Ciudadanía informada

  07 Septiembre 2014

 Tele selfie, la digitalización del egocentrismo

como-nos-reimosCada vez se suman más voces a la reivindicación de una ciudadanía reflexiva, documentada, crítica, responsable y demás proclamas. Estos razonamientos se recogen, principalmente, en medios escritos. Se asume que una buena parte de la ciudadanía contemporánea, la más acomodada, como tiene incluso para sus caprichos no se preocupa de nada más. A ello ha contribuido, en buena medida, la prevalencia de la inmediatez, los relatos visuales, la hiperconectividad o la pérdida de valor de la experiencia como saber dialógico. Para que la ciudadanía reaccione ante lo que está sucediendo, reivindican informarla y formarla con todas las consecuencias.

Como expresión de buena voluntad no está nada mal. El problema es cómo activar dispositivos para cumplir con tan ambicioso propósito. Uno de ellos y al que aluden con frecuencia, es la televisión. De hecho, en su proclama fundacional consta que serviría para formar, informar y entretener. Desconozco si alguna vez estos tres principios han coincidido en la programación de las distintas cadenas de televisión que en la historia han sido. Desde luego, en estos momentos la mayoría no van más allá del mero entretenimiento. Faena a la que se entregan con empeño y no pocas concesiones a la banalidad.

Mantiene uno de estos pensadores que el modelo urbanístico panóptico, construido en nuestros pagos por prohombres como El Pocero en Seseña, son malas copias de la que Berlusconi puso en marcha en los años 70 (v.g. “Milano 2”). El éxito del modelo no puede entenderse al margen de las cadenas de televisión con las que el polémico y corrupto empresario italiano dotó a las urbanizaciones. La programación estaba orientada a fomentar el estilo de vida acorde con esa ciudadanía aislada. Mutatis mutandis, ¿no estará pasando ahora algo semejante con las programaciones orientadas a desmovilizar cognitivamente a las gentes? Tomemos algunos detalles de las televisiones. 

El lobby de los publicistas, Autocontrol (Asociación para la Aurorregulación de la Comunicación Comercial), nos está bombardeando por tierra, mar y aire, con lo de que “Trabajamos por una publicidad responsable”. Las intenciones están claras, pero los hechos no tanto. El spot con el que promocionan la actual vuelta ciclista no puede contener más tópicos nacionalistas, sexistas, acústicos y hasta cromáticos. ¿Sus responsables serán gentes que habitan entre nosotros y conocen la que nos está cayendo?

¿Y qué me dicen de uno de los spots de promoción de los muchachos del baloncesto? Ataviados con la vestimenta oficial, dos jugadores hacen botellón en un parque. Antes de brindar todos ellos con la marca de la bebida que les patrocina, reparten botellas entre chicos y chicas, algunos de los cuales aparentan ser menores de edad. Da igual que la cerveza sea 0.0, ¡todos sabemos lo que viene después! Por cierto, parece que la patronal del gremio ha roto el pacto no escrito de no promocionar su producto en horarios “protegidos”. A todo esto, ¿alguien se acuerda todavía de las iniciativas de protección de la infancia?

Los recortes de TVE nos han permitido reencontrarnos este verano con Tip y Coll en Cómo nos reímos (miércoles en La 2). Los diálogos absurdos entre los dos geniales componentes del grupo, no pierden vigencia, ya sea en versión analógíca o en la digital. Sus comentarios, pese al tiempo transcurrido, siguen tocando en ese punto que no sabes si reír o llorar. Como ese momento en el que Tip, señalando al fondo del estudio, le pregunta a su colega en qué se parece la tela del fondo con sus piernas. Sorprendido Coll, se queda pensativo. De inmediato Tip le aclara: “Pues que las dos son cortinas”.

Pero el pequeñito tampoco se muerde la lengua. En uno de los cortes, Tip invoca la frase más repetida: “Y ahora hablaremos del gobierno”. Ante lo cual, Coll, mirando a cámara, le contesta: “O sea, seguimos hablando de los tuyos”. Aunque las imágenes eran en blanco y negro, el dardo había alcanzado el objetivo.

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Igual de explosivo es el sketch en el que anuncia que van a hablar de la publicidad, y Coll ironiza: “Por supuesto, hablamos de TVE”. En efecto, sea “blanca” o de color, la televisión pública se ha vuelto a llenar de publicidad, pese al modelo de financiación vigente. Pero la querencia publicitaria del Ente público no se agota con ello. Sólo hay que escuchar cómo se habla en los informativos del caso Pujol o el tono de la noticia con el que TVE informó de la destitución de Rouco Varela y del nombramiento de Cañizares como arzobispo de Valencia. Observando estos detalles es cuando se entiende el alcance del comentario de Tip y Coll, aunque fuera formulado hace más de 30 años.

La reposición y reemisión del humor de esta pareja, ha provocado disparidad de opiniones en la crítica. Hay quienes cuestionan la oportunidad de la emisión, mientras que otros objetan la selección de los cortes. Hecho que no debe sorprender, máxime tratándose de una cadena ocupada en la programación de concursos de cocina, galas con el humor casposo de José Luis Moreno y los paquirrines, realities como el controvertido y muy promocionado ¿Quién manda aquí? o hacer programas “nuevos” con retazos viejos tomados de los propios archivos como el ya comentado Viaje al centro de la tele (viernes en La 1), presentado en off por Santiago Segura.

El humor de Tip y Coll, como mínimo, provocaban la risa inteligente. Era y sigue siendo un humor orientado a reirse del aquí y ahora, incluso de ellos mismos. Un humor imposible de comparar con el que se nos ofrece ahora. El recurso humorístico de los programas mencionados no va mucho más allá del juego de palabras o de cama; en suma, del chiste fácil. Todos estos tópicos se concentran, pese al empeño de Eva Hache, en las gracias de los monólogos de El club de la comedia (La Sexta). Salvo alguna excepción, domina un tipo de humor grueso que no invita a pensar ni tampoco hace reír.  

Si el humor no nos estimula a pensar las cosas de manera diferente, veamos otra “noticia” de los informativos de estos días.

Se trata del chapuzón con agua fría que se dió un presidente autonómico, entre otras muchas celebrities. La escena forma parte de la campaña internacional orientada a recaudar fondos para seguir investigando sobre el ELA (el ébola o el paludismo forman parte de otra “categoría” de enfermedades). Esto, se mire por donde se mire, resulta bochornoso. No sólo que un canal público aliente la campaña, sino que además le dé la categoría de noticia a la participación de un presidente autonómico. Por cierto, un presidente que ha ocupado parte de su mandato a aplicar los recortes en sanidad e investigación. ¿Qué política deja los asuntos de investigación y salud pública en manos del voluntariado reclutado en campañas más o menos ingeniosas?

Estos ejemplos, entre otros muchos posibles, ilustran la baja aportación que la televisión puede hacer a esa “ciudadanía reflexiva”. Cierto que pone en circulación multitud de imágenes, relatos e informaciones, pero cada vez de forma menos comprometida con las habilidades superiores del ser humano. ¿Nos rescatará del limbo Las caras de la noticia que acaba de presentar Canal+ en Vitoria?

De todos modos, la programación de la tele se aproxima cada vez más al fenómeno de masas conocido como selfie y que antes se llamaba autorretrato. El selfie viene a ser la digitalización del egocentrismo, materia poco propicia para fomentar la intermediación que hace sociedad informada y responsable.

Escribe Ángel San Martín

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