La temporada

  06 Octubre 2019

Las series lo invaden todo

juego-de-tronos-1Hace unos días, en una librería, me llamó la atención el júbilo con el que unos jóvenes ojeaban un libro muy gordo. Medio de reojo alcancéL a ver que el título del libro aludía a las 100 mejores series de TV. Los chavales emitían con alborozo juicios y comentarios sobre personajes, actrices y actores, tramas, desenlaces y todo lo que se les ocurría a propósito de los diferentes títulos. De sus comentarios me impresionó la precisión con la que hablaban de la temporada o temporadas que habían visto o se estaba emitiendo de cada serie. Me pregunté con asombro cómo habrían podido disponer del tiempo suficiente para ver tantas teleseries y a qué otras actividades se lo habían sustraído. 

Al decir de un conspicuo profesor de instituto y escritor hipermediático, los chicos y chicas de secundaria culturalmente están volviendo a la edad media. Interpreto semejante discronía en alusión al analfabetismo de la mayoría del personal de entonces. Por lo cual debían acceder a la cultura a través de los frescos pintados en los muros eclesiales. Hoy ya no hace falta mirar ni a las bóvedas ni a las paredes, en sus manos llevan alguno de los dispositivos que les ofrece un flujo inagotable de imágenes de todo tipo. 

Nada de todo esto puede ya sorprendernos, pero después de ver a esos chavales en una librería me entró una especie de calambre neuronal y sobre todo mucha ansiedad. Y es que durante este mes de septiembre, todas las televisiones y en cualquier momento del día, aludían insistentemente a la temporada que empezaba o terminaba tal o cual serie.

Las crónicas del festival de TV de Vitoria (FesTVal), de finales de septiemre, solo parecían hacerse eco de las series de ficción programadas en unas y oras cadenas, o de las temporadas que llevan en antena. En la gala de los Emmy 2019 se despide con menos premios de los esperados a la exitosa Juego de tronos, los reconocimientos se dirigieron a recién llegadas como Locos de amor por Fleabag o Chernobyl.

Todos estos indicios apuntan a que estamos ante una nueva estrategia de distribución de los contenidos televisivos en torno a «la temporada». Así, nos encontramos ante una poderosa unidad de medida del consumo cultural. El flujo audiovisual que emana de la televisión y de las pantallas colindantes, se consume ahora siguiendo el patrón de la temporada. No importa tanto su valor estético, dramático ni siquiera el contenido abordado, lo que cuenta es el episodio en el que se inserta tal o cual referente y el engarce de todos ellos en una temporada a la que sucederán otras muchas, si los datos de audiencia así lo aconsejan.

Con ser grave el fenómeno apuntado, lo que más desazón me produce es pensar que eso a lo que llamamos realidad ahora también se nos presenta troceada en temporadas. Como si las novedades que proporciona el día a día hayan de mostrarse siguiendo la lógica narrativa del empaquetado en temporadas. Con el primer episodio del desastroso temporal de agua y tornados, inauguramos la temporada de cambio climático presente en todas las cadenas de televisión. El nombre de la protagonista ya lo conocen y su pique con el monstruo amarillo de USA también, pues tanto los medios convencionales como las redes sociales se ocupan de ofrecernos primicias de los episodios.

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Los informativos de TV, lo presente David Cantero o Ana Blanco, acaban siendo un episodio de la temporada de la ficción de villanos y policías buenos que nos acompaña últimamente. Cada vez es más difícil establecer distancia crítica entre lo que aparece en la primera temporada de Malaka o Estoy vivo (La 1), Policías en acción (Antena 3) o con el inminente estreno de Brigada Costa del Sol (Tele 5). Con la manifestación violeta del 8-M se ha producido algo parecido, al menos yo no puedo evitar mirar con esta clave series como La otra mirada (La 1), Las chicas del cable (Netflix) o Señoras del (H)ampa, de quita y pon en Tele 5.

Esta misma sensación aparece en la pantalla cuando a lo largo del mes de septiembre anuncian la puesta en marcha de las nuevas temporadas de los talent shows o lo que sean. Ahí tenemos los espectaculares arranques de la GH, La voz, MasterChef o la OT de TVE que para la próxima temporada tuvo que seleccionar a unos pocos entre miles de aspirantes.

Este afán por meterse en alguna temporada de algo, debe ser la versión audiovisual del síndrome de Estocolmo. Si se observa cómo se dan las noticias sobre la situación política catalana, se descubrirá su estructura en temporadas. Atrás quedaron ya la del 1-O, la de las elecciones autonómicas y la constitución de su gobierno y ahora todos los medios, con independencia de su línea editorial, nos anuncian nueva temporada de thriller político sobre la «sentencia del procés».

Si todo lo que he comentado hasta aquí tiene sentido, comprenderán que me resista a hablar de la «campaña electoral». Esta es una cita puntual y, por tanto, sin demasiado valor como serial. Más bien nos aproximamos al estreno de la tercera temporada de elecciones generales. Si se han dado cuenta, sus actores y actrices, van de plató en plató desvelando pequeños detalles de los argumentos que aparecerán en los diferentes capítulos de esta temporada. Pese a las críticas que se les hace por llevarnos a esta situación, no paran de ofrecer entrevistas y debates en las distintas cadenas de TV. Lo que importa no es tanto lo que dicen, sino la tensión que los medios crean con formato de teleserie para entretener al personal. Por cierto, el desenlace no se conocerá el 10N, como buena ficción el final será imprevisible. Como también se desconoce el desenlace de la serie de jueces y letrados persiguiendo por plagio a Pasapalabra (Tele 5). 

Antes nos preocupábamos por el análisis ideológico de lo que se decía o dejaba de decir en la tele. Ahora lo prioritarios es evitar que nos conviertan en temporeros de las temporadas televisivas con la ficción de nuestro día a día. Menos mal que, según la reciente encuesta del ministerio, los jóvenes leen más, ven menos TV, piratean poco y más de la mitad están enganchados a las plataformas. ¿En la edad media se lo pasaría así de bien?

Escribe Ángel San Martín

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