En el reino de Jauja

  25 Diciembre 2014

Menú televisivo para el fin de año

network-placidoCuando miles de ciudadanos estábamos por las calles en son de protesta por la ley mordaza, las televisiones hacían circular las últimas palabras del Sr. Rajoy. Palabras que certificaban el fin de la crisis y el advenimiento de Jauja. Eso sí, reconocía que no en todas las casas lo percibirían de igual manera. Aunque por otros motivos, las calles van llenas de gente y, según la patronal, es síntoma de que se anima el mercado. Pero, ¿dónde va a estar la gente mejor que en la calle, al menos es lo más barato?

Otro punto de vista apareció en el programa El objetivo, de La Sexta. Un niño, mirando a cámara, expresaba su deseo de año nuevo pidiéndoles a los políticos que “terminen ya con la crisis”. En otro corte del mismo programa, una niña pedía que se reparta mejor el dinero entre la gente para que no haya niños que se mueren de hambre.

Estos son los deseos de unos menores ingenuos y no sé si aleccionados sobre lo que tenían que decir en la tele, en cualquier caso resultaron del todo convincentes. Bastante más que los encerrados en el plató de La 1 para hacer Fuera de clase con David Bustamante. ¡Qué bochorno! En fin, los otros mostraban tener más razón que esos políticos que van de televisión en televisión contando su buena nueva.

Atributos que le vuelven a faltar al legendario Informe semanal (La 1 de TVE), afincado de nuevo en el patetismo informativo. Con miles de personas en las calles, como ya he dicho, se dedican a hacer el balance del año, primero en plan nacional (España 2014, páginas para la Historia) y en el segundo reportaje se ponen al mundo por montera (Mundo 2014, fuera de la pantalla). Parece desproporcionado y carente de sentido común tratar a la audiencia de esta manera. Es como si RTVE fuera de otro planeta y viene para menospreciar la inteligencia de los terrícolas peninsulares.

Para que no se note demasiado el aliño ideológico de la información, cuentan que ahora la programación de TVE se decide desde los despachos de Hacienda. Estos funcionarios, de manguitos y visera, valoran el minuto de emisión en relación a la cuota de pantalla. Si el resultado de la operación es positivo, como con Isabel, entonces se deja en rejilla, pero si no fuera así, como con los vespertinos Entre todos y T con T (La 1), se suprimen por baja rentabilidad económica. En este clima tan mediocre, resulta mucho más alarmente el déficit contable que el de las ideas y las palabras de presentadoras como Toñi Moreno o Mariló Montero, colegas, amigas y reincidentes en los patinazos verbales de grueso calibre.

En la velada de los sábados, a la misma hora del Informe semanal, están en marcha las trituradoras La sexta noche (La Sexta) y en la competencia Un tiempo nuevo (Tele 5). Mientras éste serializa las apariciones públicas del pequeño Nicolás, Iñaki López se lleva a su programa al Gran Wyoming que con su labia habitual no dejó títere con cabeza. Por su verbo ágil desfiló el caso Bárcenas y demás corrupciones, el hambre de los niños, el Valle de los Caídos o la bochornosa “ley mordaza”. Aludió, también en tono jocoso y, supongo, sin que el juez Castro le adelantara su veredicto, que era una rémora sin paliativos lo de la corona. Ahora la infanta “cooperante” anda de telediario en telediario porque habrá de sentarse en el banquillo de los acusados. Por cierto, las imágenes que ofrecen de ella son de archivo. ¿Dónde estará la versión original de la infanta para que cante?

En el plató Wyoming y, en la pantalla de al lado, le hacía los coros el actor Alberto San Juan, quien se despachó a gusto con lo del “IVA cultural: 21%”. Para este activista del teatro, el atentado ministerial está potenciando, si le entendí bien, la emergencia de un teatro alternativo y al margen de los canales comerciales que cuenta con el favor del público. A todo esto, el discurso de los invitados fue tan brillante como nefasta la conexión tecnológica. Resultó un poco bochornoso ver a Alberto desconcertado por no saber si tenía que hablar o callar, si el presentador Iñaki López le preguntaba a él o a Wyoming. En fin, a las alturas que estamos estos detalles técnicos deberían estar mucho mejor preparados o menos improvisados. Menos mal que el desencuentro entre las ideas y la tecnología quedó en un segundo plano ante tanta lucidez.

Creo que fuimos muchos los que durante la velada sabatina sintonizamos La Sexta, porque alcanzó uno de los mejores picos de audiencia de su historia. Lo cual tampoco es mucho mérito, porque en Un tiempo nuevo, la competencia, le siguen dando hilo al Pequeño Nicolás. ¿No será algún precocinado salido de uno de los muchos programas de fogones que hay en las teles? Desde luego que sí parece ser la versión civil del clérigo Rosendo, sectario y abusador, que puso en marcha algo tan sospechoso como Orden y mandato.

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Mientras escuchaba a Alberto San Juan y zapeaba con Adán y Eva (Cuatro), se me ocurrió si no sería posible una televisión alternativa, una televisión que gestionen y hagan las gentes de la calle. En vez de subirse a un escenario, toman una cámara y un micrófono para contar lo que realmente está sucediendo en la calle.

Escuchaba a un corresponsal, no recuerdo ya en qué programa, quejarse de los responsables de las televisiones porque no le dejan contar las cosas que está viendo y viviendo por diferentes paises africanos. Sólo se habla de las catástrofes o de cómo mueren los africanos en las pateras, porque el resto no les interesa a los editores de los informativos. Por ejemplo, ahí está el silencio que ha seguido al ébola, incluso habiendo dimitido el consejero de sanidad de Madrid. Y de este gesto sorprende no que un político dimita, sino que alguien haya podido nombrar a un tipo así en un cargo de tanta responsabilidad.

Tras el atracón televisivo de los “agraciados con la lotería”, ahora llegan los especiales de fin de año, recopilatorios, resúmenes y galas benéficas... Y en medio de tanta redundancia, La 2 se anticipa emitiendo, una vez más, el gran Plácido (García Berlanga, 1961). No habla precisamente de jauja pero, ¿la habrán emitido por despiste o para darle otro esquinazo a la censura?

Salvo estos pequeños deslices de la programación, todo lo demás les sonará a precuelas y cameos. Así que si pueden, como he dicho más arriba, lo mejor será pasear por la calle que mantener enchufada la tele. Entre otras cosas porque gasta luz, y el precio que le han puesto a ésta es para no malgastarla. Bueno, siempre les quedará la reedición del MasterChef Junior en TVE, verdadera escuela de “emprendedurismos” y aspirantes a ricos y famosos.

Que disfruten del menú, pero con moderación. ¡A disfrutar de la entra y salida de año!

Escribe Ángel San Martín

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