Realidad aumentada

  14 Mayo 2021

De platós virtuales a la caverna mediática

caballero-bonald-0Nunca he tenido demasiado claro si eso de la «realidad aumentada» es lo que hacen Trancas y Barrancas en El hormiguero (Antena 3), o una descalificación hiperbólica de lo que se exhibe en las televisiones. Sin pretender deshacer disyuntiva tan conspicua, manifiesto mi desasosiego ante la apuesta que los ideólogos de la industria audiovisual han hecho por la realidad aumentada. Así, en sentido literal. De hecho, cuando se contempla la pequeña pantalla tumbado en el sillón, lo que fluye es un relato sin fin en el que la vida de la ciudadanía se relega a simple excusa.

Y estando de esta guisa, escucho una reflexión del escritor y poeta Caballero Bonald en Imprescindibles (La 2), dedicado a su trayectoria vital y literaria. Ante la repleta biblioteca de su casa dijo, más o menos, que una buena parte de la literatura actual no le interesaba demasiado. Actitud que apoya con el argumento de que ahora se ofrecen relatos tan simplificados en su estructura que solo pueden interesar a «simples e incompetentes». Por cierto, ¡qué rápidos de reflejos estuvieron los responsables de TVE! Para la noche de ese domingo estaba programado El gran mercader del Rock and Roll, pero se emitió el de Cartas desde Argónida. Precisamente en la mañana de ese domingo había fallecido el escritor gaditano.

Hay varios factores que podrían estar contribuyendo a la mencionada simplificación de los relatos con los que las televisiones nos presentan la «realidad». Uno de ellos, sin duda, es que la mayoría de los informativos (primero Antena 3 y luego TVE), aunque no solo, se desarrollan en platós virtuales. Esto es, espacios de realidad aumentada recreados con luces y sombras. Allí sólo es real la presentadora o presentador que oficia la liturgia informativa siempre a las mismas horas de cada día. Reales o avatares, son personajes que se mueven como si estuvieran flotando en la ingravidez de la simulación. Tampoco llevan ya papeles en la mano, prueba de lo verosímil, sino un artilugio minúsculo que les permite activar el efecto óptico acorde con los hechos aludidos informativamente.  

Durante los días siguientes al decaimiento del estado de alerta, pudimos ver en los informativos a las muchedumbres desatadas celebrando en plazas y playas el advenimiento del nuevo orden. Pese a la gravedad sanitaria del momento, una parte de la ciudadanía, saltándose todas las normas, celebraron el final del encierro cual noche de fin de año. En unos programas se presentaba como la prueba palpable de la mala educación e insolidaridad de la juventud, apelelados como están por la ley educativa del sanchismo. Los analistas más afinados, como Ramoncín en Liarla Pardo (La Sexta), advertían que entre los jóvenes había mucha otra gente que nada les emparentaba ya con aquella etapa de sus vidas.

A propósito de esos hechos, pudimos ver en el informativo de La 1 o en el de Tele 5, a través de una rendija abierta en el tercio central de la pantalla de TV, a gentes beber y bailar en zonas tan emblemáticas como la Plaza Mayor de Salamanca, la playa de la Barceloneta o al lado del Clínico de Madrid. El formato de la imagen, además de poco profesional, nos convierte a los telespectadores en mirones chismosos. ¡Como si estuviéramos detrás de la cortina de nuestra alcoba! Son imágenes de procedencia no siempre clara y poco pertinentes en programas informativos comprometidos con hechos. Más bien se manejan como el necesario ingrediente estético para crear un relato sobre la realidad aumentada con una puesta en escena espectacular. Un relato que nos solicita ser cómplices no teleespectadores razonables.

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Otro tanto sucede cuando se observaban las imágenes de la calle Génova del pasado día 4 de mayo por la noche. Solo se puede entender que hubiera tanta gente concentrada allí a esa hora de la noche si se toma como realidad aumentada. Y a ello contribuyeron también las desafortunadas declaraciones del Sr. Monedero y de la vicepresidenta, la Sra. Calvo, pero que no repetiré aquí por decoro y para no dar más vida a lo que nunca debería haberse producido. Otro tanto puede decirse de la bochornosa rueda de prensa del autoproclamado dúo Pimpinela (alcalde de Madrid y delegada de Gobierno de Madrid). Ejemplo preclaro de la realidad aumentada y multiplicada a través de las redes sociales. A todo esto, ¿por qué en estos casos no se rotulan las imágenes con eso de «estas imágenes son muy duras y pueden herir su sensibilidad democrática»?

En la primera entrega de la nueva temporada de Salvados (La Sexta), el osado periodista Gonzo se empotró en el equipo de campaña de la entonces candidata Díaz Ayuso. El formato ya está un poco manido, pero había interés en comprobar si nos desvelaba cómo es en las distancias cortas. Si más no, al menos confirmamos que la presidenta tiene mucho desparpajo y además es pura realidad aumentada, puro relato creado por y para el pueblo. Hasta nos desveló, como idea política, que ponía ella misma la pegatina con el logo de su comunidad en las mascarillas que usa. Y lo dijo a pesar de que en las normas de uso se prohíbe todo tipo de manipulación.

Un punto ingenuo, Pablo Iglesias, materialista irredento, hizo pivotar toda su campaña sobre la realidad, digamos que la más real. Por eso fue de plató en plató explicando cómo la veía él, lo cual le produjo bastantes desavenencias con quienes ofician en los grandes templos de la realidad aumentada: Ana Rosa Quintana, Vicente Vallés, Antonio Ferreras o el Espejo público de Susanna Griso, entre otros programas como el controvertido de la Ser con Angels Barceló. Disculpen ustedes que no hable de La hora de La 1 (TVE), al que también acudió el Sr. Iglesias, pero tiene una audiencia tan baja que casi nadie se enteró de sus reflexiones. 

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El especial de la noche electoral, con gran despliegue de medios y con la seriedad informativa de Ana Blanco y Xavier Fortes, no superó la cuota de pantalla del 8%, bastante menos que Antonio Ferreras en La Sexta o en Antena 3. Casi como los programas culturales de La 2, incluida La Aventura del saber que durante algún tiempo fue presentado por el actual presidente de la corporación. La verdad que el Sr. Pérez Tornero no va a tener nada fácil remontar estos resultados de audiencia, como tampoco tendrá fácil formar un equipo potente y cohesionado con el que dirigir RTVE. No olvidemos que la realidad aumentada es incompatible con la institución.

Circunstancia que confirman la última decisión del Sr. Trump destituyendo a Liz Cheney, la sombra de Puigdemont oscureciendo la operatividad del Parlament o la de la Sra. Ayuso nublando la casona de la Puerta del Sol. Lo que no sabemos es qué pasará cuando el Sr. Iglesias, ya sin coleta, se dedique a «apretarle las tuercas al gran capital» desde un programa de TV. Pues según apuntan los más tóxicos de la «caverna mediática», será en una de las cadenas de Don Jaume Roures. ¡La continuidad del espectáculo está garantizada!

Tengo que cerrar el texto y se me había olvidado decir que eso de la realidad aumentada no se nutre de ocurrencias más o menos ingeniosas. ¡Nada de eso! Es fruto y consecuencia de algoritmos diseñados para analizar el comportamiento de las audiencias ante las pantallas (Big Data, dixit). Para entendernos: la bronca entre los presentadores de Pasapalabra (Antena 3) y el repuesto Precio justo (Telecinco) es la dosis prescrita de realidad aumentada para mantener el negocio de la televisión.

Escribe Ángel San Martín   

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