La llegada del Anticristo: La profecía

  18 Marzo 2012

la-profecia-1La amenaza del diablo como elemento desestabilizador de la civilización es un tema común que, partiendo de la raíz religiosa, se extiende como metáfora del peligro que siempre acecha a la humanidad y que se resume en la lucha entre el bien y el mal.

La figura del demonio aparece en el cine casi desde sus inicios y se hace presente en numerosas películas, a veces de una manera directa, y en otras ocasiones como representación de los males que el propio hombre lleva intrínseco como parte de su existencia.

En este artículo nos vamos a centrar en La profecía y para ello echaremos la vista atrás unos años antes para fijar algunos referentes y prolongaremos el efecto que este filme ha tenido como elemento catalizador para posteriores películas basadas en la presencia del demonio.

Mia Farrow’s baby

En 1968 se estrenó La semilla del diablo, una película dirigida por Roman Polanski que en su última escena mostraba la presencia del diablo encarnado en el nacimiento de un bebe (el título de la novela original era Rosemary’s baby).

El filme del director polaco tuvo una repercusión enorme e incluso se vio influenciado por temas no estrictamente cinematográficos. La mitología popular pudo disfrutar de un abanico de temas relacionados con el asesinato de Sharon Tate y sus amigos —Tate estaba esperando un hijo de Polanski en ese momento— a manos del grupo de Manson (un psicópata con ideas diabólicas).

Consideraciones sociológicas aparte, lo cierto es que esta representación cinematográfica de la amenaza del diablo (aunque la lectura más acertada de La semilla del diablo sea que todo se debe a la fantasía del personaje de Mia Farrow), coincidió con el fin de un tempus social que generaba expectativas de cambio (filosofía hippie, el verano del amor, la revolución en los campus universitarios, mayo del 68, la oposición a la guerra de Vietnam) y dio paso a los tristes 70 que pronto vieron cómo cualquier esperanza de cambio fracasaba y la crisis denominada del 73, causada por el aumento del coste del precio del barril de petróleo que la OPEP decidió imponer al primer mundo, provocaba un entorno amenazador y lúgubre que caló con fuerza en la sociedad, siempre proclive a testimoniar esas crisis en imágenes relacionadas con el subgénero de terror.

Precisamente en ese año 1973, otro film centrado en la figura del diablo asustó a medio mundo, y es que el estreno de El exorcista (William Friedkin), con una representación más explícita de la maldad, que impulsó su éxito en taquilla, sirvió como elemento revitalizador de una iconografía que humanizaba al diablo mostrándolo físicamente en la pantalla a través de una pobre niña.

La industria del cine, siempre necesitada de encontrar un filón temático que capte la atención del público, es normal que respondiera al éxito de El exorcista con otros filmes donde el diablo amenazara al mundo.

la-semilla-del-diablo

La profecía

Con estos mimbres iníciales, el siguiente paso fílmico que incidía en la mezcla de infancia y maldad fue La profecía (The omen, 1976) el filme de Richard Donner.

Si para dirigir El exorcista se apostó por un director experimentado como William Friedkin (que sustituyó al primer director a quien se lo propusieron, Stanley Kubrick), en el caso de La profecía el encargado de llevar adelante el proyecto fue Richard Donner. El nombre de Donner lo asociamos cinematográficamente con el término artesano, es decir, un director todoterreno que es capaz de dominar los recursos técnicos en cualquier tipo de producción. Y de hecho, su larga trayectoria lo avala como un experimentado director que ha participado en la dirección de exitosas sagas  como Superman o Arma letal.

Pero en 1976, la experiencia de Donner se asentaba en sus trabajos para la televisión como director de innumerables capítulos para series como The Rifleman, The Twilight Zone, Superagente 86, El fugitivo, Cannon o Kojak entre otras muchas. Y quizá este hábito a pasar de un título a otro le permitió una cómoda adaptación a un proyecto de características muy diferenciadas respecto a sus trabajos anteriores.

¿Y qué es lo que hace de Donner un director adecuado para un proyecto como La profecía? Pues precisamente su capacidad de coordinación de los diferentes equipos que funcionan técnicamente como un reloj.

