El mondongo

  07 Mayo 2018

Del Bigotes a las noticias del futuro

roberto-braseroHace unas semanas en las tertulias televisivas hacían gorros y chirigotas con la palabra «mondongo». Pese a su evidente referencia culinaria, fue en sede judicial donde El Bigotes la puso en circulación. Según el propio testimonio, con este término se referían al trasiego de dineros de curso legal pero en operaciones corruptas. De manera que el mondongo iba y venía, en generoso caudal, por un triángulo infernal de empresarios, intermediarios y políticos.

La polisemia de la palabra en cuestión, es tan rica que, con permiso de la RAE, la utilizo como metáfora para referirme a los tiempos que vivimos. Su plasticidad semántica nos permite incluir fenómenos sociales de enorme relevancia puesto que afectan a instancias vitales de la convivencia colectiva. Es imposible esquivar con el mando a distancia el mondongo informativo en el que se convierten movilizaciones de las y los pensionistas, la censura de libros, de obras de arte y de canciones, de las reivindicaciones de género, de las agresiones a menores, el repudio a los inmigrantes y, por si no fuera suficiente, más mondongo cuando se nos habla del paraíso prometido de las redes sociales. 

Menos mal que tras la pertinaz sequía de la época de don Mariano Medina, hemos pasada a la lluvia de alivio caída durante estas semanas. Dicho sea con todos los respetos para los grupos de interés antes aludidos, pero la sección de pronóstico del tiempo es lo más divertido e informativamente creíble de la tele. No sólo ilustran sus comentarios con imágenes enviadas por los telespectadores, sino que además hacen comentarios y observaciones sobre los asuntos y situaciones más increíbles. A este respecto cito a Don Roberto Brasero que, en el plató circular de Antena 3, borda su cometido.

Me atrapa ante la pantalla pensando que en cualquier momento se va a estampar contra la pared de mi comedor, y todo por perseguir la borrasca que acaba de entrar por la cornisa del noroeste. De inmediato se vuelve corriendo hacia el estrecho de Gibraltar, porque desde allí le han enviado una foto en la que las olas acosan con virulencia a un mercante. Bueno, no queda claro si las olas son provocadas por el tornado o por las lanchas guardacostas dispuestas a abordar al mercante que llega cargado de «fariña».

El agitado Roberto hace así un guiño promocional a la serie de su cadena que tan buena acogida está teniendo: Fariña (Antena 3). Pese a que algunos especialistas han comentado que la serie personaliza/ensalza en demasía a traficantes y agentes del orden, dejando en un segundo plano a las víctimas y las circunstancias sociopolíticas nacionales e internacionales que favorecieron el espectacular crecimiento del tráfico de drogas denunciado en la citada serie. 

Pero no perdamos la textura ni la referencia del mondongo. Se nos satura con tantas informaciones de tinte negativo, que uno ya no sabe dónde refugiarse. Particularmente cuando se advierte que detrás de todas ellas no hay más que disputas entre individuos, cuya resolución la fían a circunstancias imprevisibles. Casi nunca aparece el Estado, con sus tres poderes, para tratar de poner orden. Al contrario, las televisiones nos muestran a personajes peleándose como fantasmas por una ración de mondongo. 

Atónitos nos quedamos cuando la ministra del ramo les dice a los jubilados que si disponen de una casa en propiedad, ésta ya forma parte de su pensión. Argumento que TVE repitió una y otra vez dando a entender que los jubilados están bien capitalizados, mientras que, por ejemplo, en La Sexta, la frase les sirvió para reconvenir a la osada ministra. Por las mismas, el ministro del interior acudió a hacerse una foto en la capilla ardiente del niño asesinado en Almería. Para unas cadenas es la visibilización del apoyo de los cuerpos y fuerzas de seguridad, mientras que para otras no es más que una manera de alentar la iniciativa legislativa sobre la «prisión permanente revisable».

Cuando la televisión nos muestra imágenes de alguna víctima, cuando aún estaba llena de vida, entonces se hace palmaria la sensación que el Estado ha sido desbordado y sólo le queda el lugar reservado por el protocolo para una foto. Ausencia que se convierte en más lacerante e indigesto mondongo en las tertulias televisivas de la mañana, especialmente llamativo es el tratamiento de estos casos en el Espejo público (Antena 3). Por no hablar de la falta de tacto de todas las televisiones en relación a los mensajes sobre el fallecimiento de un inmigrante en la plaza de Lavapiés de Madrid. Una vez más cabe preguntarse dónde estaban las instituciones y los poderes del Estado.

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En medio de tanto desconcierto, ya casi nada puede sorprender. ¿Qué decir cuando unos manifestantes les piden a otros que retiren los símbolos y banderas de los sindicatos? Por lo que parece de los sindicatos ya no se aprecia ni sus símbolos, quizá por ello en los informativos de televisión ya ni los mencionan. Si esto sucede en las reivindicaciones de pensionistas o en las del ocho de marzo, cómo Opel o Amazon, entre otras, no van a imponer las condiciones de trabajo que más le convenga a su accionariado.

Mondongo bien cocinado el que se ha montado Cristina Cifuentes con su máster. Pero el otro día, en el informativo de la noche, La 1 pasaba de puntillas por el expediente académico de la presidenta madrileña. Eso sí, se aplicaba a fondo contra los responsables del Ayuntamiento de Madrid por lo de Lavapiés. Sin embargo, en Telecinco, Pedro Piqueras pasó rapidito sobre lo del popular barrio madrileño, para detenerse en los detalles más escabrosos y contradictorios de Doña Cristina y, ya de paso, darle un buen toque a los mandatarios de la Universidad Rey Juan Carlos.

Por lo visto no es suficiente trampear las cuentas, ahora abren la veda contra las instituciones académicos. Y es que están dispuestos a no dejar títere con cabeza. A todo esto, ¿de qué no serían capaces si no fuera que se declaran defensores incondicionales de «España»? El problema es que en el camino están convirtiendo en mondongo los poderes del Estado, los sindicatos de clase y ahora también al resto de aportaciones de la modernidad.

Tanto desatino ya no nos lo hace comprensible ni Patricia Conde y Ángel Martín en su recién estrenado WifiLeaks: Noticias del futuro (Movistar +). Bueno, tal vez hay otro ejemplo: en el precipitado final de la temporada de Cuéntame (La 1), vimos cómo para curar la promiscuidad del mayor de los Alcántara recurren a un psicoterapeuta que le recomienda superar el pasado, igualito que lo de El Bigotes. Con tan ingenioso giro argumental, ha sido sin duda una buena decisión cerrar temporada con la incógnita del «bombazo» en Barcelona.

Escribe Ángel San Martín

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