Anacronismos

  25 Julio 2014

RTVE responde, Antena 3 adoctrina

rtve-responde-1Se me ocurrió que, para evitar el rigor de la calina estival, lo mejor sería colocarse frente al televisor. Era sábado y a esa hora aparecía en pantalla el programa RTVE responde.

De la presentación se había encargado la defensora del telespectador, hasta hacía unos días Elena Sánchez. Esa tarde se estrenaba en semejantes tareas la nueva defensora Carmen Sastre. El propósito del programa se mantenía: responder a algunas de las muchas preguntas que plantean los telespectadores. No se ha explicado por qué se fue Elena, pero tras ver la media hora de programa sí queda claro por qué está ahora la nueva.

Desde luego que los argumentos vertidos no se orientan a defender a los telespectadores. Más bien Carmen Sastre se emplea a fondo en promocionar la programación de la televisión pública. De hecho, por esos días circulaba en las tertulias y otros circos intelectuales el monumental cabreo de las ONGs e incluso de la fiscalía de menores, con el controvertido Entre todos (La 1), animado por Toñi Moreno durante la siesta.

Pues bien, el director de TVE acaba de anunciar su supresión y en RTVE responde no se ha dicho ni media palabra sobre las incongruencias de practicar “telecaridad” en una televisión pública.

De todos modos yo quería hablar de otro asunto. En el programa de aquel sábado una joven, según la rotulación, estudiante de comunicación audiovisual, planteó una cuestión. Según ella, los hermanos Alcántara, de Cuéntame cómo pasó, aparecieron cultivando un viñedo emparrado y humedecido mediante un sistema de regadío por goteo. Ambas circunstancias eran absolutamente desconocidas, incluso en Sagrillas, en el tiempo que se localiza el aludido episodio.

La directora del programa, Carmen Sastre, como venía siendo habitual, le pasó la palabra al jefe de programas de ficción de TVE. Al hombre no se le ocurrió decir otra cosa que, en efecto, son “anacronismos” debidos más a la rapidez de la producción que a errores de guión. Tan exigua explicación la ilustró el ejecutivo citando las series que se están grabando y que podremos disfrutar, según él, durante el próximo otoño. Cosa que, mucho me temo, no era lo que más le interesaba a la telespectadora.

De aquella tarde sabatina lo que se me quedó, no sé bien por qué, fue eso del “anacronismo”. Tal vez por escucharlo en boca de un ejecutivo de la RTVE que están conduciendo a la quiebra cultural, y puede que también a la económica, aunque esto no se vea tanto.

Sucedió que, pocos días después, viendo la degradada Amar no es para siempre (Antena 3), me di cuenta que lo del anacronismo tiene más significados que el literal aludido por el ejecutivo de TVE. Puede que los productores de la citada teleserie utilicen el anacronismo al revés, es decir, que sitúen en el pasado hechos y argumentos del presente. De hecho, en la Plaza de los Frutos hemos escuchado argumentos feministas de rabiosa actualidad y visto hechos como el robo de bebés o el abuso de menores.

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Uno de los personajes de Amar… es Don Aniceto. Se trata de un personaje campechano, militar de baja graduación en la reserva, que complementa sus ingresos regentando una academia para los chicos y chicas del barrio. Con este motivo los responsables de escenografía de la teleserie nos muestran un aula con los iconos de la época: el retrato del dictador y el crucifijo en la pared del fondo. En la esquina está de punta una regla larga, el esqueleto humano, el globo terráqueo y la enciclopedia, estereotipos omnipresentes en el universo simbólico de muchas generaciones. Ahora bien, como la academia crece en alumnado, Don Aniceto coloca como jefe de estudios a un cura joven y engominado con ideas preconciliares.

En el episodio de hace unos días, el cura le proponía al propietario dar un salto cualitativo en el negocio y trasladar la academia a un barrio “rico” del Madrid de entonces. El argumento del cura era contundente y además perfectamente identificable: con el traslado se proponía elevar el “nivel de excelencia” de la academia. Para ello debían contar con estudiantes que pudieran pagar una mensualidad bastante más alta que la establecida hasta entonces.

Don Aniceto contraargumenta que en ese caso, muchos de los chicos y chicas del barrio se verían obligados a dejar de estudiar, simplemente por no poder pagar la mensualidad. Ante lo cual Don Isidro, revestido de la caridad divina, dice que todo cambio deja pérdidas por el camino, pero así llegarían a su establecimiento estudiantes de familias pudientes a los que se les podrá exigir mayor rendimiento académico.

El argumento se sitúa en los primeros años 60, si bien tiene todos los visos de haber sido macerado en los despachos del ministro Wert. Pero estos no son todos los “anacronismos”. 

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En este ir y venir dialéctico de los guionistas, tenemos otro par de situaciones muy comprensibles desde las actuales circunstancias. Como Don Isidro, el cura, no consigue el visto bueno para trasladar la academia, expulsa a la profesora Leonor tras haber pasado un par de noches en el calabozo por alteración del orden. Tampoco sale airoso de este intento, así que maquina con una deuda de los padres (Marce y Manolita) de la joven profesora. El precio del “favor” para que no les cierren El Asturiano, es que Leonor vaya a estudiar a la universidad del Opus Dei de Navarra. Es una universidad seria y además podrá ir a estudiar con beca, todo lo cual le asegura el trabajo cuando termine sus estudios. ¡Otro fogonazo ideológico reconocible en los discursos de los responsables actuales de la política educativa!

Desde luego que el resabio ideológico en el que se sustenta la academia de Don Aniceto, no debe sorprendernos. Entre otras razones porque Amar no es para siempre, la emite una cadena cuyo máximo accionista se dedica a reflotar universidades quebradas económicamente.

Bajo la aparente crítica a un cierto tradicionalismo, lo que se pretende en realidad es promocionar un nuevo modelo de educación: el de la academia de Don Aniceto. Un chiringuito cuyo titular es un militar chusquero que deja al capricho de un joven cura tocón, Don Isidro,  la “selección” de contenidos así como la contratación y despido del profesorado.

En fin, no es fácil decidir si la academia de Don Aniceto es o no un anacronismo. Seguro que para la estudiante que preguntó desde Irlanda por el viñedo de Sagrillas, al menos le quedó clara una cuestión: cada vez tenemos más cerca de nosotros a tipos como Don Isidro, por eso ella tuvo que emigrar.

¿Podremos protegernos de este sol que abrasa? ¡Tienen un mes para intentarlo, que lo disfruten!

Escribe Ángel San Martín

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