Sexo, mentiras y cintas de video (Sex, lies and videotape, 1989)

  11 Mayo 2012

El jovencito Soderbergh 

Sexo_mentiras_y_cintas-1Steven Soderbergh nació en 1963 en Atlanta, aunque creció en Baton Rouge (Luisiana) de cuya Universidad su padre era Decano de Educación. A la temprana edad de trece años comenzó a dirigir cortos en súper 8, con material prestado por los estudiantes de la Universidad. Unos años después trabajaría como montador en un programa de la NBC.

Es en 1986 cuando Soderbergh tiene su oportunidad al realizar un documental sobre la banda de rock Yes, Yes: 9012 Live, por el que el director ganó una nominación a los Grammy de ese mismo año.

En 1989, a sus veintiséis años, rueda en Baton Rouge Sexo, mentiras y cintas de video, con la que se encumbraría como niño prodigio y nueva promesa. La cinta le valió la Palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes, convirtiéndose en el ganador más joven hasta el momento, y una nominación al Oscar al mejor guión original.

Sus posteriores trabajos no respondieron a las expectativas que en él se habían puesto. No fue hasta 1998, con Un romance muy peligroso, cuando lograría recuperar la credibilidad  y el prestigio como director. A esta cinta le seguirían grandes éxitos y alegrías, pues sus dos siguientes películas, Erin Brockovich y Traffic (las dos del año 2000), ganaron el Oscar a la mejor actriz y al mejor director, respectivamente.

Sexo, mentiras y cintas de video

De esta cinta se dice que escribe el guión en ocho días al regresar a casa. Rodada en cinco semanas durante el verano, esta obra es de inevitable mención cuando se trata el tema del cine independiente norteamericano, ganando en su estreno, en el famoso Festival de Cine Independiente Sundance, el premio del público.

En la obra, protagonizada por James Spader, Andie McDowell, Peter Gallagher y Laura San Giacomo, priman los diálogos, las largas conversaciones entre los personajes que se revelan ante los ojos analíticos de los espectadores, lo cual no ralentiza la acción, ni la convierte en tediosa, todo lo contrario, cuanto más se descubre a los personajes más se acentúa el interés por conocerlos en profundidad.

El matrimonio de clase media-alta de Ann y John es un cúmulo de mentiras pese a la juventud de la pareja. El marido mantiene una relación extramarital con Cynthia, la hermana pequeña de Ann, entre las que siempre ha habido una gran rivalidad. Mientras la mayor es la bondadosa, sensata y sexualmente reprimida, su hermana menor es una mujer liberada y bastante egoísta.

La rutina se rompe cuando Graham, un antiguo amigo de la universidad de John, llega a la ciudad. Arrastra un problema de impotencia tras la ruptura con su antigua novia. Su único medio de excitación sexual es la grabación de confesiones y actos sexuales de mujeres en unas cintas de video que, posteriormente, ve en soledad.

La introducción de Graham en el mundo ordinario de Ann, como ella misma le confesará, le cambia la vida, llegando con sus largas conversaciones a ayudarla más que su terapeuta.

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Ann y el sexo

Esta parte referente al título es uno de los tres temas centrales a lo largo de la película. La trama sexual se aborda de diversas formas: desde el enfoque de la impotencia y el voyeurismo, desde el mundo de la infidelidad, y desde la inapetencia. En este último término se halla Ann.

El personaje interpretado por Andie McDowell es una joven esposa que, por deseo de su marido, abandona su trabajo para dedicarse a atenderle a él y a la casa. De las iniciales conversaciones con su psicólogo, charla con la que abre el film, observamos su aburrimiento, su obsesión con la limpieza y su conducta sexualmente cohibida, confesando su desinterés por el sexo, y el hecho de no mantener relaciones con su esposo desde hace un tiempo.

Su ingenuidad e inocencia la convierten en un personaje del tipo  inexperta sexual, en el cual encajaría pese a tratarse habitualmente de adolescentes que comienzan a adentrarse en la sexualidad. Ann, aunque es una mujer adulta, casada y con relaciones, su estado, en un inicio, totalmente asexual y desinteresado, la convierte en parte en esta clase de personaje, pues en cierta manera, se narra su despertar sexual, aunque esto acontezca en la madurez de su vida.

