los dos personajes.

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Una relación que se rompe y que se reproduce en los clientes de Chelsea, un abanico de personajes masculinos bien posicionados socialmente (acomodados, casados, con hijos) pero que necesitan encontrar alguien que los satisfaga sexualmente y emocionalmente para soportar una vida convencional que intuimos sostienen de una manera hipócrita y falsa.

Por ello, cuando Christine/Chelsea da un paso más allá y decide pasar un fin de semana con un cliente, rompiendo ciertos compromisos laborales y personales (no tener relaciones con un cliente inmediatamente o no viajar fuera de la ciudad), su novio responde enrolándose en un viaje a Las Vegas con sus amigos, en una especie de reivindicación de su masculinidad. Todo lo cual termina con la estabilidad afectiva de la pareja.

La película finaliza con una significativa escena que resume el papel de Christine. En estos planos últimos vemos cómo el cliente, que al igual que todos habla y habla del momento político y económico que se vive en ese momento en los EE.UU (la incertidumbre económica, las elecciones presidenciales), se abraza a la protagonista para encontrar consuelo –rápido— sexual y emocional, dejando un final abierto donde parece que los personajes están buscando un soporte, una guía, que quizá permite establecer una comparación entre lo narrado y la situación social del momento.

Escribe Luis Tormo

Notas

(1) Curiosamente Soderbergh escogió para protagonizar este filme a Sasha Grey, que en aquel momento era una conocida actriz porno. Actualmente Grey ha abandonado los filmes para adultos y ha reconvertido su carrera para continuar su trabajo como actriz dentro del cine convencional.

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