La actualidad crónica

  29 Octubre 2015

Del baile de Iceta al café de Iglesias y Rivera

iris-matias-pratsPese a que el fenómeno es viejo y la denuncia del mismo también, no puedo por menos de recurrir a una reflexión ajena. Afirma Juan Goytisolo, en un artículo reciente, que la “sobreinformación mediática encubre y desclasifica la escala de valores...” (El País, 11/10/2015).

La superposición de imágenes, comentarios, noticias y demás sucesos tomados de la actualidad, acaban negándose unos a los otros tras su condensado en las pantallas de televisión. Se impone con tanto énfasis la actualidad, la inmediatez que falta tiempo y sosiego para reconstruir la costura que permita elaborar un relato propio y comprensible de cuanto se ha contemplado a través de los medios.

A este efecto de cascada contribuye el que, casi sin solución de continuidad, pasamos de una convocatoria electoral a otra. Lo cual constituye una ocasión propicia para crear un determinado “efecto de realidad” o neutralizar lo que no vaya a favor de la causa. En el decir de los informativos de TV3 no se podía utilizar la palabra “presidente” para referirse a alguien que ostentara ese cargo y no fuera el President de Generalitat de Catalunya. Con motivo de la entrega de los Premios Princesa de Asturias los informativos de TVE hablan de lo grandioso de la cita, pero eluden mencionar, como hacen otras cadenas, las protestas de algunos colectivos ante la presencia de los reyes y el desproporcionado coste de los actos en época de recortes.

En los medios no gubernamentalizados, esta expresión de la diferencia de criterio viene formando parte de la noticia desde que daban cuenta de la puesta de la alfombra roja. Tal vez por esto, el equipo de La 2 Noticias no firmara una edición de la semana pasada. El motivo es que desde la dirección no se les permitió emitir como noticia (¿censura?) la firma de un manifiesto del Consejo de Informativos de RTVE en favor de la independencia de los profesionales (el PP y Unió no habían firmado este manifiesto). Seguro que estos díscolos periodistas no han “jurado la bandera” como reclama el ministerio de los desfiles.

Ante tanto disenso en el ente público, no debe sorprender que la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión premiara con un Iris a Matías Prats como mejor presentador (Antena 3), y a La Sexta Noticias 14:00 horas (La Sexta), como mejor informativo. Si a esto añadimos que a Jordi Évole le dieron el de mejor reportero, debemos concluir que los miembros de la academia prefieren los informativos de Atresmedia. Entonces me pregunto: ¿a quién premiarán cuando Cataluña se “independice” y este grupo de comunicación se deslocalice?

La gala de entrega de los premios Iris, concedidos por la Academia de TV y retransmitida por La 2 de TVE, es seguro que traerá cola, esto es, comentarios en tertulias, noticias y referencias cruzadas. Sin ir más lejos, las críticas y renuncia de Mediaset (Tele 5) a seguir perteneciendo a esta Academia, es ya una de las tramas. Aludimos al fenómeno que algunos analistas califican como “serializar” determinados hechos informativos.

Seguro que casi todos ustedes habrán advertido que lo más cool de la programación de las televisiones es la ficción, en definitiva, las series. Quien no manifieste su adhesión incondicional a alguna de las series, por lo general de producción norteamericana, es alguien que no alcanza los mínimos culturales. Ni el cine y ni ningún otro producto audiovisual se merece las loas que últimamente suscitan las teleseries. Como me inquieta tanta pasión por la ficción televisiva, prometo recalar pronto sobre el advenimiento de este “fenómeno de masas”.

Mientras tanto, observemos algunos fenómenos a propósito de esto que hemos llamado serialización. En las pasadas elecciones catalanas al primero de una de las listas, se le ocurrió rematar cada miting con unos minutos bailongos. De inmediato pudimos verlo en todos los informativos y tertulias en las que se pasaba de la excarcelación de la Pantoja a los movimientos de cadera del Sr. Iceta. Que se sepa, el cuerpo electoral con su voto apoya ideas y proyectos políticos, no las cualidades de bailar en medio del chaparrón que nos está cayendo a propósito de Catalunya. ¿Esa demo de “baile electoral” habrá tenido alguna influencia en la decisión final sobre el sentido del voto?

