El reino por un beso

  29 Marzo 2016

De Casillas y Carbonero a Iglesias y Domènech

beso-Pablo-Iglesias-Xavier-DomenechComo las cosas no van demasiado bien o, tal vez por ello, la tele nos cuenta historias cargadas de emociones en escenarios cautivadores. Según prescribe la neurociencia, versión actualizada del determinismo neoconservador, espacio y sentimientos son irresistibles para nuestra consciencia. Pero en la economía política de la comunicación de masas actual, a la televisión le corresponde recrear las estampas y a las redes sociales hacer la diseminación. Estampas en las que se conjugan, como siempre ha sido, los tres elementos clásicos: sexo, dinero o sangre.

Aunque la neurociencia no se haya enterado de la existencia de estos tres componentes de las narrativas, sí lo saben las mentes preclaras de RTVE. De espaldas al consejo de administración del ente, han colocado en La 2 al amigo de María Dolores de Cospedal y ultramontano tertuliano Carlos Dávila. Vuelve así el susodicho a presentar un programa en la tele pública, nada menos, que Ojo clínico (en La 2 y el domingo por la tarde). Sin duda que a los responsables de TVE no les ha faltado el ojo clínico para llevar a la parrilla un programa de tertulia médica. Como si no tuvieran suficiente con los disgustos que les da Mariló Montero con sus consejos biosanitarios y con los comentarios de simpatizante.

Así las cosas a nadie debe sorprender que TVE vuelva a estar como en los peores tiempos, por debajo de las privadas y a solo un punto de ser alcanzada por La Sexta. Mientras llega este momento, deciden mantener En la tuya o en la mía de Bertín Osborne, a falta de mejor oferta económica, aunque ello provoque la dimisión del director de la cadena. Pero no pasa nada, a éste le sucede otro duro del PP catalán.

Con tanta intriga palaciega en el ente público, es normal que pierda el pulso político de la ciudadanía, como en los debates de investidura que le superó hasta Antena 3. Ni siquiera se procuran la presencia en su plató de los líderes políticos con reclamo, cosa que sí hacen con frecuencia los canales privados.

De todos modos volvamos al enredo inicial de las emociones, la neurociencia y las redes sociales. En este punto, cómo no recordar aquel legendario y arrebatador beso del futbolista Casillas y la periodista Carbonero. Imagen desgarrada de inmediato por miles de comentarios de enfoque y gustos no siempre encomiables. Ingredientes, sin duda, imprescindibles para amplificar las emociones de la estampa.

Al citado y lejano precedente le siguieron otros muchos, con parecida dramaturgia. Uno de los primeros besos del año con mayor tirón televisivo, fue el que Dani Rovira, presentador de la gala, le dio a Clara Lago en la entrega de los Goya. Otro beso ampliamente retuiteado fue el de la oscarizada Alicia Vikander a su Michael Fassbender en la entrega de los Oscar. Sin embargo, el beso más provocador de todos, ha sido el de Pablo Iglesias y Xavier Domènech en el Parlamento. Televisivamente un bombazo, y para la narrativa del medio un hito que condicionaría durante un tiempo las agendas públicas de la mayoría de los medios de comunicación.

Muchos comentaristas han hecho referencia a las caras que pusieron los ministros, testigos en primera fila del besuqueo parlamentario. En particular se han cargado las tintas sobre el rostro estupefacto del señor De Guindos o el no menos sorprendido de la ignota ministra de agricultura. Pero con ser esto importante, no me lo parece tanto como este otro detalle. Para explicitar el afecto Pablo Iglesias tuvo que bajar desde su escaño para encontrarse con Xavier. Claro que a la luz de los acontecimientos que han seguido, cabría preguntarse si el beso fue de pasión o de Judas. Si bien el reciente “...pero nos queremos” de Carolina Bescansa, devuelve a recolocar las figuras en la imagen.

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Decimos que el gesto es llamativo porque, si el líder de Podemos hubiera esperado unos segundos, el compañero de partido habría pasado por delante de su escaño. Momento en el que podrían haber aprovechado para mostrar todos sus ímpetus afectivos. Pero no fue así. El Sr. Iglesias desciende hasta la platea para abordar a su señoría a tiro de cámara. Lo cual pone de manifiesto el interés por lanzar una señal que concentrara la atención pública sobre ellos y su partido. Golpe de efecto que, sin duda, lograron dar y cuyo rescoldo sigue vivo pese al tiempo transcurrido.

La neuropolítica dice, sin embargo, que el gesto de cariño en sede parlamentaria deviene en política cuando el propio líder de Podemos, lo utiliza en el segundo debate de investidura. Aprovechó la referencia al beso para lanzar un comentario con carga de profundidad y, sobre todo, tomar la delantera en el control de la agenda pública. De hecho, le recuerda al Sr. Sánchez, encargado de formar gobierno, que podrían sellar ya mismo el “pacto del beso”. Pacto que en lo formal habría de parecerse bastante al valenciano. Con la que está cayendo por estos pagos, ¿le habrá consultado a la Sra. Rita si pueden utilizar el nombre de la ciudad sin pagar comisión?

Quienes andan faltos de cariño son los líderes de lo que queda de la Unión Europea hacia los refugiados. ¡Qué bochornoso espectáculo estamos dando! ¿Y cómo están contribuyendo a ello los medios de comunicación? Es probable que aún revolotee por su mente la imagen del niño ya muerto en una playa del sur de Europa. La misma fue portada de la mayoría de los periódicos importantes de todo el mundo. Pues bien, después de haber publicitado a toda página la indignación por la muerte de Aylan Kurdi a las puertas del “paraíso”, se hizo el silencio. Pero hace unos días, hojeando el periódico, descubrí en la parte inferior de la página izquierda un breve, muy breve, con este titular: “Cuatro años de cárcel para dos traficantes por la muerte del niño Aylan” (El País, 5/3/2016).

Pero aquella imagen no es más que la pieza de un puzzle de cientos de imágenes con personas en pateras o en campos de refugiados. Aylan, al igual que otros cientos de niños y niñas, ya nunca más podrá soñar con el trenecito que les lleve a un país en el que vivir con dignidad. Mientras tanto, contemplamos atónitos en los informativos cómo los hinchas de un equipo de fútbol holandés tiran monedas a otras personas inmigrantes, rumanas y humilladas en la Plaza Mayor de Madrid. Las imágenes son escalofriantes, la reacción en caliente ha sido unánime, incluso la de Rajoy en la entrevista que le hizo Pedro Piqueras (Tele 5).

¿Habrá condena judicial, ejemplar, rápida y publicitada contra esos cafres futboleros? No sé si nos llegaremos a enterar cuando se produzca la sentencia. La lluvia fina va calando a través de series como El Príncipe (Tele 5), Los Gipsy Kings (Cuatro) o El Caso (La 1). Y cuando esto no es suficiente, tenemos a un ministro del interior que echa uno a uno a los refugiados que llegan a Ceuta o Melilla. ¡A mayor gloria de Europa! ¿Cómo desentrañar tanto “machismo discursivo”?

Escribe Ángel San Martín

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