28 días después (28 days later, 2003) de Danny Boyle

  09 Febrero 2012

El hombre es un lobo para el hombre 

28_dias_despues-1Uno de los mayores temores del ser humano es el fin del mundo, hecho que puede ser provocado por diferentes causas. Quizás la más aterradora de ellas sea el propio ser humano que en su afán de dominio puede alcanzar a acelerar su propia extinción. Resulta irónico que el miedo de la especie humana  pueda provenir directamente de ella misma.

En ocasiones se ha mostrado el fin del mundo por causas ajenas a la humanidad, como puede ser la propia naturaleza del planeta Tierra y la galaxia —Armageddon, Deep Impact— o invasiones alienígenas no relacionadas con sus relaciones con nuestra especie.

Pero lo realmente espeluznante es cuando dicho fin está generado por el propio ser humano, ya sea porque ha generado la destrucción del planeta o la creación de alguna sustancia o engendro que pueda provocar el fin de la especie.

En este último grupo englobamos la película que nos ocupa: 28 días después narra la invasión de Gran Bretaña por una horda zombi que no proviene de otro lugar sino de la propia mente del ser humano, el cual crea una fórmula química aderezada con odio para experimentar en primates; hasta ahí ningún problema dado que dichos animales permanecen enjaulados, las complicaciones se producen cuando un grupo de defensores de los animales libera a dichos ejemplares, propagando el virus por la ciudad de Londres y sus aledaños.

Los millones de muertes que acaecen en el filme son provocados por la propia raza humana y sus poco ortodoxos métodos de investigación. Los personajes de la película de Danny Boyle solamente pueden culpar a sus semejantes de las penurias que han de tolerar: es el propio ser humano el que genera una catástrofe de descomunales dimensiones, cuyo principal afectado es él mismo.

La afirmación del filósofo Hobbes “el hombre es un lobo para el hombre” queda plasmada en el filme de Boyle en sus más diversas vertientes y posibles interpretaciones. Es decir, el hombre puede destruirse a sí mismo a nivel de raza, pero también —y lo que resulta más espantoso— puede hacerlo directamente.

Comprobamos cómo en situaciones extremas el hombre no mira por sus semejantes sino solamente por sí mismo, su propia supervivencia es lo más relevante, sin tomar en cuenta los deseos y necesidades de sus congéneres, como se puede comprobar en la base militar. Lugar definitorio de la película y que habiendo de suponer un respiro, desata las escenas de mayor crudeza de las relatadas en esta ocasión por el siempre interesante Alex Garland.

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Esperanza

Un virus desconocido y, por supuesto, sin cura se desata y se propaga por Gran Bretaña en cuestión de días, desatando el más absoluto caos. La historia se narra desde el punto de vista de Jim, un joven mensajero que se encuentra en estado de coma cuando se producen los hechos y que se despierta cuando el virus ya ha invadido la ciudad sin saber qué ha sucedido (de modo más que similar al sheriff Grimes en los posteriores cómics The walking dead firmados por Robert Kirkman).

Jim habrá de adaptarse a las circunstancias para intentar sobrevivir en un mundo apocalíptico con un virus desatado que se transmite en cuestión de segundos mediante la sangre.

En este género encontramos las más diversas criaturas, en este caso nos alejamos del convencional zombi sin cerebro ni velocidad. Las aberraciones creadas en 28 días después son rápidas y nada fáciles de reducir, por ello los protagonistas han de ser especialmente hábiles para poder continuar con vida.

En su camino hacia la supervivencia, Jim se encontrará con varias personas que aún no han sido infectadas y tendrá que tomar decisiones tanto para su propio bienestar como para el de dichos sujetos.

En un mundo en el que la luz se está apagando, los exiguos humanos que continúan con vida han de determinarse con premura, la misma con la que el virus se extiende. Aquellos que han perdido toda esperanza de supervivencia elegirán quitarse la vida para no contraer el virus, otros lucharán hasta las últimas consecuencias y otros cuidarán de ellos mismos y del resto de sus semejantes.

