Historias en la tele (junio 2008)

  22 Junio 2008

Escribe Ángel San Martín Alonso

amar_en_tiempos_revueltos2.jpgPor más vueltas que le doy no sabría explicar por qué me resulta más graciosa y convincente la historia de la televisión que la versión televisiva de la Historia. Supongo que será un problema de neuronas encasquilladas.

No en vano desde el pupitre nos acostumbramos a ver la Historia en libros gordos, plagados de fechas y nombres de gente rarísima. Casi siempre cubiertos por extraños disfraces y con el ceño amenazante buscando pelea. Sin embargo, la historia de la tele te la ofrece ella misma en fragmentos plagados de escenas amables y gente conocida.

Lo llamativo de este momento es que las televisiones, al menos las públicas, programan abundante ficción con argumento histórico y no sé si también pretensión historiográfica. Un colega de instituto me decía, no hace mucho, que esas series eran “pura bazofia con pretensiones revisionistas para entretener al vulgo”. Lo inapelable de semejante juicio me llevó a debatir la cuestión en otras tertulias igualmente informales.

amar_en_tiempos_revueltos3.jpgEn esta ocasión una profesora reconocía utilizar algunos fragmentos de estas series para contrastar la versión que de la época se da en los libros de texto, o para ilustrar cómo vivía el pueblo llano de entonces. En cualquier caso, las reticencias eran abundantes respecto a esta forma de presentar la Historia, máxime cuando la opinión pública está siendo interpelada por el desenterramiento de cadáveres en las cunetas, la reclamación de derechos legítimos por parte de colectivos republicanos y, desde el poder legislativo, la Ley de la Memoria Histórica.

Al tiempo que todo esto sucede en el entorno social, las televisiones programan series de ficción con éxito notable de público y división de opinión entre la crítica. Por lo que se refiere a TVE, Amar en tiempos revueltos sigue con su cansina trama, de la misma factoría salió la primera entrega de La señora, y en los estudios se continúa con las peripecias de la familia Alcántara de Cuéntame cómo pasó. La televisión autonómica valenciana, entre otras, mantiene también un espacio de ficción histórica como La Alquería blanca.

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Como he dicho, no sabría explicar a qué responde el éxito de estas series sobre el pasado. Pero una explicación posible, se la escuché en la radio a Ken Follett cuando se interesaban por el éxito de sus novelas. Uno de los periodistas le preguntó si la gente leía sus novelas para huir del presente y refugiarse en el pasado. La moderadora de la entrevista terció diciendo que quizá fuera porque la generación actual de lectores estaba especialmente interesada en conocer el pasado. Ante lo que el exitoso novelista contestó: “en las novelas prevalece la recreación literaria sobre el rigor documental, porque no son historia sino ficción. El que le interese a la gente este tipo de literatura es, sobre todo, una cuestión de las estrategias comerciales de las editoriales que saben poner de moda en cada momento un tipo de literatura”.

cuentame2.jpgTras semejante contestación no me quedaron demasiadas ganas de seguir dándole vueltas al éxito de las teleseries con pretensiones historiográficas. En todo caso resaltar que éstas sitúan la acción y a los personajes en una clase media sin perfiles políticos claros, facilitando así la identificación de la audiencia. Los vecinos entrelazan sus vidas con los quehaceres y preocupaciones cotidianos, sólo alterada por la entrada en escena de un personaje malo malísimo que paga con su vida el haber intentado interferir la vida de tanta alma cándida. En el trayecto nunca aparecen razones ni personajes con poder para trascender el costumbrismo o destino que entreteje la vida de quienes aparecen en la pantalla.

Eso sí, el tiempo de la ficción lo hacen coincidir con el real del telespectador, para éstos adviertan que entonces también había navidad, época de primeras comuniones o “manis” el uno de mayo.

cuentame3.jpgPero el afán televisivo por la ficción no se agota en el pasado, también hacen lo propio con el presente, quizá para desvelarnos el futuro. Me refiero a que acontecimientos de la actualidad como el asesinato del alcalde de Fago o del corrupto comisario de Coslada (Madrid), también son abordados desde la ficción televisiva.

No importa que el procedimiento judicial esté por concluir, es más gratificante que el pueblo conozca por boca de los juglares catódicos quiénes fueron los culpables y quiénes las víctimas que esperar a que la sentencia sea firme, porque entonces, con el atasco de los juzgados, ya no vivirá nadie para escuchar a la justicia ni honrar la memoria de los muertos.

Bueno, salvo si reponen la serie. Por cierto, ¿cómo no se habrá hecho ya una telenovela sobre la corrupción urbanística? Mucho me temo que en este campo el ingenio de los guionistas no llega tan lejos como el de los presuntos protagonistas.

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