Che: Guerrilla (Che, part 2, 2008)

  02 Mayo 2012

Panegírico huero 

che-guerilla-1En tanto en cuanto por motivos de exhibición comercial se decidió dividir en dos partes las cuatro horas y media de filmación de la vida de Ernesto Che Guevara, este segundo capítulo incurre en los mismos errores y defectos que su antecedente; a fuer de ser sinceros, se acentúan todos los inconvenientes que malograban la puesta en imágenes de la biografía del comandante Che Guevara: el tratamiento de la figura de Ernesto Guevara responde a una hagiografía laica, plana, sin ninguna fisura que empañe el halo de mística santidad que lo envuelve. El personaje no habla, sino que lapida al público con una serie de aseveraciones que no sólo provocan sonrojo en el mejor de los casos, sino que aburren hasta a las piedras.

El recubrimiento iconográfico del personaje aún es más espeso que en la primera parte de sus andanzas en Cuba, por lo que deviene en una imagen cristológica, tanto en el significante como en el significado: la asunción de su error táctico y revolucionario le conduce a una muerte segura, que el imaginario popular e izquierdista ha convertido en un sacrificio necesario en aras de la pureza de sus ideales emancipadores, aun a costa de que estos ideales hayan de ser admitidos con calzador y sin ningún tipo de autocrítica.

Frente al ascenso que suponía Che: El argentino, esta continuación de sus andanzas guerrilleras representa la caída. Si tal ascenso no iba acompañado de un tono épico-narrativo que resaltara la gesta de la revolución, Che: Guerrilla carece de la atmósfera elegíaca y del dramatismo necesario para crear la catarsis emocional que debería proporcionar el fracaso de su derrota y su consiguiente asesinato. Esta liberación se produce cuando el espectador contempla en la pantalla el fundido en blanco con el que finaliza el filme.

En su última aventura, el Che es acompañado por un puñado de fieles apóstoles encarnados por todo un grupo de actores hispanos: Eduard Fernández, Oscar Jaenada, el cubano Jorge Perugorría, que actúan como meros comparsas, guiñoles necesarios como receptores de los “epitafios” orales que arroja el Che por su boca, a la vez que aprendices aplicados del catecismo de un buen revolucionario: no hay mejor teoría que una buena práctica en condiciones adversas, y eso es lo que les ofrece el Che.

En el bando de los malvados, destacan Jordi Mollá, Joaquim de Almeida interpretando al presidente Barrientos (este actor es todo un especialista en este tipo de papeles en este tipo de películas); y la aportación norteamericana: Lou Diamond Philips como el dubitativo y pusilánime secretario general del Partido Comunista boliviano (Mario Monje) y Matt Damon (¿pero qué hace “Bourne” por ahí? ¿Se ha extraviado?), encarnando a un cura alemán que intenta convencer a los guerrilleros del poco aprecio que sienten por ellos los indígenas bolivianos, teóricos depositarios y benefactores de la buena nueva revolucionaria.

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Lo peor de todo es que la película podría tener una justificación pedagógica y didáctica, a saber, ilustrar a las nuevas generaciones sobre un episodio histórico, pero el pésimo guión da por sabidas una serie de informaciones básicas imprescindibles para el conocimiento de lo que ahí se está intentando relatar, con lo cual quien ya conoce los avatares históricos considera insuficiente, tópica y superficial esta adaptación; mientras que para el espectador ignaro, las lagunas y las presuposiciones exigidas por el filme lo sumen en una confusión que la propia diégesis fílmica no esclarece en ningún momento (tal vez por eso los comentarios de “texto” por parte de los espectadores durante la proyección fueron constantes: no se enteraban y encima se aburrían).

¿Por qué una elipsis en la vida de Ernesto Guevara de siete años, desde  el 1959 en que acaba la primera parte hasta el 1966 en que empieza esta segunda? ¿No interesan las andanzas del comandante como dirigente en la Cuba revolucionaria? ¿Cuál fue su posición durante la crisis de los misiles? ¿Estuvo a favor de la sovietización de la Revolución? ¿No hubo disensiones con Fidel?

Para quien esté interesado en profundizar en los aspectos menos conocidos y más oscuros del personaje, recomendamos La cara oculta del Che. Desmitificación de un héroe romántico (Jacobo Machover, Ediciones del Bronce).

Para quien quiera explayarse en el romanticismo mítico y revolucionario establecido por el imaginario social, la película lo defraudará.

Por último, señalar el tono enfático en los movimientos de cámara del director, con los que debe intentar compensar el vacío que hay dentro del encuadre. A tal punto llega, que filma el asesinato del protagonista con cámara subjetiva, desde la perspectiva del Che.

Camaricidio.

Escribe Juan Ramón Gabriel

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