Pertinaz sequía

  18 Septiembre 2016

Las redes sociales no aumentan la audiencia de TV

festival-1Sin apenas tiempo para despertar del sesteo veraniego, arranca en Vitoria-Gasteiz el FesTVal. Es la cita festivalera más pujante de cuantas se ocupan de las vanidades y novedades televisivas. FesTVal celebra su octava edición y, como en las anteriores, no acude a la cita toda la industria del sector. Mediaset, entre otras no tan poderosas, mantiene su actitud de no responder a la cita. Lo cual pone de manifiesto, nada más, las diferencias en las estrategias comerciales y empresariales seguidas por los actores de una industria que experimenta cambios profundos en su configuración (hacia el oligopolio).

Las diferentes productoras aprovechan la convocatoria de Vitoria para presentar las novedades de la temporada que comienza. Los de Velvet (Antena 3) aprovechan la cita para anunciar el final de la serie. MTV amenaza con mantener una temporada más a Alaska y Mario. Mientras que TVE hace público que sigue con Águila Roja y que, pese a los “tropiezos” fiscales de los protagonistas, la serie Cuéntame continuará en antena dos años más. Habrá que estar atentos a quién interpreta al Sr. Soria o a la Sr. Rita y sus “coleguitas” cuando la serie llegue a nuestros días.

La euforia por los cazatalentos continúa en todas las teles,  como el Master Chef Junior de TVE. Además La 2 lanzará un programa con título tan elocuente como El cazador de cerebros. Así el Ente atiende la demanda de espacios de divulgación científica. Ya que, según parece, los más exigentes no tienen suficiente con el breve y simpático Desafía tu mente (todos los días en La 1). La iniciativa se presenta sin aclarar por qué resucitan Órbita Laika (madrugada de La 2), pero ahora sin su presentador habitual, Ángel Martín, que va por ahí despotricando por su inexplicado despido.

De estos programas un poco más exigentes no he encontrado referencias en el intenso programa del FesTVal. Claro que tampoco he visto el photocall para los protagonistas de la reedición en Tele 5 del Gran Hermano, nada menos que su 17ª edición. Estos días se presenta la selección de quienes van a participar en el concurso más longevo de la tele. ¿Más que Saber y ganar? GH es grande, además, porque es capaz de producir casquería televisual para alimentar a toda la programación de las distintas ventanas del grupo. Y en esto parece estar el secreto del éxito de la nueva industria: intervenir en todos los eslabones de la cadena de valor del producto audiovisual, máxime cuando mediante contrato se garantiza la exclusividad.

Tanto las distintas ventanas de Mediaset como las llamadas redes sociales, están que echan humo a medida que se han ido presentando las “novedades” del GH-17. Hablan, cotillean y comentan los pormenores de los distintos candidatos, pero también andan muy preocupados sobre cómo acogerá la audiencia el cambio de la incombustible Mercedes Milá por Jorge Javier Vázquez.

Dan así a entender, por un lado, que a una gran parte de la ciudadanía nos interesa lo más mínimo el que cambien a los presentadores de las galas del programa. Por otro, y esto sí que es importante, insistir en que las “redes echan chispas” con GH es una falacia digna de algún comentario.

Un estudio con audiencias de Inglaterra, Alemania y España, desvela que la participación de las redes sociales no aumenta la audiencia de los programas de TV. Suelen intervenir casi siempre los mismos, incluso como forma de ocupación profesional. Desde luego, no incrementan el número de telespectadores pero sí consiguen hacer mucho ruido.

El panorama político, nacional e internacional, es tan incierto, que incluso esto se refleja en los formatos televisivos más frecuentes y comentados: entrevistas y teleseries. Ana Pastor (El objetivo, La Sexta) entrevista a Ada Colau, esta misma Ana se sienta en un banco del parque con Iñaki Gabilondo para reflexionar sobre lo que está pasando con los partidos políticos. A su vez, el maestro Iñaki entrevista en #0 de Movistar a personajes de todo el espectro de actualidad. Susana Griso, en Antena 3, entrevista a Froilán que acaba de cumplir 18 años y sigue siendo nieto de la corona. Hasta Bertín Osborne, con la excusa de la entrevista, se sienta en el sofá de un hombre hecho a sí mismo como Antonio Banderas.

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Seguro que si pudiera preguntarle al gran Iñaki el porqué de esta mutación en los formatos televisivos, me contestaría que a falta de soluciones colectivas, vengan las individuales. Como no tendré ocasión de preguntárselo, lanzaré por mi cuenta una hipótesis: los responsables de programación de contenidos en las televisiones, frente al protagonismo realista de las individualidades, contraponen el “bien colectivo” y éxito de la ficción televisiva de las series.

Ante un terremoto, un incendio, un accidente de tren o una tragedia como la de los refugiados de Siria, para el medio televisivo, es cuestión de una o dos personas con nombre propio. Personas a las que, además, en cualquier momento se les puede llevar al plató para hacerles una entrevista o una hagiografía. Sin embargo, cuando la ficción televisiva se localiza en alguno de estos momentos históricos, el espectáculo diluye responsabilidades y todo aparece esparcido entre la colectividad. Tal vez sea esa reinterpretación de la historia lo que cautiva a las audiencias y en lo que más empeño ponen los comerciantes del medio en promocionar. Por ejemplo, tal sería el caso de la recién estrenada La sonata del silencio (La 1), ambientada en las penumbras de los años 40 y con un reparto muy solvente.

Un día de este verano, escuchaba a una octogenaria y brillante actriz, quejarse por lo insostenible del IVA cultural. Responsable de la pertinaz sequía que asola el panorama de nuestra cultura. En un momento de la entrevista, dijo que cuando su marido escribía obras de teatro, los de la censura pasaban por casa cada poco para dar un vistazo a los últimos textos, y tachar si fuera preciso. Hoy este mecanismo funciona de modo mucho más elegante. La anciana actriz reconoció que ya no veía la tele, pues cada tres “bocadillos” (tres frases), cortan para poner anuncios o reiterar banalidades carentes de sentido. Así es imposible pensar, según ella, sobre los problemas de nuestro día a día.

¡Vaya con la abuela!

Escribe Ángel San Martín

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