De antenas y frecuencias

  18 Noviembre 2014

Mientras dure la sequía televisiva…

viajando-con-chesterMientras escribo estas líneas, veo a dos técnicos manipular una antena en el edificio de enfrente. El otro día, en la reunión de vecinos de mi portal, algunos inquilinos perdieron los papeles. El grosor de las palabras y los modales de alguno de los asistentes, superaron el costumbrismo gritón del incombustible La que se avecina (Tele 5). Se quejaban, y no sin razón, de por qué se ha de cambiar la antena si se montó nueva hace 3 ó 4 años. Estoy seguro que estas personas no han escuchado con atención los spots de radio y televisión. Lo explican tan claro que casi nadie ha entendido la verdadera razón de tener que volver a resintonizar y gastar dinero en la antena de televisión.

El asunto nos sitúa, una vez más, ante la imagen de lo cotidiano deformada por la chapuza. Los costes de esta adaptación, como viene siendo habitual, recaerán sobre los usuarios finales. Aunque se califica como segunda fase en la migración de la señal analógica a la digital, realmente lo que se está haciedo es “limpiar” una parte del espectro radioeléctrico, en particular la banda de 800 MHz, para que sea ocupada por una señal más evolucionada tecnológicamente. Señal dedicada a los servicios 4G que sólo prestarán las grandes operadoras de telecomunicaciones.

En definitiva, con la maltrecha economía de las familias se financiará un error de planificación y la ineficiencia de las autoridades del ramo, todo para favorecer a las grandes empresas del sector teleco.

Pero volviendo a los operarios que siguen ahí en el tejado, pese a que ya empieza a oscurecer, observo que uno de ellos mira insistentemente por el tubo de la antena. No sé qué pretenderá ver, aunque su obstinación me inquieta. Me imagino que querrá comprobar si el mundo visto por el agujero de un canuto —perdón por esta regresión a la infancia— es más edificante que el mostrado por el plasma de la TDT. El operario levanta la cabeza de vez en cuando y comenta algo con su jefe. Luego se ríen, lían un cigarrito y siguen con la faena.

Vista la escena desde mi cómoda mesa de trabajo, percibo que los dos trabajadores se están jugando el tipo, pues trabajan a once pisos de altura. En estas circunstancias, es inimaginable los pensamientos que asaltarán a este operario cuando hinca el ojo en la caña. Cuando ve, por ejemplo, a la Sra. Aguirre pidiendo perdón por todo el despipote del Sr. Granados. ¿Qué le comentará el operario a su jefe al pasarle la llave inglesa? Supongo que tampoco tendrá palabras para explicarle el rictus del Sr. Rajoy mientras, desde la tribuna del Parlamento, pedía disculpas al personal por el choriceo que reina en su partido.

No digo nada, si la antena estaba orientada hacia Valencia y pudo ver a la Sra. Barberá desencajada gritándole al líder del PSOE, Pedro Sánchez. Pues el susodicho tuvo la ocurrencia de presentar en esta ciudad los paños calientes que han preparado para cauterizar la hemorragia de la corrupción. Aunque, sin duda, el operario se habrá quedado estupefacto si alcanzó a ver la rueda de prensa del irritado concejal de Valencia Sr. Grau y no digamos ya las del verborreico Sr. Morago. Por el contrario, no habrán entendido nada  de lo que se habla en las tertulias cuando “debaten” sobre las correrías del “pequeño Nicolás”, auténtico personaje de la época de la guerra fría.

Seguían con su trabajo, cuando de repente hacen un estruendoso aspaviento tirando de la antena. Por lo gestos comprendí que discutían sobre las diferencias entre lo que es creación televisiva y lo que es testimonio de la realidad. El operario tiraba de uno de los módulos de la antena imitando, sin duda, a la jueza Alaya arrastrando su maletín. Cosa que hace, vestida de domingo, en casi todos los telediarios cuando cruza la calle hacia su despacho. Es imposible no ver dentro de la maleta las cabezas de Chaves y Griñán, ensangrentadas y camino de la vitrina del juzgado donde se exhibirán como un trofeo de caza, como hacía el Sr. Bárcenas.

