Cara a cuadros

  27 Junio 2016

Brexit, fútbol, política y Cañizares

canyzaresAsí tenían la cara quienes aparecían en las portadas de la prensa tras la victoria del brexit. Al menos esto me pareció ver en el rostro de las fotografías de portada de los periódicos. En ellas aparecían unos jóvenes, según el pie de foto, localizados en Londres, con sus caras casi desencajadas. Era el gesto que les provocaban los primeros avances del referéndum que apuntaban a la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. En definitiva, no parecían dar crédito a lo que habían votado la mayoría de sus conciudadanos. 

Al tiempo que eso sucede en la isla, en el país vecino, Francia, los forofos reaccionan con exaltación a los resultados de las respectivas selecciones de fútbol. Allí tienen en marcha el europeo de fútbol y en los despachos ministeriales una reforma laboral que recorta de nuevo los derechos del personal. De manera que en las calles francesas coinciden hinchas celebrando los resultados de sus selecciones, a veces de forma violenta, con manifestantes que reivindican los derechos conquistados durante siglos bajo las cargas policiales.

Mientras tanto, aquí en el terruño, el prelado Cañizares insulta a la inteligencia y una asociación le contesta con un cartel en el que aparece la moreneta dándose un piquito con la cheperudeta. Tanto agravio bien se merece un rosario, que es a lo que convoca el citado prelado a sus seguidores. Todo ello en aras de la paz y la concordia entre la ciudadanía de bien. Como si esto no tuviera que ver con la demostración de fuerza que el arzobispo pretende poner ante los ojos de las autoridades civiles de la Generalitat Valenciana.

Según los confesionales agitadores de masas, las aludidas autoridades se han empeñado en cerrar los colegios concertados. Extremo absolutamente falso, lo predique Cañizares o su porquero. Lo cual no fue obstáculo para que los medios afines (13TV a la cabeza) se afanaran en fomentar la sensación de que una gran multitud había escuchado la voz del más allá para manifestarse en favor de la “libertad de elección de centro”. Así que nunca mejor dicho eso de: ¡Ay de esos fariseos que convierten los colegios en mercados en los que acumular más monedas de oro!

Pero mi intención no es hablar de este asunto, sino de otro bastante más prosaico: la sistemática banalización de la información, de los datos y de los conocimientos. Tanto lo apuntado en los párrafos precedentes, como gran parte de lo escenificado por los candidatos de los distintos partidos en esta campaña electoral, no va mucho más allá de la provocación. Ellos, los candidatos porque candidatas no aparecen demasiado, cometen inocentemente un desliz... y los medios hacen el resto. Lo mismo da que el Sr. Rajoy se dedique a pasear en un campo de alcachofas, suplicándoles el voto, que se vaya a Granada a comerse un cucurucho de helado en gesto, cuanto menos, de dudoso gusto.

El Sr. Sánchez que se instala en los salones de la vecindad, cual vendedor de biblias, para así solicitarle el voto a la familia entera. Las coderas de la chaqueta de Errejón entrando al debate entre los cuatro candidatos en la Academia de Televisión. De parecido tenor es el abrazo de Iglesias y Garzón en la Plaza Mayor de Madrid, simbolizando con ello la firma de su acuerdo electoral. El chico bueno de Ciudadanos, se presta al cotilleo de que la jefa de prensa de Podemos se va en un coche con uno de los asesores de Rajoy. Días antes se había difundido el bulo que el Sr. Moragas, asesor de campaña del PP, bebía los vientos de la mano de Thais Villas, la reportera de El Intermedio (La Sexta).

Ya que aludimos a este programa, vaya aquí una duda. Hace unos días, Wyoming entrevistó al exprofesor José Antonio Marina como experto en política educativa. Pocos días después, el mismo ciudadano aparece en La sexta noche (La sexta). Ni corto ni perezoso, expone cómo y quiénes han de hacer un pacto estatal por la educación y, como no será posible antes de las elecciones, que se haga inmediatamente después impulsado por la presidencia del Congreso de los Diputados. Ni Wyoming ni Iñaki López nos desvelaron a qué grupo de intereses empresariales representa este profesor de filosofía jubilado. Como tampoco se explica muy bien el que compartan un contertulio que frecuenta el plató de El cascabel (13TV), entre otros mentideros conservadores.

En uno de estos lunes, tal vez por ser 13, se acumularon eventos de trascendencia televisiva. Uno fue el estreno de la selección de fútbol en Francia y el otro el debate de los cuatro candidatos. En ambos casos el despliegue televisivo fue descomunal. Sobre el debate, en particular, el periodista García Ferreras manifestó muchas veces, en medio de sus clásicos aspavientos, que el debate era un acontecimiento histórico. Pero es que los de Telecinco comentaron lo mismo respecto al partido de fútbol.

elecciones

La duración real de estos eventos fue insignificante en relación a la cantidad de tiempo que le dedican a los previos para “calentar” el ambiente y luego para analizar lo sucedido. Todo ello macerado con la opinión de tertulianos, análisis de expertos, encuestas de calle y demás dispositivos para cuantificar las reacciones de todo tipo. A ello contribuyen también los tertulianos que Sergio Martín convoca cada noche en su recalcitrante La noche en 24 horas (24 horas de TVE).

Sin embargo, en el transcurso televisivo de tales eventos no sucedió nada especialmente llamativo. Todo transcurre con la formalidad de lo que está minuciosamente pautado en un guión. Hasta diría que lo que sucede en la pantalla televisiva ante nuestra mirada, no tiene mayor relevancia, incluso podría decirse que es anodino. Como así resultó el “histórico debate” entre los líderes de los cuatro partidos mayoritarios, por lo demás, nada distinto a los debates promovidos por algunos otros medios.

Todo parece indicar que el discurso político no lo hacen tanto los candidatos de los partidos, sino los detalles banales que aparecen en la televisión. La imagen anónima de las coderas en la chaqueta de Errejón, los comentarios de un político sobre el gol de Piqué, las ocurrencias más o menos graciosas que unos niños les plantearon a los candidatos bajo la tutela de Ana Rosa Quintana (Tele 5), o las gracias de Rajoy en El hormiguero (Antena 3). Son, en definitiva, detalles menores que no transitan por los caminos de la razón sino por los vericuetos de las emociones y de los sentimientos.

Cuando desde la pequeña pantalla se pone la cruz, entonces las redes sociales activan todos sus recursos expresivos y el proceso es ya imparable. Y en el fragor de la disputa resulta incluso normal el contemplar con estupor el vandalismo de los hinchas en Francia, la reacción asesina de un simpatizante del brexit, la cara a cuadros que se les ha quedado a quienes querían seguir en la UE, la reacción de quienes apoyan las tesis de Cañizares, las reuniones desestabilizadoras del Ministro del Interior o las simpatías hacia el xenófobo Trump.

Por cierto, ¿las redes sociales se estarán convirtiendo en un gigante malvado o siguen siendo simples molinos de viento? ¿Habla Sancho o su rocín?

Escribe Ángel San Martín

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