Servir y proteger

  13 Septiembre 2017

De atentados, huracanes, terremotos y policías

servir-y-proteger-2El ciclo vital de las programaciones de televisión se repite cada año, al igual que sucede en otros muchos ámbitos. Tras la aparente calma estival, llega el alumbramiento de los “nuevos” programas para la temporada entrante. Iniciativa que se anuncia a bombo y platillo por los diferentes canales, incluido el FesTVal de Vitoria que se celebra los primeros días de septiembre. Tras los estrenos, uno advierte que propiamente nuevo no hay casi nada.

Como mucho, podemos encontrarnos con la adaptación de algún espacio foráneo de ficción. Mientras que, la llamada “actualidad”, merece otro tratamiento. Ésta se condensa a partir de hechos y discursos que la televisión visualiza de modo atractivo. Durante estas semanas pasadas fuimos testigos televisuales del atentado en Las Ramblas de Barcelona, en Cambrils, del Huracán Irma, del terremoto en México, del veraneo que se pegan los y las famosas, de la ingente cantidad de dinero perdido en el rescate de los bancos, el bochornoso espectáculo en el Parlamento catalán o la tragedia de Siria y Afganistán.

Cada uno de estos acontecimientos, tiene en sí mismo relevancia suficiente como para ser tratado con sumo detenimiento. Sin embargo, la televisión sabe elevar la tensión dramática de los mismos: los ofrece en directo y con el acompañamiento de “testigos presenciales” (cuántas medias verdades se esconden tras este recurso narrativo), reporteros entre los disparos y la voz experta de comentaristas como Javier Sardá, José María Calleja o Nativel Preciado.

En definitiva, el tratamiento televisivo es muy semejante con independencia de la naturaleza del hecho. Da igual que sean las muertes provocadas por un atentado, los devaneos sentimentales de una pareja de famosos, la encarcelación de un corrupto o la expulsión “popular” de algún famosete de uno de los muchos espacios televisivos de encerramiento al estilo del gran hermano.

Del relato construido a propósito de los atentados de Cataluña (lo cual vale para los de París, Londres o Bruselas), me sorprendieron fundamentalmente dos cuestiones. La primera es que las televisiones presentaran como un éxito antiterrorista el que los mossos abatieran a casi todos los presuntos terroristas. Hasta pasadas algunas semanas no se ha empezado a hablar de actuación extrajudicial o exceso de celo profesional. Por aquellos días, las televisiones ofrecieron sin pudor imágenes en las que se veía y oía a unos jóvenes señalar y contar los cadáveres de los presuntos terroristas. Al margen de otras consideraciones, estos hechos, los reales y los televisados, frivolizan la muerte hasta extremos insospechados.

La segunda cuestión que me alarmó es que, mientras los mossos tomaban el control de las calles, las televisiones reconstruían su espectáculo entre las balas. Sin apenas datos sobre lo que estaba sucediendo, se delimitaba el bando de las víctimas y el de los verdugos. La falta de información solvente sobre lo sucedido, es lo que justamente más contribuye a incrementar el efecto social de la tragedia. De hecho los medios ensalzaron desde el primer momento las funciones y las figuras profesionales de quienes socorrían; estos es, de quienes actuaban reactivamente.

Al orientar en esa dirección la narración, obviamente queda en un segundo plano la profesionalidad de quienes realizan el trabajo preventivo, de quienes actúan proactivamente. No deja de ser llamativo el que una de las voces más lúcidas en todo esto, fue la de una mediadora social de Ripoll que había trabajado con alguno de los presuntos terroristas. Esta mujer, en El Intermedio (La Sexta) manifestó que estos chicos son víctimas y verdugos al mismo tiempo. Pedía que no se señalara a nadie como culpable de lo que estaba sucediendo, ni se tomaran palabras del Islam para justificar los actos criminales. En su opinión habría que contrarrestar las medias verdades con mucha más educación y respeto para vivir todos en paz. 

atentado-barcelona-1

Sin embargo, cuando se habla de “radicalización” ya se pone la señal en un lugar del que no hay retorno posible. ¿Por qué se insiste tanto en que son chicos “normalizados”, plenamente integrados por el hecho de vivir entre nosotros? Al mismo tiempo: ¿por qué no se analiza lo que está sucediendo con el reparto de las oportunidades en el interior de las sociedades de acogida? ¿Cómo es posible que unos jóvenes se dejen cautivar por unos mensajes hasta el punto de despreciar su vida y la de quienes les rodean?

El título que figura más arriba, Servir y proteger, es el de una serie presentada como novedad por TVE. En ella se aborda una temática muy presente en los medios de comunicación: la inseguridad, el miedo, el ejercicio de la violencia. Pero este título, aunque sea vagamente, remite también al de uno de los ensayos más conocidos de Foucault: Vigilar y castigar. Por un lado se fomenta el miedo y la desconfianza hacia los otros, para luego poner en marcha los dispositivos de vigilancia, sean gestionados éstos por quienes detentan el poder de modo legítimo y a veces de modo ilegítimo.

Uno de los dispositivos de autovigilancia más poderoso es, sin duda, la televisión. No sólo con el contenido de la actualidad, principalmente a través de series cuyos protagonistas recrean a eficientes agentes de los cuerpos de seguridad (series como Víctor Ros, Olmos y Robles, Estoy vivo, Grupo 2: Homicidios o Policías en acción).

Por una parte, podemos pensar que hay muchos riesgos pero, por otra, contamos a la vez con profesionales que se encargan de protegernos. Todo lo que hagan con tal propósito, estaría justificado moralmente. Un detalle: ¿no habría sido más razonable que las palabras de agradecimiento por la medalla concedida por el Parlamento de Cataluña las hubiera pronunciado, pongamos por caso, uno de los médicos de urgencias en vez del mando superior de los mossos con uniforme de gala? Los primeros salvan vidas, los otros ya vemos lo que hacen.

Resulta escandaloso cómo los poderes políticos y económicos toman el control de los canales para contar medias verdades, sea el tema que sea. De un modo u otro se censura a los periodistas o se les conmina a modular sus opiniones, se llamen Jordi Evole, redacción de RTVE, de TV3 o de Canal Sur. ¿Cómo vamos a profundizar en la ciudadanía democrática si nos filtran el flujo de opiniones y pensamientos?

Escribe Ángel San Martín

servir-y-proteger