Un despertar que no es producido por la persona que, en teoría, debería hacerlo, su marido. Su egocentrismo y narcisismo, hacen que este personaje no se preocupe por nadie más que por sí mismo, lo cual no provoca atracción ni por parte del espectador ni por el de su esposa. Será su amigo Graham quien, con sus conversaciones, preocupación y atención, logre que Ann se interese y experimente en el ámbito sexual.

El contrapunto de Ann es su hermana Cynthia, otro ser egoísta, quien, junto con su marido, la traicionan. Cynthia representa el rol de mujer experta y sexualmente liberada, todo lo contrario  que su hermana.

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John y las mentiras

John, así como su cuñada, representan las mentiras. Él es un joven abogado de éxito, vanidoso y con ideas tradicionales. Obliga a su mujer, tras el matrimonio, a abandonar el trabajo para dedicarle el tiempo a él y a la casa. Esta actitud retrógrada se manifiesta con fuerza durante la cena con Graham, donde John se deja servir por una sumisa esposa que se mantiene en silencio, hablando tan sólo para darle la razón en sus continuos reproches sobre la comida.

Es en esta escena cuando se observa claramente la empatía de Graham, interesándose más por Ann que su marido, el cual no cesa de anularla. También es en este instante cuando por labios de Graham es revelado quiénes son las dos clases peores de personas: primero los abogados y segundo los mentirosos. Algo que implica a John doblemente.

Las mentiras como temática del film son las que mantienen reprimido al personaje de la esposa, por consiguiente, en lo que quedan destruidas, es decir en lo que se sucede la verdad, es cuando Ann sale al exterior, se convierte en un ser libre.

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Graham y las cintas de video

Graham es el detonante del cambio, tras nueve años de ausencia regresa a la ciudad. Es  el viejo  amigo de la universidad al que John ya casi ni reconoce, su personalidad ha cambiado totalmente. Se marchó tras la ruptura con una novia, echo que le marcó en extremo, convirtiéndolo en impotente. Únicamente llega a la excitación con el visionado de unas cintas de video en las que graba sesiones con mujeres que se desnudan psicológica y, en ocasiones, físicamente, para confesar sus intimidades sexuales. Estas cintas son el único medio con el cual logra excitarse tras una ruptura que lo dejó herido, incapacitado para mantener relaciones con otra persona.

Graham, empático y gran conversador, es el símil de la verdad, el personaje antagónico de John. Con su fragilidad e interés logra captar con su cámara la verdad absoluta de las mujeres, a pesar de ese voyeurismo y onanismo que a la par lo aísla de ellas, ya que en ningún momento es capaz de acercarse, de tomar cualquier tipo de contacto físico.

Es él, con su cámara, quien capta la verdad de Ann, una sorprendente confesión tan inesperada para el espectador como para su celoso marido, quien la descubrirá al entrar furioso en el apartamento de su amigo y disponerse al visionado de la cinta grabada por su esposa. Una verdad que en ese mismo momento también se revelará ante nosotros con una magnífica elipsis temporal en la que las imágenes sucedidas en el televisor de Graham, observado por John, se fusionan con el del propio espectador.

La declaración de esta verdad es lo que destruye y desmonta toda la mentira, o lo que es lo mismo a John, su representante.

Si Graham es el personaje que logra liberar a Ann, ella es quien le devuelve a la vida normal. En la entrevista final que mantiene con ella, Graham, como es habitual, se esconde tras la cámara, es en esta última sesión cuando llegará la curación de este personaje. Cuando Ann coge la cámara y toma el control de la grabación y de la entrevista, logrando con ello que él también se libere de todos los problemas que arrastraba. La recompensa para ambos es el poder mantener una relación sana y verdadera. El castigo para aquellos que han mentido, es la soledad.

Sexo, mentiras y cintas de video es ante todo una película de personajes, de largas conversaciones en las que se revelan las grandes problemáticas humanas. Unos seres que viven entre el engaño, entre los trastornos sexuales, problemas maritales y arraigados conflictos familiares. Pero que, por suerte, al encontrarse con su complementario, como Ann y Graham, ponen fin a sus desgracias.

Escribe María González

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