Adanismo viral

  31 Marzo 2015

De las elecciones andaluzas al avión de los Alpes

celia-villalobosJusto cuando los andaluces estaban reflexionando, al presidente del PP —también del Gobierno— se le ocurrió soltar en Valencia una de las suyas. Dijo que en su partido hay gente que sabe gobernar, a diferencia de esos “adanes que andan por ahí prometiendo lo imposible”. En el informativo de TVE el calificativo sonó a contundente gentilicio con el que aludir a quienes no piensan como el sr. Rajoy. Sin embargo, para Tele 5 y, sobre todo, para los de La Sexta, lo dicho en Valencia tenía destinatario: los votantes andaluces. Pronunciado, sin duda, a sabiendas que la ley prohíbe estos mensajes durante la jornada de reflexión.  

El calificativo de “adanes”, en cualquier caso, tiene su intríngulis. Cuando el calificativo se convierte en viral a través de las redes, es entonces una manera de estigmatizar a los que piensan distinto y a los que tampoco tienen la intención de votar a los de la gaviota. Aunque bien pensado, podría estar refiriéndose, con cierta sorna, al tropel de “imputados”, perdón, “investigados” o “encausados” —Grijelmo dice que estas expresiones se ajustan mejor al momento procesal— por los jueces a miembros destacados de su propio partido.

Adán es, según el diccionario, “el hombre apático y descuidado”, ¿no será otro roto dialéctico en el propio traje? El aludido estaba en el Palau de Congresos rodeado de presuntos y, pese a todo, no le salían sarpullidos sino palabras de admiración. Pero también descuidado porque sus palabras sobrevolarAn esa comunidad autónoma en víspera de elecciones. Descuidado porque sólo un día antes, se había aprobado una reforma del código penal según la cual el informar va a tener más riesgos, pongamos por caso, que el insultar. A la mínima, cualquiera podrá ser acusado de apología del terrorismo o desacato a la autoridad y, en consecuencia, obligado a pernoctar en el cuartelillo.

En estas circunstancias, ¿cómo habría que llamar a quienes comparan a un partido político con Cáritas o la Cruz Roja? Cualquiera de estas organizaciones ¿sería capaz de reformar sus sedes con facturas en negro, y luego tener la desfachatez de decir que todo es legal simplemente porque ha prescrito? Aparte de representar otro insulto a la inteligencia, es todo un alarde de adanismo político. Si ahora resulta que los partidos son organizaciones sin ánimo de lucro, entonces Bárcenas o Correa deberían ser los santos patronos de los desvalidos de este mundo.

Por lo visto, según hemos podido saber, el santo Bárcenas del Gran Poder no procesionará esta inminente semana santa en El Intermedio (La Sexta). Los responsables del programa quieren excarcelar a Granados, nuestro padre del santo cohecho o a la Pantoja, nuestra señora del blanqueo doloroso. Finalmente la audiencia se expresó a través de las redes sociales, y “perdonaron” a la que se lo llevaba crudo en bolsas de basura. ¡Para que luego digan que no hay transparencia en las cofradías!

Se califique como adán o de cualquier otra forma, nada es lo que aparenta. Según se mantiene en una máxima popular, una imagen vale más que mil palabras. Pero en el barroquismo iconográfico actual, tal vez sería más preciso afirmar que un gesto informativamente vale tanto como una imagen y las mil palabras juntas.

Reparemos en algunos ejemplos.

No hace mucho “cazaron” a la vicepresidenta del Congreso de diputados entregada a los placeres de un videojuego. Mientras tanto, sus colegas se desgañitaban desde la tribuna de oradores. Pocos días después, unos humoristas de la televisión alemana, le pusieron “la peineta” en la mano de un displicente Varoufakis. Una gracia televisiva que pudo provocar un conflicto diplomático, aunque no dejó indemne la popularidad del ministro griego de finanzas. 

El presidente de Podemos, con un gesto de contundencia, le hace el “tic-tac, tic-tac” al Partido Popular. El candidato socialista a la alcaldía de Madrid, se ha hecho merecedor de alusiones jocosas a costa de su: “¡pim, pam, pum: propuesta!”. El día tres de marzo, como cada tres de mes, la “intifalla” se unió a la asociación de víctimas del metro para manifestarse ante el balcón del ayuntamiento tras terminar la mascletá. Tan molesto le resultaba su presencia que la alcaldesa les lanzó un gesto despreciando a los familiares de las víctimas allí congregados. También frente al público y ante las cámaras, los responsables de Ciudadanos tras conocerse los resultados electorales en Andalucía, salieron con las manos en alto y nueve dedos levantados. Nueve eran los representantes que el recuento provisional les daba para la cámara andaluza.

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Más extrovertidos fueron Tania y Pablo Iglesias que, en medio de la emoción de la noche electoral, lanzaron por facebook el anuncio del fin de su relación de pareja. ¿Esto era importante en ese momento? La intencionalidad política parece clara, pero pone en evidencia un “estilo” de hacer política que tal vez explique su frustración ante el no demasiado generoso reconocimiento del electorado andaluz.

En consecuencia, ni imágenes ni palabras sirven ya para explicar la línea informativa que aplican las televisiones. No hay argumentos ni hacen falta ya sesudos razonamientos. Basta con un dedo levantado para provocar un conflicto diplomático o una cabeza reclinada para advertir que el parlamentarismo es simple divertimento para la casta. La televisión capta el instante y luego lo pone a macerar en las redes sociales hasta convertirlo en viral. El resultado de semejante tratamiento no es una noticia sino un engrudo emocional del que es imposible extraer alguna consecuencia intelectiva.

¿Qué otra cosa es la programación de las televisiones desplegada en torno al siniestro final del avión en los Alpes franceses? No es que no se quieran conocer las circunstancias del suceso y hasta las historias personales de las víctimas. Lo que resulta puro adanismo viral es constatar que prácticamente todas las televisiones rellenan horas y horas de programación repitiendo que todavía no se sabe nada, dando así pábulo a las especulaciones.

El mensaje televisivo parece claro: frente a la precarización —low cost según sus siglas en inglés— cámaras y psicólogos para consolar a las familias en duelo. ¿Por qué convertir en adanismo viral lo que es político y económico?

Todo parece indicar que las televisiones recrean los siniestros y atentados (la pauta se repitió con el atentado de París o Túnez), no tanto para informar a las audiencias como para facilitarles el trabajo elusivo a las aseguradoras. En definitiva, ¿semejante tratamiento televisivo no es, además, una forma de banalizar el dolor?

Escribe Ángel San Martín

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