Conciencias escindidas

  23 Junio 2014

Del plátano de Alves al cierre de televisiones

primero-mayoHace unos días se celebraron las manifestaciones del 1º de mayo. En la crónica que se hizo en uno de los canales de televisión, se venía a decir que esto ya no tenía demasiado sentido. Lo señalaron como otro de los anacronismos de la izquierda a extinguir.

La celebración se inventó cuando había obreros y obreras. En el momento actual casi nadie mantiene ya esa condición. Simplemente hemos vuelto a la esclavitud. De hecho, los informativos no desaprovecharon la ocasión para exaltar algunas imágenes: las de los puntuales altercados entre exaltados y policía. ¡Qué afán por ilustrar las reivindicaciones sociales con las alteraciones del orden público!

Permítanme que ahora comparta con ustedes una visión que me invadió mientras participaba en una de esas manifestaciones y bajo un sol de justicia. Aprovechando la escasa sombra de un árbol, me paré para ver pasar a los manifestantes.

No buscaba a nadie en particular, pero sí quería tener una instantánea del momento. En esas mi vista se fijó en un eslogan que decía: “Sin ocupación de calidad no hay recuperación”. Por delante de mí pasaron otras muchas pancartas con parecidas formulaciones. Algunas de estas proclamas, además, aparecieron luego en los informativos de las distintas cadenas.

Mientras eso sucede en las calles, las televisiones prosiguen machacando con su particular discurso. La pizpireta presidenta de Andalucía, le toca la campana a un santo en Málaga antes de irse de procesión. Las televisiones repiten la estampa hasta en la sopa, como si no tuvieran suficiente con lo de los EREs. En Sálvame (Tele 5), se chotean de las procesiones de semana santa y en las redes se les recrimina la falta de respeto, aunque no sé a quién.

Hace unos días La 2 de TVE dedicó toda una mañana de domingo a retransmitir en directo desde Roma la santificación de unos papas. No sé ni me interesa cuánta gente pudo ver ese día soleado semejante evento, pero lo que sí me importa es que la deuda del Ente público la está situando al borde de la quiebra. ¿Se harán cargo de la deuda los dos nuevos santos o inmatricularán directamente el ente RTVE?

El presidente de la Generalitat Valenciana, que ayudó a quebrar informativa y económicamente la televisión autonómica, ahora mendiga entrevistas en las televisiones nacionales. El papelón que representó en La sexta noche (La Sexta) fue apoteósico. Quienes habitamos por las tierras que él administra, nos resultó inaudito escucharle las respuestas a las preguntas, demasiado previsibles, del presentador Iñaki López. El periplo televisivo, orquestado para mejorar su posición ante la jerarquía pepera, le ha debido saber a poco. Según hemos podido saber, su gobierno pretende que La 2 de TVE le ceda una franja de desconexión para hablar de las cosas de aquí. Seguro que, dado el estado comatoso en lo económico de RTVE, el Sr. Fabra pretende colocar en la tele nacional a todas sus huestes que ya no pueden vivir de la sopa boba en RTVV. Al menos así cuando quiebre TVE podrán cobrar dos indemnizaciones. Los agraciados de esta guisa serán votos conservadores para siempre.

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Mi cabreo no tiene consuelo cuando veo en los informativos y tertulias de toda condición, el numerito bochornoso montado en un juzgado por el juez Elpidio Silva, ahora en el banquillo de acusados. Tanto la autoridad judicial, el presidente de la sala como el acusado y su abogado defensor, fueron responsables de esa imagen deslegitimadora de uno de los poderes del Estado de derecho. Mucho más inaceptable, y lo siento por la libertad de expresión, es que la parte acusada fuera luego de plató en plató contando lo que les vino en gana. Es duro de admitir que los jueces que se atreven a investigar los casos más graves de corrupción sean trasladados o juzgados y condenados antes que a los corruptos. Pero no es menos desalentador ver que los juicios populares se hacen en los platós de las televisiones.

Cuando puedan leer estas líneas, ya se habrá celebrado, aunque muchos de ustedes no se hayan enterado, el día mundial de la libertad de prensa, también se habrán cerrado nueve canales de TDT. El grupo Atresmedia (Antena 3) apagará tres canales y Mediaset (Tele 5) dos más, entre otros. Muchos de ustedes y probablemente yo también, podemos pensar que para lo que ofrecían La Siete o Nitro, no pasa nada porque las supriman. El hecho, con ser muy grave por los recortes a las libertades, no es lo peor de todo. Es sobre todo la imagen de subdesarrollo que se da y de inseguridad jurídica. ¡Vamos, como el atraco del próximo recibo de la luz! Me explico.

El gobierno de Zapatero distribuyó, hace unos años, los canales de TDT conforme a criterios poco claros. El gobierno de Rajoy, muy crítico desde la oposición con las decisiones anteriores, no hizo nada para resolver el desaguisado. De modo que un grupo económico con múltiples canales y asuntos varios en juzgados, recurrió la concesión aludida. Ahora el Supremo le da la razón y se han de cerrar o, al menos, los actuales titulares de nueve canales los habrán de “apagar” el día 6 de mayo. Se prevé para pronto otra sentencia en parecido sentido que obligará a cerrar otros 5 ó 6 canales. Por cierto, si han de volver a concederse, ¿quién se los quedará? Los más conspicuos apuntan a la Conferencia Episcopal para aumentar la cobertura de 13TV y al grupo de dudosa reputación que ha interpuesto estos recursos y que ocupa los canales con contenidos temáticos: bodas, caza, loterías, teletienda, etc.

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No me considero aficionado al fútbol televisado, mucho menos ahora que asoman en las pantallas cosas tan feas e inaceptables como la del plátano al jugador del Barça. Parecido signo racista se repite poco después con un jugador del Levante. La televisión toma partido cuando nos informa de los asaltos a la valla de Melilla y Ceuta o finaliza El Príncipe asesinando a cara descubierta al “moro terrorista” (el desenlace batió récords de audiencia).

Nos ofrecen unas imágenes con las que es muy difícil pensar en lugar del otro o en un mismo lugar para compartir. Este abismo lo acrecienta el odio que se fomenta a través de las redes sociales, o la indiferencia con gestos como el de Mariló Montero, comiendo un plátano en La mañana de TVE en solidaridad con Dani Alves. ¿Qué forma tan curiosa de luchar contra el racismo, como si el asunto fuera de estómago y no de conciencia?

El recorrido por las escenas precedentes, nos invita a volver al principio, al título mismo. La televisión y el uso que de ella hacen sus gestores, nos vacía de pensamientos, nos bloquea la posibilidad de tener conciencia de ser algo. En las manifestaciones del primero de mayo, tal como las reflejaban las televisiones, se montan y relatan no para recuperar la conciencia de clase, para manifestar la lucha por las libertades del ser humano.

Y es que las proclamas tampoco ponían el énfasis en esa circunstancia. Lo que se reclamaba y las televisiones ponen en imágenes cada día, es que hemos de “tener”, de poseer empleos, viviendas, familias, electrodomésticos, etc. ¡Cuanto más mejor! Así hasta asfixiar la conciencia de clase que nos debería mantener vivos. Por supuesto, la conciencia no se adquiere acumulando cosas porque la banaliza, sino dotando de sentido nuestra condición ciudadana. ¿Será esto ya un sueño imposible?

Escribe Ángel San Martín

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