Por eso La profecía es un pastiche, desprovista esta consideración de cualquier elemento peyorativo, que encauzado bajo las líneas argumentativas del terror desarrolla un guión clásico que se nutre de diferentes referentes temáticos y de un reputado equipo técnico (fotografía, música, etc.). Porque lo primero que tiene esta historia sobre la reencarnación del diablo es un guión, obra de David Seltzer, que marca las pautas tradicionales: introducción, desarrollo y desenlace que narra la historia del descubrimiento, por parte del personaje encarnado por Gregory Peck, del verdadero origen de su hijo.

Hay cierta confusión respecto al guión y a la novela e incluso en algunos lugares se habla de guión adaptado o basado en la novela, pero en el caso de La profecía no podemos referimos a un guión adaptado. En realidad, la historia original es el guión creado para la pantalla, pero a su vez Seltzer novelizó el guión de tal forma que coincidiendo con su estreno se publicó el libro. Es por ello que guión y novela coinciden milimétricamente pues su génesis está concebida prácticamente al mismo tiempo.

el-exorcista

Y David Seltzer lo que hace es desarrollar, bajo el corsé de una historia de terror, un argumento temático reconocible para el espectador: la asunción de la culpabilidad por un pecado cometido inicialmente. La decisión errónea  que el embajador Robert Thorn (Gregory Peck) toma cuando, en el momento del parto Katherine (Lee Remick) pierde a su hijo, y Roger lo sustituye por otro para intentar soslayar el dolor de esta pérdida, provoca todos los trágicos acontecimientos posteriores. Es casi el origen bíblico, aceptar la fruta prohibida bajo la tentación del demonio provoca la expulsión del paraíso y la condena del hombre.

Tras los primeros momentos de felicidad, conforme Damien va creciendo, el entorno protector diabólico va eliminando sistemáticamente todos los personajes que pueden suponer un peligro para la llegada del Anticristo. Así vemos como sucumben la niñera, el cura, Katherine, mientras Robert va desvelando con la ayuda del fotógrafo las capas de un envoltorio que en su fuero interno sabe que le condena a un trágico final, es decir, sacrificar a su hijo para evitar que el triunfo de la maldad se imponga a toda la especie humana.

Este guión clásico que toma forma a través de una interpretación que nos retrotrae al star system de la época dorada, un Gregory Peck en el papel de padre primerizo (cuando el actor contaba ya con 60 años) y una actriz como Lee Remick, le dan un aire retro a un filme que apuesta en lo visual por enraizarse con el estilo de terror gótico de las producciones de la Hammer.

La casa señorial, los exteriores londinenses o la presencia de los perros y lobos, configuran una escenografía que remite directamente a esas películas inglesas de los 60, de la que podemos citar alguna escena como la que se desarrolla en el cementerio, con el descubrimiento de la tumba y el ataque de los lobos que recrea perfectamente la atmosfera a la que nos referimos. La música de Jerry Goldsmith, premiada con el Oscar, acompaña las imágenes incrementando la sensación de inquietud y terror.

El estilo que Donner impone en La profecía se basa en una planificación que combina el uso del Cinemascope con el tratamiento del detalle mediante el uso del zoom (inherente en ese periodo) y los primeros planos.

En este apartado, Donner también cuenta con un experimentado director de fotografía, Gilbert Taylor, que había trabajado con Kubrick, Polanski, Lester o Hitchcock entre otros, y cuyo siguiente trabajo sería La guerra de las galaxias. Ese soporte técnico hace que el acabado del filme de Donner sea elegante, con la salvedad de los insertos acelerados por el montaje de las escenas violentas, que rompen esa cadencia que se impone a lo largo de todo el filme.

la-profecia-3

La principal virtud de La profecía, enmarcada siempre dentro de los mecanismo propios de su género, es la capacidad de generar suspense en torno a la figura de un niño (inocente) que sabemos es la encarnación del mal. Cuando la película se mueve en el terreno de la sugerencia y en el proceso de generar tensión el resultado es brillante, por eso uno de los aciertos de Donner es medir el grado de truculencia, de tal forma que al final el terror tiene que ver más con el tratamiento psicológico de los personajes (esa institutriz malvada, el rostro del niño) que con la avidez de sangre.