Es difícil hacer hipótesis a propósito de este futurible, pero lo bien cierto es que de inmediato surgieron imitaciones de tal exhibición. Primero fue el presidente de gobierno y poco después su segunda, la señora Saenz de Santamaría, en el Hormiguero (Antena 3). Ambos serán candidatos a las próximas elecciones generales, y ambos probaron ensalzar su imagen marcándose unos pasos de baile. Al menos para esto manifiestan una voluntad que les falta para respetar las libertades civiles, como la de manifestación o la de expresión concediendo las licencias de televisión digital en el último consejo de ministros a los grupos afines.

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No es información pero sí un seríal, el paseo en moto del líder de Ciudadanos, entre otros, con la presentadora Ana Rosa Quintana para exhibirlo luego en El programa de Ana Rosa (Tele 5). Ante este modo de hacer márketing político, surge la pregunta sobre qué será más efectivo: ¿una vuelta en moto con la presentadora de un programa de televisión o anunciar el copago de servicios básicos y luego salir en todos los mentideros televisivos a reinterpretar para el respetable la propuesta electoral? ¿No es una manera de ningunear las posibilidades mentales de los telespectadores por parte de cierta clase política?

La otra fórmula es montárselo como en el muy promocionado regreso de Salvados (La Sexta). Su presentador, quien reconoce que la televisión está más viva que nunca, mete en una furgoneta a los líderes de los emergentes Podemos y Ciudadanos. En su interior, de camino a un bar de barrio, se hacen el uno al otro confesiones sobre el estado de ánimo y las fuerzas que les quedan para frontar la nueva campaña electoral. En el bar y en torno a un café, Jordi Évole les va tirando hilo dialéctico para que contrapongan sus ideas y propuestas electorales. ¿Lo que expusieron ambos líderes en el bar, justifica la cascada de comentarios y referencias en los demás medios?

El mismo grupo de comunicación, pero ahora en la cadena mayor (Antena 3) y lejos del minimalismo estético de Salvados, se dispone un estudio para la ocasión: Gloria Lomana entrevista en directo a D. Mariano Rajoy. La escenografía y el discurso fueron radicalmente distintos. Encorbatado y ante un vaso de agua, el Sr. Presidente repitió las mismas ideas y torpezas de siempre. Eso sí, le dedicó a los telespectadores un regalo que les había negado como ciudadanos: el anuncio del día de las próximas elecciones generales. Desde luego, en la fijación del 20-D estuvo más acertado que cuando Carlos Alsina le preguntó por la nacionalidad de los catalanes tras la “desconexión”.

En otras ocasiones la serialización se produce como consecuencia de acontecimientos dramáticos. Tal es el revuelo, prolongado en el tiempo, de la niña gallega tan enferma que sus padres solicitaron la sedación terapéutica. Uno y otro día escrutando almas y pensamientos que más parecía morbo que arrojar luz sobre el delicado asunto. En estos momentos observamos que no hay telediario sin referencia al estado del juicio a los padres de la niña Asunta. ¿En unos pocos días qué quedará en nuestra mente colectiva de todo esto?

Tan sólo hace unas semanas nos rasgábamos las vestiduras ante la imagen del cuerpo sin vida, del pequeño Aylan, en una playa de Turquía. Desde entonces han seguido muriendo en parecidas circunstancias, ya sea a orillas del mar o en los pedregales de Palestina, sin que se hayan removido las conciencias colectivas. Como tampoco la remueve el hecho constatado por numerosos informes internacionales, en los que se documenta el incremento del trabajo infantil desde el inicio de esta crisis o el aumento de los malos tratos a menores según diferentes ONGs. Sin duda, muchas de estas imágenes generadas por la actualidad, funcionan como el espejo que nos devuelve la otra cara de las consecuencias de nuestros actos de clase acomodada.

Llegamos así al final advirtiendo que el empacho informativo no parece que nos dé mayor amplitud de criterio. Tal vez por esto, según ha metaforizado Rosa Montero, nuestra atención “recorre fugaz y caprichosamente la realidad de la misma manera que una ráfaga de viento recorre un campo de trigo”. A todo esto, los trabajadores y trabajadoras del periodismo no pueden hacer algo más para evitar que esto suceda. ¿Cómo no propagar a los cuatro vientos la posición beligerante de los profesionales de RTVE contra la tentación crónica de la censura? 

Escribe Ángel San Martín

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