Domingo, ¡milagro!

  05 Junio 2017

De la estrategia del silencio al Valle de los Caídos

donald-trumpPor el título adivinarán cuáles son los derroteros por los que me propongo transitar. No pretendo tanto sorprenderles como plantear una preocupación que se acrecienta con el paso del tiempo. Y es que el día dedicado al descanso y, por tanto, el día de romper con todos los hábitos nos lo están convirtiendo comunicativamente en el día del milagro.

En domingo, Pedro Sánchez derrotó a los infieles contra todo pronóstico; en domingo, el Real Madrid gana otra liga y en vísperas el Barça consigue una copa más de alguien en quien no cree. En domingo, Macron abduce el voto de una mayoría de franceses. Es el mismo día que en el resto del mundo siguen muriendo seres humanos inocentes, como el resto de la semana.

Esta especie de pseudo confesionalismo alcanza incluso a La Sexta, pues los domingos por la noche eleva su pistón de izquierdismo visual. La última velada dominical, sin ir más lejos, nos cautivó a muchos con el magnífico documental La estrategia del silencio, denuncia contundente de los obstinados silencios del poder que ejerce el PP. No obstante, detrás de esos silencios hay otros poderes que en el documental no salieron, pues apuntar al Papa, de visita en Valencia aquellas fatídicas fechas, no es ninguna novedad.

De manera que tanto el documental como la cadena que lo emitió refuerzan la idea avanzada más arriba: la confesionalidad nos envuelve como un banco de niebla cada vez más espesa. Las sombras que nos pone delante son fruto más de la fe que de la razón, más por la doble moral y la intransigencia que por la transparencia y la comprensibilidad de sus discursos.

A modo de aparición mariana, tenemos a la matriarca de la casa Pujol. Ni corta ni perezosa, se autoproclama madre superiora de la congregación. Desde tal condición, ordena traspasar los “misales” de una cuenta bancaria a otra. En su código parece querer decir que cada misal equivale a un millón de euros. La lástima es que no especifique el tipo de oficio religioso que se proponía patrocinar con tanto dinero.

Con motivo del atentado en Manchester, el periódico sensacionalista The Sun pone en primera página una imagen de la niña de ocho años, una de las veintidós víctimas fallecidas. Mientras que la mitad derecha de la portada la ocupaba el rostro del terrorista autoinmolado en el atentado. Más allá de algunas otras consideraciones, lo importante es que se introduce la información de un acontecimiento de actualidad con el primer plano de dos personas ya fallecidas. Pero al verlos en la portada de un periódico o de un telediario, es como si resucitaran para asociar a unos rasgos faciales la religión “mala” del que asesina y otros a la “buena” que es la de la víctima, aunque no lo haya explicitado.

Pero al tiempo que vemos esto, ha dado la vuelta al mundo esa otra imagen en la que un señor mayor, con complementos en su vestimenta que lo identifican como judío, ayudando a incorporarse en un parque de Nueva York a una anciana. La señora, ataviada con ropas árabes, estaba rezando. Lo que debería ser tan normal, resulta destacado hasta la saciedad en los informativos. El énfasis en noticias de este tipo convierte en casi milagroso lo que debería verse con toda normalidad, como es la ayuda entre seres humanos más allá de sus diferentes creencias religiosas.

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También en domingo, Donald Trump, tocado con una kipá negra, oró ante el Muro de los Lamentos en Jerusalen. El empresario metido a político, tras soltar un exabrupto en el cementerio del holocausto y sin mencionar la situación de Palestina, se va a visitar al Papa Francisco, con el que no debe tener demasiadas coincidencias, salvo la del inmenso poder terrenal. En el intercambio de regalos, Trump le entrega una edición especial de las obras de Luther King y el Papa las conclusiones de la Jornada Mundial de la Paz de 2017 y un medallón con una rama de olivo (símbolo de la paz). De modo que el acto protocolario se convirtió en un alegato en favor de la paz y contra el racismo.

Vamos, aparentaban ser dos desgreñados hippies, devotos del “haz la paz y no la guerra” de los años sesenta. En cambio, mientras aquéllos con sus protestas llamaron la atención sobre lo que estaba pasando en Vietnam, éstos no parecen hacer demasiado para impedir que se siga asesinando brutalmente a los cristianos coptos en Egipto o dejando ahogarse a miles de mortales en las costas de los ricos. 

De todos modos no hace falta ir tan lejos ni a hechos tan dramáticos para advertir del poder que ejercen las religiones instituidas. Ahí tenemos el bochornoso asunto de la querella contra dos periodistas de El intermedio (La Sexta) por hacer chirigotas con eso de El Valle de los Caídos. He visto el sketch varias veces y no lo encuentro tan ofensivo como para hacer intervenir al poder judicial. Bueno, ya, de esta manera se distrae su atención sobre los asuntos tan sumamente turbios que están pasando con la Fiscalía y algunos ministros.

Es inconcebible que desde cualquiera de las religiones, mayormente de la católica, se pretenda embridar la libertad de expresión ajena. Con la propia son más liberales, como ponen de manifiesto los comentarios del joven obispo de Solsona o los calificativos que sueltan desde 13TV. El prelado se descolgó con que los homosexuales lo son por haber carecido de una figura paterna fuerte. Este recurso al psicoanálisis no deja de ser un artificio retórico para hacer patente su machismo rampante y, de paso, su desconocimiento de cómo se construyen las identidades sexuales. Pero esto da igual, lo largó en la homilía del domingo y luego los medios hicieron el resto, todo menos llevarlo a los tribunales por ofender a miles de personas.

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La semana pasada el portavoz del Gobierno, de apariencia tan pulcra él, en la rueda de prensa tras el consejo de ministros, compara la Biblia con la Constitución. La diferencia que destaca el ministro es que la Biblia no se puede cambiar, mientras que la Constitución sí. Como si los catalanes independentistas, audiencia destinataria del sermón, desconocieran esta posibilidad, teniendo como tienen a la madre superiora que tan bien maneja los textos sagrados.

De hecho, Sor Ferrusola cambiaba capellanes y misales de una parroquia a otra con solo una genuflexión o, como mucho, una plegaria a TV3.

Lo cual pone de manifiesto que llevar la fe hasta el integrismo provoca desdoblamientos de la personalidad. En unos casos hasta la autoinmolación para colocarse en primera fila de algún ignoto cielo y, en otros, para venderle el alma al diablo a cambio de alguna distinción.

Por salud colectiva, es necesario exigir un discurso público laico, en todos los medios de comunicación. Y la misa de La 2, ¡a YouTube! Bueno, si Podemos no dispone otra cosa.

Escribe Ángel San Martín

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