El tiovivo electoral

  02 Enero 2016

La campaña electoral en televisión

network-oEmpecé a escribir estas líneas en plena jornada de reflexión. Al menos formalmente es un día para que a la ciudadanía se le deje en paz de eslóganes y mítines. Así, en modo reposo, cada cual puede entregarse a los pensamientos que le plazca.

Sin embargo, este aparente relajo, que además está protegido por ley, empieza a ser normal que casi nadie lo respete. Incluso cuando se menciona resuena a las viejas formas de la política. Las redes sociales, la televisión y los demás medios de proximidad, ni siquiera se tomaron un respiro el día señalado. De modo más o menos sibilino, ese sábado, no pararon de difundir insinuaciones de contenido electoral.

Pero aquí no pretendo detenerme en esta circunstancia, de la que supongo la mayoría de ustedes se habrá dado cuenta. Más bien quisiera centrarme en la notoria presencia del medio televisivo en la reciente campaña electoral. Aunque no puedo afirmarlo con el sustento en mediciones de cronómetro, entre otras razones porque ni siquiera dispongo de un artefacto semejante al “pactómetro” de García Ferreras (La Sexta). Sencillamente me da el pálpito que nunca antes la televisión había estado tan presente en la campaña previa, en el día y correspondiente noche electoral, y seguro que también en los días posteriores.

Llegados a este punto no puedo por menos de recordar al politólogo Giovanni Sartori y su “homo-videns” de finales de los 90. En este controvertido ensayo defendía Sartori que los medios de comunicación y la televisión en particular, estaban cambiando la naturaleza misma del ser humano. Cambio producido por el tipo de “materia” que se le ofrece para pensar y reflexionar sobre el mundo e incluso sobre sí mismo. El problema es que dicha oferta está trucada en alto grado por la televisión, circunstancia que reduce la capacidad de entender.

De alguna manera esta es la sensación que se me ha quedado a lo largo de la última campaña electoral. Cuantos más debates televisivos contemplaba, menos podía entender lo que estaba sucediendo. Dicho de otra manera, a medida que transcurría la campaña, aumentaba mi dificultad para comprender qué variables y acciones políticas nos han colocado en la situación en la que estamos: aumento de la pobreza, refugiados, contaminación medioambiental, guerras de baja intensidad, pérdida de derechos civiles, etc.

A cambio me quedó muy claro quiénes eran de la “vieja” y quiénes de la “nueva” política, los partidos emergentes y los de la casta, las fuerzas del cambio y las que apuestan por que nada cambie, que es irrelevante políticamente diferenciar entre la izquierda y la derecha, o que en televisión lo importante no son los argumentos sino los titulares. ¿Han advertido, por citar un caso, cuántas veces Ana Pastor solicita a sus entrevistados que le den “un titular”?

En la noche de “reflexión” un coaching (versión relamida de tertuliano) decía en el debate de La Sexta Noche, que una cosa es la contribución de la televisión a la campaña electoral (debates y propaganda de los partidos) y otra muy distinta es la participación de los candidatos y candidatas en programas de entretenimiento (El hormiguero, En la tuya o en la mía, Qué tiempo tan feliz o Sálvame).

Compartiendo esta disección, he de añadir que en las últimas elecciones hemos podido ver que los candidatos y candidatas no salen de los movimientos sociales, sino de los platós de televisión. Bien entendido y tratando de seguir a Sartori, estos políticos adoptan los elementos expresivos del medio televisivo, porque saben que en ello les va una buena parte de los resultados en las urnas. A modo de ejemplo: en varios programas de debates y manifestado por candidatos/as de distintos partidos, afirmaban aquello de: “Me comprometo ante las cámaras de televisión...”.

network-pactometro

Al menos en un par de ocasiones escuché afirmar ante las cámaras: “Los debates en TV van mejor cuando las normas las ponen los periodistas y no la vieja política”. Cito de memoria, pero algo muy parecido a esto esgrimieron dos candidatos en distintos debates. Tanto Javier Sardá como Jordi Évole, valorando el debate organizado por Atresmedia, con ligeros matices diferentes afirmaron que “esto es la política de verdad”. Todo lo cual induce a pensar, como diría Sartori, que la política partidaria ya no se dirime en el Parlamento, sino en el plató de televisión que es la que además marca las reglas de juego.

Pues en el plató es donde hemos visto cómo se gestionaban los debates, en los que la cantidad y calidad de interlocutores cambiaban en cada edición. En los que se normaliza el tuteo y la vestimenta informal, porque es lo más pertinente para la comunicación directa que exige el lenguaje televisivo. El debate sosegado se suplanta por un griterío monocorde, salvo contadas excepciones. Y en la pelea por las audiencias, ganan las televisiones privadas ante el insulso y tendencioso planteamiento de RTVE, colgada de un insufrible y omnipresente Sergio Martín. En las privadas, para defender mejor sus intereses, no les importa ponerle a Ana Pastor un plató giratorio como si fuera el tiovivo de la política televisiva.

En este contexto no deja de sorprender, por coherente, que Pablo Iglesias, tras conocer los resultados casi definitivos, reconociera en la noche electoral que no le importaba demasiado el tener que volver a las urnas. Y no le importaba porque según su opinión, sería la ocasión de hacerse más presentes en la televisión y, como se ha visto, esto mejora sus resultados electorales. Por tanto, a su partido no le disgusta la idea de tener que volver a la contienda electoral en un par de meses, si es que antes no se produce un acuerdo de gobierno. Por cierto, la salida a escena esa noche fue ofrecida por las televisiones con un plano de conjunto y fijo, muy semejante en todos los partidos. En el caso del PP se hizo esperar hasta llegar a temer lo peor sobre el futuro de sus protagonistas y, también muy llamativo, en el plano de Pablo Iglesias, al menos según TVE, todo eran hombres salvo una mujer.

Llegados a este punto, sólo queda esperar a que la clase política diseñe alianzas para salir del crucigrama parlamentario en el que nos encontramos. Y mientras llega ese momento, a disfrutar razonablemente de estos días de fiesta en el tiovivo de la tele. Se advierte, no obstante, del riesgo para la salud pública que entraña el síndrome del mirón impenitente. Cuyo síntoma más reconocible es el empacho de televisión.

Así que sólo queda confiar en que el 2016 sea respetuoso con nuestra salud y reduzca un poco la contaminación... herciana. ¡Que lo disfruten!

Escribe Ángel San Martín

network-debate