El detalle

  02 Enero 2019

De Trump al teléfono al discurso de Felipe VI

trump-llama-ninaTermina un año, uno más, en el que cada día nos ha sorprendido informativamente con una “gran noticia”. Es posible que se le dé esta dimensión para así borrar el rastro de la precedente. A esto le llaman posverdad y si se convierte en ficción durante muchas temporadas, entonces es una teleserie. Quienes estudian el fenómeno hablan del cambio radical en los modos de ver la televisión, tanto si se trata de millennials como si son pensionistas. Nosotros, sin embargo, queremos rematar el año fijándonos en detalles.

Hace unas semanas se produjo el execrable asesinato de una persona justo cuando empezaba su vida: Laura Luelmo. También su vida como profesora de instituto en una pequeña población de Huelva. Como viene siendo habitual, los programas televisivos de cotilleo no perdieron ni un minuto para especular sobre la desaparición de la profesora que, según se decía, había salido a hacer deporte. Tras los primeros días de búsqueda, comenzaron a circular posibles sospechosos. Pasadas unas pocas horas más, la policía detiene a un vecino del pueblo como principal sospechoso.

De este personaje se contaron de inmediato obras y milagros, incluso se aventuraban hipótesis sobre cómo podría haberlo hecho. Se mantenían en la sombra, no obstante, algunos datos de su vida. En esta coyuntura aparece el detalle que da luz a lo que va del cinismo a lo políticamente correcto y viceversa. Hablando de la familia con los vecinos, muestran un plano fugaz con la pintada en la pared del fondo en la que se leía: «gitanos fuera». El plano, de unos pocos segundos, apareció tanto en los programas matutinos de cotilleo como en los informativos de distintas cadenas.

A nadie se le oculta que uno de los focos informativos más caliente de los últimos tiempos es Cataluña. El asunto tiene la suficiente relevancia como para que se le dedique todo el tiempo que haga falta, sobre todo si es para difundir argumentos que nos permitan comprender lo que está sucediendo y la trascendencia política adquirida por dicho problema. Con este telón de fondo, me referiré aquí a un detalle que muestra bastante bien cómo se está tratando televisivamente el asunto.

El pasado 21 de diciembre, día que se celebraba en Barcelona el Consejo de Ministros y día en el que se esperaban grandes movilizaciones contrarias a esta iniciativa del Gobierno central. Desde las distintas tertulias televisivas como Espejo público (Antena 3) o Més 324 (TV 3), por citar dos, caldeaban el ambiente sobre la que se podría montar en Barcelona ese día. Todo un aluvión de magma informativo fluyó de los diferentes medios de comunicación. Las cámaras de televisión nos ofrecían imágenes del enorme despliegue policial ocupado en mantener la paz en la ciudad. Las imágenes se acompañaban de los más diversos y variados comentarios.

Estando de esta guisa una cámara del programa La Mañana (TVE), capta un plano detalle en el que se ve a una agente de la policía autonómica con algo amarillo en la culata de su pistola. Al repetir en bucle la secuencia de imágenes, lo más fácil era pensar que se trataba de un lazo amarillo portado por una agente de la autoridad. En ese momento tomaba café en un bar, hago esta observación para que me disculpen por no transcribir los comentarios proferidos por algunos de los presentes recostados sobre la barra del café matutino. ¿Era esta reacción lo que se pretendía provocar con tal imagen?

Tratándose de estas fechas no podía faltar una referencia al discurso navideño del Rey Felipe VI y transmitido por varias cadenas de televisión. Discurso que fue seguido, según los audímetros, por una buena cantidad de televidentes, aunque no con el mismo fervor en las diferentes comunidades autónomas. En el discurso hubo algunos detalles que compartiré con ustedes.

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Uno de ellos, tal como ya se había anticipado, es que aparecería la fotografía de la Princesa leyendo la Constitución. En efecto, el Rey y la Princesa aparecían en una foto colocada en el fondo del set. Pero lo que quiero destacar, si mi vista no me engaña, es que la foto no estaba puesta sobre una repisa sino sobre tres libros apilados sin demasiado orden. No importa demasiado ahora el contenido de esos libros, porque no es lo relevante. Pero sí avergüenza la desidia con la que se trata a los libros.

Al otro lado de la citada fotografía, dejando en medio una ventana, sobre un mueble aparecía un pequeño belén: lo formaban dos figuras y entre ambas otra más pequeñita. El detalle, aunque alejado del plano, dejaba clara la simbología. El problema está en si ésta es pertinente en un acto de la máxima institución del Estado. Con la que le está cayendo a la Casa Real, solo le falta poner otro caganer en su belén particular.

De todos modos el detallazo se lo ha marcado Donald Trump: llama a una niña de 7 años para felicitarle las navidades y le espeta eso de si a sus años sigue creyendo en Santa Claus. Especialmente simpático quedó el gesto de Vicente Vallés (Antena 3) cuando comentó la noticia y se paró en seco para no reproducir los comentarios de Trump que podrían atentar contra el secreto infantil mejor guardado. Definitivamente, ¡este tipo arruina todo lo que toca!

Para el nuevo año podríamos pedirle a los responsables del negocio televisivo que tengan un detalle con la ciudadanía: moderar en la programación el exhibicionismo, casi indecente, de los talents shows. Desde la perspectiva cultural resulta sonrojante cómo promocionan entre los jóvenes el negocio del espectáculo con programas como el de los «triunfitos» y el escandaloso Masterchef Junior de TVE o  La Voz de Antena 3.

Es difícil que reparen en semejante detalle, pues parece que la televisión va a despedir el año en dos versiones: en analógico las campanadas de siempre con presentadoras luciendo palmito pese al frío. Mientras que los más aventajados tendrán el mismo evento en digital a través de las respectivas plataformas de contenidos. Y como lo digital no se vende solo, TVE tiene el detalle de elegir para la ocasión a cinco influencers de Instagram. ¿Se puede ser más hortera?

¡Feliz Año!

Escribe Ángel San Martín

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