Así irá el operario y su jefe resintonizando una y otra antena para que los vecinos paguen —menos el Sr. Monago porque no tiene antena— el “arreglo” de algo que ellos no han estropeado. Aunque es la condición para seguir enganchados a una señal que en analógico o en digital, siempre trae las mismas cosas. Por si faltaban ejemplos, baste comprobar que Tele 5 acaba de poner en marcha un “nuevo” proyecto: Un tiempo nuevo. Y lo emite los sábados justo a la misma hora que Iñaki López se desgañita con sus tertulianos en LaSexta noche. Perdón, no sólo es a la misma hora, sino que hablan y dicen lo mismo, alternándose los personajes de actualidad.

En esta “competitividad” entre los dos grupos de televisión más importantes, está también el pulso entre Risto Mejide y su Viajando con Chester (Cuatro), disputándole la clientela a Ana Pastor que entrevista a sus invitados en El objetivo (La Sexta). Aquí no se puede decir que hablen de lo mismo, se van disputando a los entrevistados y lo que prevalece, más en el primer caso que en el segundo, es la personalidad del entrevistador y entrevistadora.

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Cuando uno se pone ante la tele a ver la entrevista a un político, un juez o un pastor que vive en el límite entre Aragón y Cataluña, es para escuchar sus puntos de vista, no las tesis o hipótesis de quien formula las preguntas. Entre otras razones porque, al domingo siguiente, volverán a estar en pantalla y los podremos escuchar, si nos interesan, no así a sus invitadas/os.

En estas circunstancias y pese a las buenas críticas que cosechan estos programas, prefiero cambiar de canal. Pero no nos hagamos ilusiones, la elección no es sencilla. Estamos viendo que en los tejados nos cambian las antenas para ver mejor, eso dicen, la tele que gobiernan con modales desconcertantes. En el caso de RTVE, hace unas semanas se fue el presidente de la corporación sin explicar los motivos de su decisión, todo lo más habló de la falta de recursos financieros para el ente.

Gracias a la mayoría parlamentaria del partido que lo sustenta, el Presidente del gobierno nombra como sustituto a José Antonio Sánchez, con un currículum vergonzante curtido en el entorno del partido que le nombra y de la moribunda Telemadrid. De hecho, puso de inmediato al frente de los informativos a un tipo más conservador que Julio Somoano, relegado ahora a conductor de El debate de la 1. Por cierto, se estrenó hablando sobre la caída del muro de Berlín con diferentes testigos presenciales de aquella noche. El moderador pretendía saber más que los invitados, y a la única invitada, cuando hacía referencia a la Historia para explicar lo sucedido, se le quitaba la palabra porque lo importante era “el testimonio”.

Mientras dure esta sequía televisiva no queda más remedio que aprovechar la resintonización para seguir disfrutando de Wyoming en El intermedio o, en otro registro, con Jordi Évole en Salvados. Por cierto, hace un par de semanas pudimos ver a dos descamisados, de espaldas, hablar tan ricamente de lo divino y de lo humano. Además los tipos estaban sentados en el banco de un parque, porque la gente pasaba al lado de ellos. Cuando los personajes se giraron un poco, pudimos comprobar que era Pablo Iglesias conversando con Jordi Évole, o viceversa. Es posible que las preguntas y requiebros de Jordi estuvieran por encima de las respuestas. En cualquier caso, en esos momentos, los audímetros echaban humo en el indicador de La Sexta.

Cuando llego a este punto, observo que los antenistas dan por terminada la reparación y recogen los útiles de trabajo. Sin duda, será por poco tiempo, pues pronto habrán de volver a los tejados para colocar más módulos a la antena a fin de sintonizar las neonatas Tele-Rus y Tele-Fabra. ¿Habrá elecciones a la vista?

A todo esto, los operarios desaparecieron del tejado y no pude preguntarles por lo más bárbaro que habían visto a través del canuto de la antena. ¿Serán los eructos de los tertulianos mientras degluten a Podemos ante las cámaras de televisión, precisamente las que han hecho posible el éxito según su líder?

Escribe Ángel San Martín

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