La tragedia no es su imagen

  15 Septiembre 2015

Misas, refugiados y nuevas teles autonómicas

el-cascabelDice el científico Stephen Hawking que una de las preguntas a la que más vueltas le daba Einstein era: “¿cuántas posibilidades de elección tenía Dios al construir el universo?”. Desde luego que no muchas, si las leyes que lo rigen son tan perfectas como estos científicos se afanan en demostrar. Pero comprendemos el universo a través de lo que los relatos, sean leyes o cuentos, nos dicen de él. Y hoy quien todo lo ve y lo muestra, a su manera, es la televisión.

De modo que mi contribución veraniega a la preocupación de Einstein se concreta en lo siguiente: Dios se empleó a fondo en el “diseño inteligente” de las representaciones televisivas del universo, pero se desentendió de las leyes que lo rigen. Por eso la derecha política, cuanto más confesional es, más empeño pone en desmontar el universo, en desestabilizar la realidad que nos circunda. Su fe les pone en la tesitura de creer que si actúan como depredadores, mayor concordancia habrá entre el universo y su representación.

Al observar nuestro contexto más inmediato, se advierte de inmediato que los responsables de la feligresía pretenden conservar en las ondas la concurrencia que no tienen ante los púlpitos. Por motivos que no vienen al caso, este verano he podido comprobar la cantidad de cadenas que ofrecen, en directo, distintos oficios religiosos, particularmente la misa de los días festivos. En lo empresarial, la COPE le quita a la competencia al radiofónico y televisivo Carlos Herrera y a 13TV le van sumando canales para preparar la salida en abierto. Con tales mimbres ya pueden hacer de sus tertulias, como El cascabel (13TV), verdaderos aquelarres para extirpar al maligno del cuerpo social.

Si esto es preocupante, no lo es menos la temática de algunas de las imágenes que circulan estos días: seres humanos, hacinados y aterrados de miedo, intentando huir a cualquier precio de su lugar de origen. La salida no es caprichosa, sino fruto de guerras, expolios, persecuciones por motivos políticos y/o religiosos, hambrunas, etc. Son imágenes tan desencajadas que resultan escalofriantes. Nos colocan en una situación moral incompatible con el sosiego. Mientras tanto, desde los informativos se empeñan en mostrar que nuestras autoridades gubernamentales hacen lo que pueden, y lo que pueden es poner alambradas para que no pasen.

Estas imágenes y los comentarios más o menos exculpatorios, no evitan entrecortarnos el aliento como espectadores. El equilibrio se rompe cuando nos encontramos con imágenes como la de Aylan. Un niño sirio que con tres años pierde la vida en el mar y queda su cuerpo tendido en una playa con los zapatitos sin gastar. Los tertulianos progres se cuestionan si estas imágenes se deben o no publicar, mientras que para los conservadores no son más que una muestra de lo que siempre ha pasado.

Sin embargo, el problema no es la publicación de fotografía sino el que esté sucediendo lo que muestra en nuestra sociedad. Por cierto, ¿por qué desde los informativos se nos oculta que en cualquier momento nosotros podremos  ser como el padre o la madre de ese niño? ¿Qué clase política nos gobierna que reacciona a la foto y no a las circunstancias que la motivan?

Para muestra algún ejemplo. Ahí tenemos a Doña Esperanza reeditando otro “tamayazo” en el Ayuntamiento de Madrid. Al mismo tiempo, su correligionaria y presidenta de la comunidad, Sra. Cifuentes, se propone ahora “profesionalizar” Telemadrid. La medida se orienta a que vuelva a ser la tele preferida de los madrileños y madrileñas. Eso sí, para que sus señorías se enteren de la pujanza pasada de la televisión madrileña, la Sra. Presidenta lleva al Parlamento un “borrador” con el modelo “despolitizado” de Telemadrid. Por cierto, ¿irá en esta misma dirección la iniciativa del Consell de l’Audiovisual de Catalunya de vigilar la “pluralidad” de las televisiones durante la inminente campaña electoral?

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En otros pagos se adoptan iniciativas políticas para resucitar el modelo de televisión pública que en tiempos pretéritos aspiraba a ser visible y viable. Una primera llamada de atención, en esta dirección, nos llega desde la meseta central. El Parlamento manchego emprende la tarea de arreglar los desaguisados de su televisión autonómica, primero despidiendo al ultraconservador director del ente Nacho Villa y luego revisando las normas y las cuentas. 

Comprender lo que sucede en Valencia con la RTVV es algo más complicado. Por un lado, amenazan ruina los “emblemáticos” edificios de la especulación que el PP mandó construir y que tardaremos decenios en terminar de pagar. Estas mismas mentes privilegiadas construyeron un ente radiotelevisivo con parecidos vicios que el resto de edificios calatravianos. Lo chocante es que ahora esas mismas mentes pretenden dar lecciones de cómo se ha de poner en marcha la televisión pública que ellos quebraron y cerraron. Sin duda, el caso de Canal 9 (RTVV) es muy complejo y la solución requiere filigranas jurídicas. Tarea harto más complicada al tener aquí una oposición tan conservadora que no quiere ni respeta la cultura.

A lo que venimos comentando se añade la constante agresión a periodistas o sentencias como la de ese tribunal egipcio que encarcela a tres corresponsales de Al Yazira. Las diferentes cadenas de televisión de EE.UU prodigan la presencia en sus pantallas del candidato republicano Donald Trump, el “imbécil racista” según dice de él Vargas Llosa.

Como ya sucediera en Italia con Berlusconi, dar minutos de televisión a estos personajes no es contribuir a la mejorar la información, sino a banalizar un poco más el relato sobre nosotros y nuestras circunstancias. Es convertir en mero entretenimiento tanto un secuestro como el que el Sr. Trump expulse de una rueda de prensa a un destacado periodista latino. Como lo es también el que, en las tertulias matinales de las televisiones, se dedicaran a denigrar a la Sra. Alcaldesa de Madrid o a “enjuiciar” el abominable crimen de Cuenca.

Si esto es lo que nos ofrece la principal fuente de representaciones sobre nuestro mundo, no debe sorprendernos que por estos pagos el BOE les recuerde a los estudiantes de secundaria que con el rechazo a Dios va la “imposibilidad de ser feliz”. ¿Por qué sorprendernos, entonces, si estos chicos y chicas fijan sus miradas en las deshinbidas teleseries juveniles de MTV, Neox o Disney Channel?

Escribe Ángel San Martín

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