La TV como suceso (mayo 2008)

  21 Mayo 2008

Escribe Ángel San Martín Alonso

chiki-1.jpgLa irónica y harto polémica frase de McLuhan afirmando que “el medio es el mensaje”, tendremos que seguir rumiándola con polémica incluida. La contumacia de los hechos no nos permite relajar la mirada sobre el medio.

Todo lo que rodea a la canción eurovisiva de El chiki chiki o el auto judicial sobre la demanda de Telma Ortiz, por aludir a los dos casos más recientes, nos remite al pensamiento del comunicólogo canadiense. Los dos sucesos son creados por la televisión, los dos se dirimen en la “jurisdicción” televisiva y ambos son consumidos con la satisfacción del estómago insaciable. Ahora bien, ¿es así porque no hay otra cosa en las telepantallas o porque es eso lo que demandan las audiencias?

Las dos referencias de actualidad traídas a colación, sólo tienen en común el haber sido engendradas por y para el medio televisivo. Lo lamentable de ambos es que sus variantes, alguna de ellas relacionada con derechos fundamentales, quedan ocultas en el espectáculo del suceso. Lo noticiable no es lo que le pase a la ciudadana Telma Ortiz, ni cómo funciona el caduco festival de Eurovisión, sino el espectáculo que las televisiones crean en torno a lo que ellas convierten en suceso.

telma-1.jpgEstos días es imposible encontrar algún canal, de entre los de mayor audiencia, en el que sus propios “analistas/periodistas” no sigan mareando la perdiz con los dos asuntos aludidos. La autorreferencialidad de la televisión llega a tal extremo que ya sólo parece existir la TV como suceso. Lo cual, dicho sea de paso, no está nada mal porque no hace falta que suceda algo excepcional en la vida real para degustar la sobredosis diaria de dramas televisivos. El problema es que en el llamado mundo real de los y las telespectadoras hay guerras, tragedias y también acontecimientos altamente satisfactorios, aunque de ellos se hable poco o nada en las telepantallas.

Cuando la televisión crea un “suceso” a partir de retazos de la realidad, lo hace con todos los ingredientes melodramáticos.

Primero le ofrece al público una pareja protagonista con héroe y antihéroe (Telma vs. Paparazzis o Chikilicuatre vs. Massiel).

Luego se plantea un nudo de imposible resolución: ¿la imagen de Telma es pública o le pertenece a ella?, ¿es habitual en festivales como Eurovisión la compraventa de los votos?

Lo tercero es diluir y confundir los límites éticos, jurídicos y artísticos –para referirnos a los dos casos que nos ocupan– y así asegurar que el nudo no tiene desenlace. De esta manera las productoras pueden mantener el culebrón hasta que la audiencia abandone, salpicado todo ello con episodios secundarios aportados por las demás televisiones. Es la función enfática y de redundancia que cumplen a la perfección los abundantes programas de zapping emitidos por las distintas cadenas. Pura autorreferencialidad y recurso narrativo para distanciar más al suceso de sus claves existenciales y situarlo en el plano televisivo (La Sexta les restriega a las demás televisiones el éxito de El chiki chiki, mientras que los periodistas de la telebasura reivindican su profesionalidad informativa ante la “censura previa” reclamada por quienes no creen en ese juego sucio).

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Así las cosas, y mientras dure este estilo de hacer televisión, bueno será que empecemos a buscar alternativas al consumo del ocio.

Pero mucho me temo que esto no sea suficiente, habrá que ir un poco más allá. Y no es suficiente porque, como señala el sociólogo Bauman, esta forma de hacer televisión está recortando las libertades individuales y colectivas. Por la vía de la seducción quedamos atrapados en un relato cuyo principal atractivo es ocultarnos la realidad circundante, ocupándonos en sus creaciones aunque sean intrascendentes para nuestras vidas. Sutil procedimiento que deben aprender los más pequeños de la casa.

Quizá por ello esta semana dos programas tan distintos como El diario de Patricia (Antena 3) o Ya te vale (La 1), se dirigiera a ellos para hablarles de la “magia” del medio televisivo. ¡Esto sí que es hacer pedagogía audiovisual!

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