El éxito comercial de La profecía, una producción relativamente modesta para un gran estudio, posibilitó su continuación en diferentes secuelas que fueron mostrando el crecimiento de Damien y el decrecimiento de la originalidad. La maldición de Damien (Damien: Omen II, Don Taylor, 1978) y El final de Damien (The Final Conflict, Graham Baker, 1981) nos mostraban a un Damien adolescente y adulto dispuesto a gobernar la humanidad.

Desafortunadamente, la repetición de esquemas aboca la trilogía a una repetición mecánica basada en la muerte de todo aquel que se opone al poder maléfico de Damien y su entorno. Ni la presencia de William Holden en la segunda parte ni la de un joven Sam Neill en la tercera consiguen acercarse a los resultados del original.

El declive de la trilogía, que se cierra con la derrota del maligno, todavía tuvo una coda en una lamentable producción televisiva, La profecía IV: el renacer (The Omen 4: the awakening, 1991).

la-profecia-remake-2006

El retorno de Mia Farrow

Y para concluir el capítulo dedicada a La profecía hay que referirse a La profecía: 666 (The Omen, John Moore), el remake del filme original realizado en 2006.

La película de John Moore comienza con un prólogo que parece remarcar la perdición del mundo actual con una serie de claves que indican la llegada del Anticristo y que se exponen con imágenes reales del tsunami del año 2004 que afectó al sudeste asiático, la explosión del transbordador espacial Challenger, el ataque terrorista del 11-S o las referencias a los innumerables conflictos bélicos. Un inicio similar al principio de El final de Damien donde los males del mundo venían referenciados por la descripción de la situación de hambruna que afectaba al Tercer Mundo.

Pero tras este inicio novedoso, el remake de La profecía se convierte en un ejercicio mimético del original que sin llegar al extremo que Gus Van Sant hizo en Psycho (1998) respecto del filme de Hitchcock, sí que encontramos diálogos y escenas planteadas de idéntica manera (incluso en los títulos crédito podemos encontrar a Harvey Stephens, el Damien del 76, que realiza un cameo como paparazzi), por lo que este filme nos devuelve el aroma visual del original, pero es eso, simplemente un aroma que desaparece rápidamente antes de que la degustación haya terminado.

La incorporación en el reparto de Mia Farrow nos sirve para cerrar el círculo iniciado con La semilla del diablo. La receptora del diablo en el filme de Polanski se transmuta aquí en la fiel protectora del maligno, encarnando el papel de malévola institutriz protectora, sirviendo de hilo conductor que conecta la primera referencia fílmica a la que nos hemos referido con ésta última.

dia-de-la-bestia

El diablo anda suelto

A partir de los años 80, el cine ha visto una proliferación de filmes donde la figura del demonio se humaniza. El corazón del ángel (Angel Heart, Alan Parker, 1987), Pactar con el diablo (The Devil's Advocate, Taylor Hackford, 1997) o la apocalíptica El fin de los días (End of Days, Peter Hyams, 1999) destacan entre infinidad de productos, en los cuales el hombre, bien de una manera individual, bien como especie, siempre es amenazado por el lado oscuro.

De esta forma, desde el alumbramiento de La semilla del diablo, pasando por el crecimiento de la saga de La profecía, la figura de Satanás, Lucifer, demonio o diablo, se multiplica de muy diferentes formas dando pie a todo tipo de subgéneros, desde los exorcismos hasta las metáforas sobre el mal (el cine de Shyamalan).

Mención especial merece también la particular llegada del Anticristo que Alex de la Iglesia plasmó en su lograda El día de la bestia. Una muestra de la adaptación hispana al tema que nos ocupa y donde el director vasco mostró una realidad, tamizada por el tono satírico, donde el Anticristo es el mal representado por el fascismo cotidiano y que elige un navideño Madrid como lugar para perpetuarse.

Y es que la llegada del Anticristo se adapta como un guante a los peligros que se ciernen sobre nuestra sociedad porque la frontera entre el bien y el mal parece escasamente definida y cada época siempre encuentra sus particulares demonios (políticos, sociales, económicos) alrededor de temas universales como la ambición, la culpabilidad, el egoísmo, la traición o el mal.

Escribe Luis Tormo

la-profecia-2