Erin Brockovich (Erin Brockovich, 2000)

  12 Mayo 2012
El respeto y la justicia

Erin_Brockovich-1Inspirada en un hecho real, a modo de crónica, la obra-desafío de la filmografía de Steven Soderbergh se llama Erin Brockovich.

Provocadora, dramática y muy representativa de la sociedad americana, la película es un intento de denuncia social que se enfrenta al sistema judicial americano en un connubio de temáticas que a menudo se presenta en un filme como este: el pésimo servicio de asistencia médica, el mega poder de los industriales y los tribunales, donde suceden todo tipo de engaños e injusticias.

Y luego está Erin, una mujer guapa, provocadora hasta en la ropa que lleva, a veces un poquito kitsch, pero transgresora y directa en los modos de actuar: ha pasado por dos divorcios, con tres hijos, desempleada, busca la serenidad que al parecer nunca ha logrado en su vida.

Sinopsis

La película empieza con una entrevista, en la que Soderbergh ya nos mete delante de una mujer sui generis pero determinada a obtener lo que quiere. Al principio parece que todo lo que haga la protagonista no vaya a tener éxito, ni siquiera consigue obtener la razón para haber sufrido un accidente de auto que le ha provocado una rotura de cuello.

La desesperación la lleva a dirigirse hacia un estudio legal pidiendo a Ed, el abogado que la había defendido en la causa del accidente, un trabajo como secretaria. Por fin Erin obtiene el puesto y su encargo es el de archivar viejas prácticas legales: es en este momento cuando se encuentra con algunos informes médicos contenidos en otra carpeta relativa a algunas propiedades inmobiliarias, que parecen no tener ninguna relación con los documentos con los que ella está trabajando.

Con mucha curiosidad, Erin empieza a leerlos, dándose cuenta de la motivación de su presencia: un hábil sistema para cubrir el envenenamiento de aguas de las tuberías de la zona donde está colocada la fábrica.

A partir de este momento, Erin analiza el caso, con la ayuda de Ed, a través de una investigación más detallada que le lleva a descubrir situaciones dramáticas: todos los habitantes de la zona en la que se encuentra la fábrica están infectados por el cromo del agua desde años y años, sufriendo enfermedades raras y, a veces, incurables.

Es así que empieza la batalla social de la protagonista que le llevará a alcanzar lo que siempre había deseado: el respeto y la justicia.

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Mujeres en primer plano

La película sigue un hilo de narración muy clásico: un principio desesperado y negativo, la lucha central y la consecución del triunfo final; el todo típico de muchas películas hollywoodienses en las cuales el lema parece ser siempre el mismo: cualquier hombre puede conseguir lo que quiere, a pesar de los esfuerzos iniciales, lo importante es creer en lo que se hace.

No obstante, Soderbergh no cae en un cliché, sino que desarrolla la historia de manera original y persuasiva, gracias, sobre todo, a la actuación de Oscar de Julia Roberts, espléndida y natural intérprete del filme.

La actriz, a través de su carga expresiva, los gestos de su cuerpo y la mirada intensa, logra realizar un papel de gran éxito, metiendo en primer lugar el hecho de ser mujer, antes que actriz.

De hecho Soderbergh dirige una peli desde el lado femenino, donde son casi siempre las mujeres las que se enfrentan a sus problemas o se analizan entre ellas. Por ejemplo, vemos a Erin discutiendo con las secretarias del estudio porque no aceptan sus maneras poco delicadas; o enfrentarse a una madre víctima de la enfermedad provocada por la bacteria difundida por la fábrica que no acepta inicialmente su ayuda; hasta el final en el que tiene un debate directo con una abogada responsable de una multinacional que no confiaba en su trabajo.

Erin contra todas, Erin por todas: mujeres audaces, mujeres en evolución, mujeres a la par de los hombres.

Y es ella, una mujer sola, quien sostiene una secuencia tan conmovedora como la del campo-contracampo de los ojos de la misma Erin que se cruzan con los de una niña enferma de cáncer, sentada en el medio de sus padres: es aquí donde Soderbergh valoriza el rol de Julia, tan lejano de la dulce e ingenua Pretty woman.

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Dialéctica

Además de la historia y de una protagonista mordaz y luchadora, hay que hacer hincapié en un fondo escénico importante que Soderbergh no deja apartado, consiguiendo coleccionar piezas de una América privada, hechas de casas aisladas y personalizadas, adornadas con piscinas y jardines.

Subraya, así, la diferencia sustancial entre un exterior luminoso y agradable, con campos larguísimos y en plena luz, y un interior más asombrado y oscuro, quizás signo de un mal social escondido, no siempre visible y que representa perfectamente la denuncia llevada por Erin durante la película.

Aparte de la ambientación, este contraste interior-exterior que Soderbergh evidencia a lo largo del filme es un elemento clave que encontramos continuamente también en los personajes: la imagen estética débil y vulgar de Erin y su parte interior más fuerte y terca; el aspecto bruto y duro de su novio que demuestra un alma muy parental, dulce y protectora; Ed, el abogado egoísta y cobarde de primer impacto, se revela tierno, audaz, determinado y listo para apoyar a su compañera luchadora.

El trabajo de Soderbergh ha de apreciarse sobre todo por haber mostrado que lo que parece no es siempre lo que es en realidad, aunque se hable de hechos verdaderos: este juego que él desarrolla se relaciona perfectamente con el medio cinematográfico, que nos enseña algo que parece verdad y que realmente es sólo arte, representación.

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Belleza

Otro elemento fundamental de la obra en cuestión es la idea de lo “bello” que flota a través del papel de los actores, de la historia y de las escenas. ¿Qué es lo que Soderbergh quiere que captemos como bello en esta película? Quizás sea el aspecto aunque poco fino de Erin, ex-reina de un concurso de belleza, siempre rodeada de mujeres menos hermosas que ella, para resaltar su imagen impetuosa e incontenible; o más bien los paisajes desérticos, casi “desnudos” estadounidenses que revelan una calma aparente?

Pues nada de ello: lo bello en Erin Brockovich es justamente su capacidad de esconderlo, de no revelarlo y, sobre todo, de no exagerarlo: la sensibilidad sofocada de Erin cuando se conmueve al escuchar el cuento de su novio sobre la primera palabra de su hija; o los ojos del abogado cuando decide entregarle el caso y contratarla otra vez; la hija pequeña que duerme en el coche de camino al trabajo; la mirada de la chica enferma de cáncer y las sonrisas de sus padres...

Lo bello de Soderbergh es la simplicidad y el cuidado de los detalles nunca subidos de tono, que hacen de esta peli una buena ventana artística sobre la realidad.

Escrfibe Serena Russo

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