El final

  03 Enero 2017

Las campanadas no cambian nada en televisión

carrie-fisherCuando llegan estas fiestas, todo parece tocar a su fin. Sólo hay que asomarse a la programación de televisión, para advertir que, paradójicamente, el final está próximo.

Cómo pensar otra cosa cuando Telecinco vuelve a ser la cadena más vista en 2016. Sí, la misma que nos ofreció hace unos días el docuesperpento Las Campos: mamá ya es navidad. En vez de hacerse un selfie y colgarlo en las redes sociales, meten en su casa las cámaras de Telecinco para ofrecernos el decrépito espectáculo de su comida navideña en familia. El problema es que ahora la casquería doméstica de las populares presentadoras se va a esparcir en forma de “momentazo” por el resto de la programación de Mediaset.

Y por si no fuera suficiente, también Telecinco inaugura a bombo y platillo la segunda temporada de Mi casa es la tuya, en la que Bertín Osborne intercambia confidencias con Raphael. Ya puestos, entra en “directo” el consuegro del cantante, el sin par castellanomanchego Pepe Bono que larga de lo lindo. Eso sí, todo queda en familia, incluso la cita entre los consuegros para comer y celebrar las fiestas, porque las familias bien avenidas, dicen, se ven por navidad.

Comento estos programas y la decrepitud que destilan, porque hace unos días escuché a un premio Nobel de economía decir que al Imperio Romano le llegó el final, entre otras razones, porque substituyeron la política por los placeres y las emociones. Esto es lo que da la impresión que se propone en programas como los citados o en otros de parecido pelaje. Con motivo de la “operación salida” y del incremento de la siniestralidad, en Más vale tarde (La Sexta), recurren a un psicólogo para soltar obviedades sobre los accidentes. Pero el mensaje latente era claro: los únicos responsables de cuanto sucede en las carreteras son los conductores, así que bienvenidas las sanciones, los puntos del carnet, los cursillos para conductores, etc.

No sé si este acoso al individuo o la insistencia de estar ante el final de algo, responde o no a malvadas intenciones. Sí me da la sensación que al potenciar este ambiente, uno acaba decidiendo echarse a la calle para comprar todo lo que se ponga por delante. Por si acaso no hubiera un mañana, démonos ahora mismo todos los caprichos.

Hace unos días, en el informativo de La 1, aprovechando la noticia sobre el fallecimiento de la actriz Debbie Reynolds, mientras preparaba los funerales de su hija Carrie Fisher, se liaron a relatar la lista de los fallecimientos ilustres del año en las diferentes disciplinas artísticas. Ante tanta desgracia, lo más razonable hubiera sido estampar el mando a distancia contra el informativo de la cadena pública.

Oficiaba el noticiario Pilar García Muñiz y, la verdad, podría haber puesto algo de criterio en la extensa pieza funeraria. Sobre todo después de haber leído en un suplemento dominical que los ejecutivos de las distintas cadenas las prefieren guapas y jóvenes para presentar los informativos. Lo cual, en opinión de Pepa Bueno (Cadena Ser) y Cristina Villanueva (La Sexta), representa una clara involución respecto a lo conseguido años atrás, tanto en cuota de pantalla como en cuanto a la credibilidad y enfoque de las noticias.

Sin embargo, el texto de la entrevista se ilustra con dos fotografías de varias de las magníficas profesionales que presentan las noticias en las distintas cadenas. Pero, como digo, ambas fotografías se hacen en la sala de maquillaje (?). En la página siguiente, David Cantero (Telecinco) opina sobre el techo de cristal en los informativos de televisión con una foto en blanco y negro sobre un fondo irreconocible. ¿Será posible que hasta la fotógrafa de esta pieza esté contra la justa reivindicación de las profesionales de los informativos?

Ya dijo el filósofo francés, de nombre Foucault, que el lenguaje es poder porque impone el orden del discurso. Las citadas periodistas manifiestan sus reivindicaciones y críticas al machismo imperante en los informativos, pero luego se coloca entre sus palabras un referente que desactiva en cierto modo la reivindicación. Bueno, no son fechas propicias para filosofar, aunque retomo la cita para tocar otro asunto preocupante.

la-voz

Si echamos mano de la memoria televisiva, recordaremos que en fechas recientes se hizo la gala del final de La Voz (Tele 5), se celebró como corresponde el final del Master Chef Celebrity (La 1), Raffaella Carrá volvió a RTVE por navidad y, por si no fuera suficiente, Juan Luis Cebrián contraprogramó en la Ser la promoción de sus explicaciones, en formato de libro, que no pudo o no le dejaron hacer en Salvados (La Sexta). Todo esto da la impresión, como digo, que nos dictan finales inexorables, ante lo cual nada se puede hacer.

Pero hemos de ser cautos y en vez de salir corriendo a pillar rebajas, prestemos un poco de atención al orden del discurso de la tele. Según dicen los expertos y comentaristas de los haberes televisuales, lo mejor en estos momentos son las teleseries. Dicho con otras palabras: la ficción televisiva. Pero, ¿cómo se fabrica en ella el final?

Frente a los finales inevitables de todo lo que se mueve por las televisiones y su entorno, las series nos ofrecen otra alternativa. Tanto en Velvet como en Mar de plástico (Antena 3), recientemente finiquitadas, el momento último no se dejó en manos de los guionistas. Se sometió a criterio del respetable el final que le querían dar a las series citadas. En Friends el suspense final se esconde hasta el último instante, pero en otras teleseries se pergeña a través de las redes sociales, Hawai 5-0, Breaking Bad o True Detective. Los ejecutivos de TVE, cuando a la audiencia no le gusta ni el principio, entonces son ellos quienes prescriben el final, como sucedió con La sonata del silencio (La 1). 

En cualquier caso, según el género televisivo más visto, los finales de la ficción no son inevitables, sino gestionados a voluntad del respetable. Pero no nos pongamos trascendentes, es el momento de disponerse a escuchar el final del año. Tampoco ustedes se rompan la cabeza para seleccionar la gala de las uvas. Da igual la cadena que elijan, todo les sonará a más de lo mismo. ¿O es que con el especial de José Mota, de Alberto Chicote o El club de la comedia, esperan algo nuevo para el año que empieza ya mismo?

¡Que lo disfruten!

Escribe Ángel San Martín

velvet