Contagio (Contagium, 2011)

  19 Mayo 2012
Pánico y distancia 

contagio-2Steven Soderbergh es uno de esos directores que parece haberlo conseguido todo en un terreno que no era el suyo en el origen. Si bien empezó siendo un director de culto con obras muy personales, como Sexo, mentiras y cintas de vídeo (allá por finales de los 80), se dejó convencer por la maquinaria hollywoodiense para convertirse en uno de sus hijos pródigos.

Suyas son cintas tan dispares como Traffic, Ocean’s eleven (y siguientes), Erin Brockovich, El soplón, CheThe girlfriend experience, entre otras.

Todo su trabajo filmográfico equivale a decir que ya prácticamente sólo realiza películas por encargo (salvo alguna que otra), que los grandes estudios se lo disputan y que, además, le ofrecen guiones sólidos que merecen una dirección solvente para darle buena forma al asunto.

La cosa no queda ahí sino que, encima, es de esos directores que consiguen usualmente un plantel de actores que muchos ya quisieran para sí, aunque sólo sea para hacer buena caja en taquilla. George Clooney o Julia Roberts, por ejemplo, han sido dos de sus actores fetiche.

Ahora tenemos entre manos su nuevo esfuerzo, Contagio, que no es sino otro artilugio que cumple con los rasgos que los mencionados filmes ya contenían. Es decir, un guión ajeno más o menos eficaz, un plantel de estrellas que sirven de auspicio perfecto al producto y un presupuesto holgado insuflado por una major.

Con estos atributos, se antoja ostensiblemente sencillo que alguien a quien la técnica de la dirección cinematográfica no se le da nada mal haya vuelto a dar en el blanco con su nuevo trabajo, al menos en lo que a términos comerciales se refiere.

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Soderbergh y su cine de catástrofes

Contagio, como ya más o menos todos sabemos, trata de la propagación de un virus a priori incurable que empieza de forma poco explicada y se expande por el planeta a velocidad de vértigo. El proceso de contagio se disecciona científica y socialmente por expertos para intentar entender y erradicar tamaña epidemia. Para ello, desgranarán el recorrido del paciente cero (nada más y nada menos que Gwyneth Paltrow). La población mundial se verá diezmada por esta enfermedad mortal susceptible de rápida transmisión.

Como podemos observar, estamos delante de una película de esas que abogan por el Apocalipsis y el cine catastrófico en la que Soderbegh parece moverse como pez en el agua, dando una vez más prueba fehaciente de su capacidad todoterreno de realizador-camaleón.

Pero claro, estando Soderbergh detrás de las cámaras no se puede esperar el espectador encontrarse con filmes emmerichescos como El día de mañana o Estallido sino que debería esperar una cosa radicalmente diferente.

Soderbergh filma las imágenes, desde los inicios del metraje y con pulso firme, con una sorprendente tensión por doquier que salpica todos los fotogramas y hace que algo que se antoja casi imposible en un cine de catástrofes con vida propia: la verosimilitud de la historia. En efecto, lo que pretende erigir —y consigue— su realizador es una credibilidad que haga plantearse al espectador medio las consecuencias de lo que supondría un fenómeno semejante.

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El pánico, desde la distancia 

Los cimientos de la obra parecen sustentarse en el retrato del pánico colectivo, en la obsesión por crear una pieza quasi-documental y en la cercanía que proporcionan unos actores que vistos una y mil veces en diferentes registros.

En efecto, Contagio tendría poco interés si no contara con nombres de la talla de la mencionada Paltrow, Matt Damon, Kate Winslet, Marion Cotillard, Jude Law o Lawrence Fishburne. Sin ellos, el filme sería una de esas producciones de escaso atractivo para las audiencias. Y aún así podemos pensar que lo es.

Su guión no contiene giros inesperados, grandes secuencias mostrando desastres al mundo o alguna revelación de fuerte impacto para el respetable. Parece más bien que el efecto buscado es el contrario. La mirada que nos muestra Contagio es gélida, distante y reiterativa. Parece buscar la racionalidad como cómplice alejando a toda aquella persona que pretenda implicarse desde sus entrañas. Lo que puede traducirse en virtud para muchos por su contención y supondrá para otros un soberano aburrimiento.

La historia y su narrativa parecen reincidir constantemente en unos mismos tramos, los que corresponden al desarrollo de la epidemia con el surgimiento de nuevos focos de infección y los que apelan a ese gradual enloquecimiento de la población, dando lugar casi a una exploración clínica. Suponemos que esa es precisamente la intención seminal: verter una radiografía de carácter quirúrgico sobre las consecuencias de un impacto bárbaro como el retratado a través de este azote vírico.

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Retrato coral

Otro de los aspectos que más sorprenden de Contagio es la capacidad coral de aunar historias como si se tratara de un cuadro impresionista, pintado mediante ligeras y pequeñas pinceladas de personajes que van desfilando delante de las cámaras vertiendo declaraciones a título informativo: certificación de datos y números, opiniones acerca de la plaga, informativos televisados...

Es esa capacidad altmanesiana que logra mantener a flote la cadencia de todo su compendio de minutos. Repartiendo los pesos entre muchos puntos de apoyo, logra que la tensión se vea prolongada incluso en sus episodios más endebles. No se trata de un filme de aquellos por los que suspirar provenientes de la maquinaria de la fábrica de sueños ni tampoco estamos delante de un completo desastre, cinematográficamente hablando.

Contagio es una obra deliberadamente pausada que debe saborearse con la curiosidad propia del entomólogo. Reforzada por un reparto brillante y una excelente cinematografía, la cinta debería haber sido apuntalada con un guión que manejara más elementos argumentales y propusiera mayor condensación de pasajes.

Pero es su sentimiento de cercanía la que la hace valedora de dignidad suficiente como para ser un elegante drama moderno que versa sobre los efectos triangulares de una pandemia.

Escribe Ferran Ramírez

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