Radicalizados

  31 Julio 2016

Terrorismo, informe Chilcot y selfies con el Papa

radical-tren-alemanLlama la atención lo mucho que se oye, en sus distintas variantes expresivas, lo de “radicalizado”. Hace unos días, sin ir más lejos, en el informativo de Antena 3 lo escuché cuatro o cinco veces en los 40 segundos dedicados a la noticia. Ésta versaba sobre el suceso criminal en el que un adolescente acuchilló a varios pasajeros de un tren en Alemania. Y, ya se sabe, las palabras pueden acabar creando monstruos.

Los que antes eran guerrilleros, fanáticos, terroristas, milicianos o integristas, ahora son radicales adoctrinados o lobos solitarios. De modo que cuando se alude a un radical, incluso antes de tener pruebas, se está señalando al otro y lo otro con el dedo acusador. La narrativa construida desde hace unos años, ya tiene designado el nicho discursivo para el verdugo y para las víctimas. No hace falta ser muy explícitos, es suficiente con insinuar para no transgredir lo políticamente correcto y además dejarle al telespectador un margen de creatividad.

En la producción de las representaciones sociales que comentamos, hay otro recurso narrativo igualmente llamativo por su persistencia y transversalidad. Tanto el exmilitar asesino de Dallas, como el de Niza o el chaval del tren alemán e incluso el ciudadano que apaleó a uno de los militares sublevados en Turquía, todos ellos dejan testimonio visual de su acción, incluso primeros planos de su rostro. Así, a su manera, personalizan el acto, vale decir que se identifican ante el resto de conciudadanos. No deja de ser, por lo demás, un comportamiento un tanto esquizoide. Se plasma la impronta personal sobre un hecho que se pretende tenga trascendencia colectiva.

El problema que provocan estas imágenes es que desorientan la reacción posible desde el lugar del telespectador. Siembran la duda y hasta el desconcierto, pues no se sabe si pedir la pena capital o simplemente recurrir al dicho popular según el cual hasta en las mejores familias hay un garbanzo quemado... Sin embargo, el relato verbal que los redactores de los informativos le añaden a estas imágenes, no deja demasiado espacio para la deliberación. La cara que aparece en el autorretrato pertenece a un radicalizado que ha provocado muchas muertes humanas y, por tanto, ¿hemos de ser cómplices o jueces inmisericordes?

De todos modos la radicalización no siempre tiene por qué responder a motivos religiosos o étnicos. Puede venir motivada por otras circunstancias de naturaleza muy distinta. Cómo no irritarse hasta la radicalización al conocer el Informe Chilcot sobre el comportamiento desleal y fraudulento de Tony Blair (junto a Bush y Aznar), al declarar la guerra a Irak. Pese a los miles de muertos y las nefastas consecuencias posteriores, el silencio cómplice a propósito del informe ha vuelto a los informativos.

A todo esto, ¿cómo van a reaccionar los guardianes del orden mundial ante lo que está sucediendo en Turquía? ¿Estarán preparando otro escenario semejante al de la actual Siria? De momento el presidente Erdogan sigue tan ricamente con la purga de militares, jueces, médicos, profesores y ahora ya ha llegado a medios de comunicación y periodistas. Si no hay reacción ante tanto desafuero, ¿cómo no se van a aprovechar de las debilidades humanas para “radicalizar” a determinados sujetos proclives a los excesos?

Hace algunos años, estos mártires radicalizados se presentaban en sociedad con imágenes de cuerpo entero y, en todo caso, cargados de armas y explosivos. Así transmitían directamente su enorme potencial de peligrosidad. Resultaba incluso normal que aquella persona desapareciera destrozada por su propio cargamento. Lo que resulta un poco más difícil de digerir emocional y hasta intelectualmente, es que el titular de la cara que aparece en primer plano, encuadrado de forma extraña, tenga tan poco respeto por las vidas humanas, incluida la propia. El primer plano de la cara de una persona, aunque sea un selfie, da a entender tantas cosas que resulta incomprensible que se hagan casi como despedida del mundo de los mortales.

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Claro que este tipo de imágenes también pueden utilizarse para simbolizar lo contrario: el advenimiento de algo extraordinario. Al menos esto es lo que parecía dar a entender la Sra. Clinton cuando entra en la convención del partido atravesando una pantalla, cuyos cristales se caen a trocitos por el impacto de su cuerpo. Algo parecido suscitan esos jóvenes cuando muestran los selfies que se han hecho con el Papa Francisco.

El juego del lenguaje al que venimos aludiendo no sólo está presente en los terribles atentados de estas últimas semanas. También se detecta su presencia en nuestra actualidad política. Cuando el Sr. Rajoy o los portavoces del PP dicen que han ganado las elecciones generales y, por tanto, todos los demás partidos le deben pleitesía para facilitar su investidura como presidente. Estamos ante una forma de radicalización contra el parlamentarismo. Eso sí, cuando desde otros partidos se critica la falta de voluntad de diálogo de los responsables del PP, un tertuliano de El cascabel (13 TV), los descalificó por ser “radicales del no”. Del no a Rajoy, claro.

Ya sé que es de todo punto inadecuado calificar de radicalizados a quienes andan empeñados en reflotar la extinta RTVV y ahora rebautizada como Corporación Valenciana de Medios Audiovisuales. El impacto que esta iniciativa tendrá sobre la industria del sector es indudable. Ahora bien, ¿este impacto será equivalente en el plano cultural y político?

Salvo alguna publicación más o menos independiente y lo que van haciendo jueces y fiscales, poco más se ha hecho para “desmontar” la vieja RTVV. Por lo que estamos viendo en la negociación de los cargos para el consejo rector, se vuelven a repetir parecidos vicios a los que llevaron el ente a donde todos sabemos. Con la que está cayendo por estos pagos, ¿es razonable empeñar tanto esfuerzo político y económico con tales modos?

En medio de la calina que nos abate estos días, bueno sería no contribuir a la radicalización de palabras e imágenes, pueden incendiar el paraje de la convivencia. De modo que en estas circunstancias, lo recomendable es la sombra y los refrescos. Por tanto, ¡a disfrutar del verano y hasta septiembre!

Escribe Ángel San Martín

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