La tele en campaña

  25 Mayo 2015

Sigue siendo el medio más poderoso

el-ministerio-del-tiempoJusto cuando se decía que la televisión ya no figuraba entre las preferencias del respetable, comprobamos todo lo contrario en el día a día del medio. Bueno, tal vez sea más preciso decir que en la actual campaña electoral la televisión, por unas u otras razones, ocupa un lugar privilegiado en el discurso político. Asunto bien distinto es discernir si la audiencia sigue fiel a lo que se le dice y cuenta desde los distintos canales de televisión o si prefieren volcar toda su atención sobre las exitosas series de ficción. 

Estos días pasados he asistido a varios mítines de los de pancarta y gorrito, de los anteriores a la era mediática. En todos ellos he podido constatar que los oradores y oradoras de cabecera de cartel, sacaban a relucir el tema de la televisión. Unas veces para decir que salían en la tele porque estaban haciendo cosas importantes en la política de las instituciones. Sentada esta premisa aclaraban que, mientras tanto, otros se echaban a la política porque habían salido mucho en la tele. No faltan quienes se quejan del ninguneo televisivo para con su formación política, al tiempo que en otros casos justifican el estar tanto tiempo en la tele porque tienen cosas importantes que decirle al respetable. Sean de la “casta” o novicios, sean pre-transición o jóvenes post-transición, todos quieren hacer campaña asomados a la pequeña pantalla.

Sin embargo, llama mucho la atención el que en los discursos no se ponga el mismo empeño en definir la posición de los respectivos partidos en cuanto a cómo se está configurando el negocio de la televisión en nuestro país. No hablaremos de la TDT pero sí merece un posicionamiento político tanto la concentración de la industria cultural como el control que ejercen sobre los contenidos. En lugar de ello se proclama el carácter público de los medios o, como mucho, un brindis por la reapertura del ente autonómico de RTVV, pero sin explicar cómo se aplicará esta medida. No se aclara tampoco qué pasará con la cantidad de emisoras locales y autonómicas que se cerraron durante estos años pasados de recortes o, por cierto, cómo se va a ventilar la Tele-Rus promovida por el “contador de pelas” y expresidente de la Diputación de Valencia.

Uno de los que está en medio de esta pequeña tormenta televisiva es Pablo Iglesias, que de tertuliano habitual pasa a ser el entrevistado más buscado. En una de tantas, en Viajando con Chester (Tele 5) le dijo a Pepa Bueno algo que merece ser destacado. Le dijo que no compartía la posición purista de los intelectuales de izquierdas cuando rechazaban la televisión por alienar a las masas. Para el líder de Podemos, la televisión sigue siendo el medio más poderoso para decirle a la gente los temas que son relevantes y aportarle materiales para que los piense. Razón por la cual ellos aprovechan todas las ocasiones que se le presentan de acudir a un plató.

La réplica la da TVE recuperando a Sáenz de Buruaga para dirigir un programa de debate titulado, nada menos, Así de claro. Por lo visto a los responsables de TVE no les bastó la experiencia frustrante del espectáculo decrépito ofrecido por José Luis Moreno la noche de los sábados, que vuelven a las andadas.

Y en virtud de un principio parecido noctambulizan el poco convencional Alaska y Segura (La 1), reprogramándolo a una hora golfa de buena madrugada. Algo parecido se les ha ocurrido a los de Mediaset que se llevan Un tiempo nuevo (Tele 5) a la Cuatro y le quitan el Chester a Risto Mejide. Menos mal que lo recoge Antena 3 de inmediato y lo manda Al rincón de pensar (medianoche de los martes). Salvo Risto, ¿quién podrá pensar a esas horas?

A lo que se ve, ningún candidato ni candidata que se precie renuncia a su minuto, como mínimo, de gloria televisiva. Tanto es así que resulta difícil ponerse ante la tele y no encontrar una entrevista o un debate entre tertulianos pertenecientes en su mayoría al espectro conservador. Tampoco pierden oportunidad los políticos de protagonizar alguna extravagancia digna de referencia en los informativos.

Resulta hasta normal ver en medio de un informativo a los políticos conservadores pedaleando en camisa blanca y corbata, o a ese otro alcalde que decide llamar la atención de sus convecinos con un videoclip en el que baila y se contornea sin pudor porque no parece tener nada mejor que decir. Estilo de comunicación en el que el Sr. Morago puso su pica en Andalucía, con un vídeo campestre insultando a la comunidad vecina.

asi-de-claro

El mejor antídoto ante estos abusos visuales de la actual campaña electoral, se llama Dani Mateo. En El intermedio (La Sexta) lleva una sección titulada “vídeos de primarias” en el que pasa y comenta alguno de estos vídeos. A cada cual más llamativo y para cada uno de ellos tiene incisivos comentarios que ayudan a entender la virulencia comunicativa de la actual campaña electoral. Además de exhibir la miseria intelectual de algunos de los protagonistas de estos vídeos que prefieren las risas a los compromisos con la ciudadanía. Hecho que no es muy distinto a la preferencia de los ideólogos de las televisiones, incluidas las públicas, a dar cobertura a lo banal a cambio de no programar debates entre todas las candidaturas, tengan o no representación parlamentaria.

Lo llamativo y además preocupante de este proceso, son las evidentes semejanzas de aquél con lo sucedido en otros países, por ejemplo en la Italia de Silvio Berlusconi. Es lo que Javier Cercas calificaba hace unas semanas como la “tertulianización de la política”, justamente lo que en otras lenguas llaman “politainment”. Fenómeno al que, no obstante, otro politólogo italiano aludió en tono crítico a finales de los noventa. Para Giovanni Sartori la viodeopolítica, aunque inevitable, es la acomodación de los políticos y sus discursos a los requerimientos del “lenguaje televisivo”. ¿Les dice algo esta observación cuando se sientan ante la tele y no tienen acceso a la teleserie de culto?

Es posible que aquí estemos viviendo algo parecido a lo sucedido en Italia, tal como algunos analistas políticos vienen recordando últimamente. De manera que la historia debería servirnos para no repetir errores. Ahora bien, cómo reconocer que es un “error” la toma del poder mediante la televisión. ¿Es posible adquirir presencia social y política sin aparecer en la pequeña pantalla? ¿Por qué la televisión no logra cambiar el voto conservador que apoya candidaturas corruptas, mientras que el voto progresista se dispersa?

Tras la tormenta, llegará la calma, esto es: el olvido que da paso a un nuevo ciclo. Tras las elecciones y su burbuja de videopolítica, volverá la normalidad a la programación de las televisiones. Pasada la noche electoral, cada canal recobrará su tono habitual para ocuparse de su “nicho de audiencia”, unos con esas tertulias interminables, confusas y mediocres, otros volviendo a las reposiciones, realities y documentales.

Mientras tanto, la audiencia podrá seguir ante la tele viendo la política-ficción en la que se invisibiliza lo que realmente importa (El Ministerio del tiempo de La 1 es una buena metáfora de la programación televisiva). A todo esto, ¿no tendrán razón, acaso, esos puristas que mantienen una mirada hostil al medio televisivo?

Escribe Ángel San Martín

alaska-y-segura