La banalización televisiva

  09 Diciembre 2015

La máquina del fango: ¿en la tuya o en la mía?

network-bertinVivimos una época desenfrenada. Tal vez nunca antes habían ocurrido tantas cosas, y tan relevantes social y políticamente, en un espacio de tiempo tan corto. No se ha acabado de encajar un suceso y ya hay otro alterando el normal transcurrir de los telediarios. Cuando se advierte que el presentador o presentadora del informativo está fuera del decorado habitual, entonces algo grave ha sucedido en un lugar del mundo.

A modo de recorrido rápido. Tras las iniciativas del recién constituido Parlamento catalán, nos estremecen con lo del atentado de París. Mientras se recuentan los cadáveres de la sala de conciertos Bataclan, en Madrid se juega el “clásico” entre dos equipos de fútbol con las cuentas poco claras pero aficiones multimillonarias. El acontecimiento deportivo da pie a que expertos y profanos desentrañen el magro negocio, además de loar las excepcionales “medidas de seguridad” del partido del siglo. Mensaje inoculado: bienvenidos los recortes de libertades si con ello el espectáculo es más seguro.

En medio de semejante fragor informativo, es muy difícil recordar con suficiente lucidez acontecimientos que se superponen. Así quedó “amortizado” para la memoria el bombardeo de la fuerza aérea norteamericana, por error, a un hospital de Médicos sin fronteras en Afganistán. Un avión ruso cae derribado en Egipto con más de 240 personas a bordo, poco después el gobierno turco desafía el orden internacional destruyendo un avión militar ruso. De fondo siguen apareciendo casos de corrupción, continúan los atentados y abusos de todo tipo en las partes pobres del mundo. La miseria se extiende entre sectores sociales cada vez más amplios, al tiempo que unos pocos amasan fortunas obscenas.

Los asuntos con los que llenan sus informativos la tele, quedan de fondo sobre el que se hacen brillar las gracias de los líderes políticos ante las cámaras de televisión y emisoras de radio. Es difícil no recordar las collejas de Don Mariano Rajoy a su hijo, cuando comentaba un partido de fútbol ante los micrófonos deportivos de la COPE. Actuación que ha sido pasto de imágenes jocosas en múltiples programas de televisión y comentaristas de tertulias y redes sociales. Al igual que lo han sido las de Pablo Iglesias cantando, Albert Rivera conduciendo un kart o Sáenz de Santamaría un todoterreno en Planeta Calleja (Cuatro).

Qué decir de la “visita” de Pedro Sánchez a la casa de Bertín Osborne, a la que en unos días acudiría el Sr. Rajoy. Una cita televisiva que al decir de los estudios de audiencia, hace furor entre el respetable. Es el programa de la cadena pública titulado En la tuya o en la mía (La 1) y presentado por Bertín Osborne. Por supuesto, éste no llama la atención de los “vigilantes” de RTVE, pues sólo destila banalidad.

En cambio, hace unos días pudimos ver y escuchar en Salvados (La Sexta), las apreciaciones de Umberto Eco sobre la “máquina del fango” en los medios de comunicación, especialmente en la televisión. También apareció Manuel Castells hablando del potencial de la televisión para configurar nuestro pensamiento. Según el sociólogo, la gestión de este potencial, evitaría tener que adoptar medidas coercitivas contra los díscolos y disidentes. Además no cuadraría demasiado bien con los preceptos democráticos. Programas como el de Bertín Osborne, cumplen perfectamente la función de recortar las miradas.

No sería necesario sacar los trapos sucios de los personajes a destrozar, ni siquiera hacerles imputaciones falsas o desacreditar a los jueces, como hizo Berlusconi (máquina del fango). Es suficiente con acudir a En la tuya o en la mía. Como se pudo observar, en la cita televisiva con Pedro Sánchez, líder del PSOE, del salón a la cocina no dejaron títere con cabeza. Por supuesto, es un entretenimiento concebido y gestionado a mayor gloria de los intereses corporativos de los grandes grupos de comunicación.

Es el formato de “un día con” uno u otro político (Ana Rosa Quintana en Tele 5 o Iñaki López en La Sexta). En La 1 prefieren las “preguntas de la calle” que Ana Blanco va soltando a ritmo pausado ante el político invitado. Son programas, en definitiva, tan pulidos que si alguien se sale del estrecho margen, caso de Miguel Ángel Aguilar, se le despide y punto (por cierto, qué poco oportuno estuvo Javier del Pino, premio Ondas 2015, diciendo que a él nunca le han presionado desde la empresa, justo cuando acababan de despedir a su colega).

network-salvados

Pero volvamos al programa de La 1 (En la tuya o en la mía), para llamar la atención sobre cómo se banaliza el término mismo de política. En el citado programa, Pedro Sánchez se vio en el brete de esgrimir como “mensaje” político que con quien le gustaría tomar una cerveza es con Esperanza Aguirre. Opción que justifica en que ella le había comentado en cierta ocasión que tenía unas piernas muy bonitas. Ya se pueden imaginar la explosión de referencias en tertulias, redes y programas de humor que ha provocado semejante comentario.

Como decíamos más arriba y se viene argumentando en la prensa más seria, se están produciendo una serie de acontecimientos de una gravedad trascendental, incluso algunos analistas los comparan con los tiempos previos a la Segunda Guerra Mundial. No se entiende, por tanto, que en estas circunstancias vayan nuestros líderes políticos haciendo gracias por los platós de El hormiguero (Antena 3), El larguero (Cadena Ser), El programa de Ana Rosa (Tele 5), La sexta noche (La Sexta), ¡Qué tiempo tan feliz! (Tele 5) o Un tiempo nuevo (Cuatro).

Y hablando de la televisión, poco más o menos, en los días que aparezca publicada esta colaboración, se cumplen los dos años del cierre de la televisión valenciana. Las maniobras para reinstaurar el Ente televisivo, por lo que se ve, van a ritmo atemperado. Además de informes de expertos, se negocia con los acreedores —¿proveedores futuros? — quitas sobre la deuda asumida en la gestión anterior. Sin embargo, habría que cuidar algunos detalles para evitar trasladar a la sociedad mensajes contradictorios.

Por ejemplo, ¿cómo es que no se ha revertido todavía la concesión de los canales digitales hechos por el gobierno del PP horas antes de irse? ¿Por qué se encarga a expertos un informe y los políticos no cumplen el compromiso electoral de explicar las cuentas y los apaños en la “época gloriosa” de RTVV? Mucho más grave: al tiempo que proliferan las manifestaciones contra esa lacra de la violencia de género, resulta que el directivo de la antigua RTVV, Vicente Sanz, sale a la calle porque dispone del dinero para pagar su fianza. Esto puede ajustarse a derecho pero, desde luego, revuelve los interiores de la gente de bien, por lo que tiene de desconsideración hacia uno de los males más lacerantes de la sociedad de nuestros días.   

De manera que la televisión no sólo no ha sido fagocitada por otros medios más modernos, sino que ha renacido de sus cenizas. Y esto es así tanto en lo que hace al éxito de su ficción (hay teleseries que son de culto entre los cultos), como en lo que hace a transformar la realidad en ficción. Esto es “fango”, según dice Eco, o simplemente banalizar lo que realmente debería importarnos. ¿Cuándo las teleseries de policías buenos serán sustituidas por las de concienciación ante el cambio climático?

Escribe Ángel San Martín

network-pedro sanchez