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Lo que guía al ser humano cualesquiera sean las circunstancias en que vive es la esperanza, es cuando ésta se pierde cuando las reacciones de las personas se vuelven impredecibles y aleatorias. Mientras una persona posea un ápice de esperanza, no habrá nada que consiga mermar su moral, luchando incansablemente por sus ideales hasta conseguirlos o hasta que su esperanza se vea doblegada.

Cuando la ilusión desaparece, el ser humano muestra su peor cara, polarizándose aún más en momentos de tensión como los que se viven en la película. No existe nada más peligroso que un hombre rendido a las circunstancias.

En 28 días después, Jim representa la esperanza, aguardando ante un posible rescate del que él está convencido, y es gracias a ese afán que nunca cesa en su lucha, no pierde sus valores, adaptándolos a un mundo en el que ya no existen las reglas conocidas hasta la fecha, un lugar en el que el mayor objetivo y timón de nuestra sociedad no sirve para nada: el dinero.

En el trepidante inicio se nos explica la nueva sociedad sin necesidad de mediar palabra, lo que era importante ya no lo es y Jim ha de adaptarse a un nuevo mundo si quiere sobrevivir. Un lugar que ha sufrido un impacto de incalculables dimensiones y en el que ya nada es igual, las prioridades se han visto alteradas en su totalidad.

La enorme humanidad de Jim, su fuerza interior es lo que Boyle pretende que supure su filme y lo consigue: a pesar de tratar sobre un posible fin del mundo, la película desprende un aroma de esperanza y fe en la raza humana. Representada en todas sus vertientes, se elige una defensa de la misma, apelando a la bondad de Jim, imponiendo su moral y valores ante los de figuras que, supuestamente, han de tener una moral inquebrantable como es el caso del ejército.

La película es un canto al hombre de a pie, a las personas que en un mundo “corriente” son uno más pero en situaciones extremas se tornan en héroes inesperados e involuntarios.

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Deshumanización

Garland crea un amplio ramo de personajes en el que encontramos todas las reacciones posibles ante el hecho del fin del mundo. En algunos casos los protagonistas deciden seguir adelante y sobrevivir en un mundo que no les agrada, sin perder su personalidad, mientras que en otros se produce un proceso de deshumanización.

Es tremendamente interesante ver cómo una figura que en nuestra sociedad provoca seguridad y protección puede perder dichas características con celeridad; los personajes que más miedo suscitan no son los infectados sino los miembros de ejército que con la promesa de protección y una cura para el virus atraen a la población a una base nada confortable.

En lugar de ayudar a sus invitados provocan el momento de mayor terror del filme, cuando los protagonistas creen que han hallado un lugar en el que, por fin, poder reposar, bajan la guardia y es en ese momento cuando, la mayor amenaza de la película y del mundo actual muestra su rostro. El ser humano en su vertiente más desvirtuada entra en acción, dando a lugar a escenas extremadamente turbadoras.

La vida en un mundo apocalíptico suscita la creación de algunos sujetos completamente deshumanizados, aquellos que sucumbiendo a sus más bajos instintos acaban por maltratar a mujeres y a no tratarlas como seres humanos, perdiendo la cordura y sentimientos que se le atribuyen al ser humano.

En el ejército encontramos una total y completa falta de humanidad, han dejado de lado el raciocinio para vivir como animales cuyo único propósito es luchar, dormir, comer y reproducirse.

A ese grupo llega Jim, que jamás pierde ni su humanidad ni su esperanza en un mundo mejor, gracias a esto se puede enfrentar a ellos. No tiene sus enseñanzas ni formación para la guerra, pero conseguirá hacerles frente gracias a sus características humanas. Este contraste es el arma principal de Boyle para defender a la humanidad, alegando que siempre habrá ejemplares que se esfuercen por mancillar a la especie, pero el triunfo será para aquellos que muestren su integridad y valores.

Por tanto, en este mundo que según algunos acabará este mismo año no hemos de perder la esperanza en que la raza humana encontrará una salida para perpetuar su existencia.

Escribe Sonia Molina

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