En funciones

  30 Octubre 2016

Coyuntura sociopolítica actual

network-rajoyParecería a primera vista que eso de estar “en funciones”, es proclamar de alguien que está a pleno rendimiento en su ámbito de actividad. Sin embargo, lo que se desprende del discurso publicado por los medios de comunicación, es todo lo contrario. Se dice que está ahí, pero está para no hacer nada. Lo cual es un poco complicado de entender, ¿no sería más razonable de quien ostenta semejante condición afirmar que es un “mantenido” o una “mantenida”? Seguro que con esta expresión todos entenderíamos mejor el sentido histórico del personaje en cuestión.

Una vez más las palabras que producen el discurso público, no significan lo que aparentemente expresan. Siempre hemos de darle una segunda o tercera vuelta para encontrarles el verdadero sentido. Y cuando esas palabras se utilizan para describir la coyuntura sociopolítica actual, con mayor razón hemos de desconfiar de ellas. Tal vez por este motivo, tanto quienes presentan los informativos como los analistas televisivos, se afanan en ofrecernos como “realidad” el referente de la palabra que a ellos o ellas más les gusta o más conviene a la línea editorial de su grupo de comunicación.

El otro día por la noche, Odón Elorza mostró un gesto de malestar ante la pregunta de Gonzo (El intermedio, La Sexta). Éste se interesó por si mantendría su “no” en la votación de investidura. El político le reprochó al reportero el que los medios se preocuparan tanto por el sentido de su voto, cuando lo importante es cómo están los militantes y votantes del PSOE o qué supone tener un gobierno presidido por el sr. Rajoy, dado lo que los investigados están declarando en los juzgados.

Es indudable que ante la inminencia del desenlace de casi un año de gobierno “en funciones”, el hecho se considere noticia del máximo interés. Así que las televisiones programan especiales para convertir a los telespectadores en testigos directos de la Historia. Sin embargo, lo que luego trasladan al respetable es el “frío” saludo en el Congreso entre Pedro Sánchez y el portavoz del grupo socialista Antonio Hernando. El gesto insultante de la sra. Cospedal, cuando Pablo Iglesias decía que había más delincuentes potenciales en los escaños que en la manifestación convocada para el sábado de la investidura. El tractor que el sr. Rajoy se propuso obsequiar al portavoz del PNV o los insultos del líder de Ciudadanos, lanzados por lo bajito, cuando desde la tribuna se le recomendaba recurrir a Google para entender el significado de la Cruz de Borgoña.

La crisis del modelo sociopolítico es más que evidente. Ahora bien, desde los informativos, los matinales, los especiales y las tertulias, sin mayores diferencias entre las distintas cadenas, todos ponen el énfasis en un eslogan muy parecido: la excepción es el espectáculo. Por estos espacios televisivos pasan los líderes y contralíderes (fieles contra traidores) de los partidos en liza. Acuden a los platós para lanzar mensajes en favor de su figura, no para exponer proyectos ante la crisis. Eso sí, siempre se les acompaña con un ejército de tertulianos dispuestos a desentrañar lo obvio.

A estas citas televisivas unos van porque presentan un libro escrito para la ocasión, caso del sr. Borrell. Otros acuden porque han venido a sembrar la concordia, como parece proponerse el presidente de la Gestora. También se dan a ver quienes no comparten del todo la convocatoria de “rodea el Congreso”, que es el lado del que parece estar el sr. Errejón. Las televisiones reclaman la opinión de quienes comparten la sentencia del Constitucional sobre los toros en la Monumental de Barcelona o disienten del gesto de romper ante las cámaras el auto judicial que anula el mandato de trabajar un día festivo. En fin, cualquier excusa es buena para llevar al plató a alguno de los personajes que, pese a estar en funciones, tiene ganas de decir algo.

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Bueno, a cualquier personaje no. Todas las cadenas, salvo que se me haya escapado el detalle, han contribuido a invisibilizar a los verdaderos protagonistas de la coyuntura política actual: el PP, a sus miembros corruptos y, sobre todo a su líder, el sr. Rajoy, que ha hecho del silencio virtud. El discurso televisivo redime así a quienes más responsabilidad tienen sobre lo que está pasando, al tiempo que satanizan a todos los demás. Las disputas internas o los dimes y diretes de los partidos de la oposición, aparecen en la televisión como asuntos trascendentes. Al tiempo se oculta a quienes deberían dar explicaciones por lo que hicieron en el pasado con los dineros públicos, porque no es suficiente con lo que los encausados declaran ante los tribunales.

De modo que la mayoría de los personajes de la oposición que se dan cita en los platós, acaban convertidos en símbolo de la desunión, deslealtad y la traición, mientras que el partido conservador, mediante la invisibilización narrativa, lo realzan como símbolo de la unión, el trabajo desinteresado y patriótico, garantía última de una identidad colectiva asociada a la marca España.

Y todo esto sucede cuando RTVE, la decana del lugar que cumple 60 años, predica con el ejemplo negativo. Para muestra sólo hay que ver Los desayunos de TVE. Sin embargo, en nuestra tierra chica, según dicen quienes saben de las intrigas palaciegas, ya hay director para reflotar RTVV. Se sabe también que la vieja televisión autonómica fue símbolo grandilocuente del modo despótico y corrupto de gobernar. De modo que es obligado preguntarse: ¿podrá la nueva tele valenciana invitar a la ciudadanía a repensar su pasado reciente?

Es claro que para las televisiones, la dimensión estructural de los problemas sigue estando “en funciones”, mientras tanto nos entretienen con gestos, palabrería y escenas de héroes y villanos. Por este motivo, se me ocurre, sería conveniente aplicar las enseñanzas de Pesadilla en la cocina (La Sexta) a la redacción de las televisiones. ¿Se imaginan a Chicote diciéndole, por ejemplo, a Pedro Piqueras que el “no, es no” no es un condimento sino la salsa del plato?

Escribe Ángel San Martín

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