Cuentos de invierno

  23 Enero 2014

Gamonal desbanca a Bárcenas, Blesa y Gürtel

gamonal-1Es costumbre bien arraigada el que en las fiestas navideñas aparezcan circos y cuentacuentos, vengan de oriente o de las nevadas montañas. Lo mágico e inverosímil cumple su función narrativa cautivando la atención de pequeños y grandes.

Estos cuentos fluyen hoy de las telepantallas, especialmente de la televisión (según Barlovento hemos dedicado 257 minutos a ver tv en el mes de diciembre). Mezcla en su programación la ficción con la realidad, los hechos con las valoraciones, la publicidad con los programas, la afirmación a la vez de lo uno y su contrario. Es como si hubiera una relación inversa entre las cuotas de pantalla y las de racionalidad del relato.

Cuando ya casi nos habíamos olvidado de Bárcenas, Blesa y la Gürtel, mientras esperábamos a sus majestades, nos avisan que uno de ellos tiene a una hija imputada. Cuando tratamos de ahogar con cava las penas del año finiquitado, nos llega desde Panamá la noticia que la poderosa empresa Sacyr se ha “equivocado” en cientos de millones de dólares en la obra de ingeniería civil que ejecuta en aquel país. Al socorro de la chapuza acude Ana Pastor —la ministra, no la presentadora de La Sexta como dijo alguna televisión de allá— y se va para convencernos que no habrá dinero público.

Pero no hace falta irnos tan lejos para encontrarnos con historias alucinantes. A costa de muchos de los que hoy pasan los lunes al sol, hay tipos que se han enriquecido construyendo endebles techumbres de palacios emblemáticos o desviando dineros de proyectos de cooperación. Es difícil calcular cuántas palabras equivalen a una imagen, pero el plano de Rafael Blasco declarando en juzgados y diciendo lo que decía, no eran palabras, eran puñaladas al sentido común. Pese al indudable valor testimonial de estas imágenes, no en todas las cadenas de televisión se han presentado para denunciar la corrupción. Tampoco se inmutó lo más mínimo Rita Barberá cuando, ante las cámaras, afirmó que hablar de la chapuza del Palau perjudicaba a la “marca Valencia”.

La Sra. Cospedal dice ahora que a los enfermos de su comunidad no les hará “repagar” los medicamentos hospitalarios. En parecido sentido se han pronunciado varios presidentes de comunidades autónomas. Todo esto sin que la ministra Mato retire el decreto y se vaya a su casa. Pero es que ante la ley del aborto, la vicepresidenta del Parlamento, Sra. Villalobos, pide libertad de voto. Cuando Gallardón apruebe la retrógrada ley, ¿la diputada Villalobos, médico de formación, se irá por dignidad del PP? Bueno, el ministro del Interior tampoco se ha ido, pese a filtrar en horario del telediario una operación policial presuntamente antiterrorista.

Durante estos últimos días y como ilustración de que todos somos iguales ante la ley, tertulianos e informativos comentan la circunstancia procesal de la hija del Rey. Para la derecha conservadora, el responsable de todo es el malévolo juez que instruye la causa. Mientras que para la progresía el mal está en los inspectores de hacienda y en la fiscalía, empeñados en la exculpación de la infanta. La banalización en la televisión sólo admite dos valores: buenos o malos.

No entiendo de leyes, sólo me quejo de una cosa. Con este procesamiento no me pueden convencer que, tras las tasas impuestas por Gallardón, todos seamos iguales ante la justicia. De hecho, muy pocos pueden contratar la defensa con un despacho de letrados como el del Sr. Roca, ¡un nacionalista defendiendo a la Corona! Además, tiene un adjunto para quien el amor matrimonial de la esposa le impide ver los trapicheos del esposo. Por cierto, este último argumento es el que parece haberse aplicado a otras esposas, militantes eximias del partido en el gobierno, exoneradas de toda responsabilidad.

Estas semanas, tanto los informativos de Tele 5 como los de TVE, abren con las “novedades” del “caso Asunta”. ¿A qué se debe esta insistencia en un asunto tan macabro y todavía en fase de investigación? Desde luego, le rodea el suficiente morbo como para que las televisiones estiren de la historia todo lo que puedan, especulando sobre el orfidal, la cuerda, el ordenador del padre, los mensajes de la difunta a su amiga, etc. En fin, en vez de ofrecer información, nos machacan con el relato de unos hechos aún desconocidos.

gamonal-2

Es posible que se trate de una estrategia para desviar nuestra atención de otros temas. Por ejemplo, cuántos de nuestros niños están perdiendo oportunidades de acceso a la educación, alimentación y cuidados sanitarios reconocidos universalmente. Las ONGs ofrecen datos escalofriantes. ¿Querrán distraernos de la restrictiva ley de seguridad que prepara el ejecutivo para recortar más libertades?

A partir del relato de las televisiones resulta difícil, por no decir imposible, recomponer lo que sucede en el Gamonal de Burgos. Los informativos ponen el énfasis en la violencia de unos pocos (el contenedor ardiendo de todos los telediarios), en lo necesario de las cargas policiales y en la irracionalidad del vecindario que, de pronto, se levanta para reivindicar sus derechos. No se exponen las razones que motivan la actitud de estos ciudadanos.

Sin embargo, detrás de todo el asunto vuelve a aparecer el fantasma de la especulación urbanística. Esta vez en forma de construcción de plazas de garaje por parte de unos empresarios relacionados con medios de comunicación, constructoras y, por si fuera poco, uno de ellos imputado en el “caso Gürtel”. Con tales ingredientes resulta indignante que los medios pretendan criminalizar a los vecinos de Burgos, cuando sólo defienden sus intereses frente a un alcalde demócrata o alma cándida según la “TDT party”.

Da la impresión que este episodio, como la manifestación en Bilbao, El Cabañal en Valencia o las acciones contra los desahucios, ensalza el valor político de tomar la calle. Visualiza además la baja confianza que inspiran los programas de los partidos políticos, la palabra de los representantes democráticos y, por lo que se ve, tampoco se fían de la justicia. Así que habrá que desengancharse de las “redes sociales”, apagar la televisión y ocupar la calle en defensa de los derechos civiles de la ciudadanía.

Pero antes, como decimos, es preciso entender lo que sucede en el Gamonal. Y entenderlo pese a que la agencia EFE ilustre la noticia con fotografías ajenas al lugar de los hechos. Entender incluso que Pedro Piqueras dé paso al corresponsal en el barrio burgalés con la tópica imagen del contenedor ardiendo y luego vemos que el reportero habla con los vecinos con normalidad. Entender que incluso los tertulianos de la cadena de los obispos (13TV), llamen terroristas a quienes se manifiestan en el barrio de Burgos. Entender por qué el cuento de las televisiones es hoy un manual de autoayuda que ensalza el voluntarismo y el costumbrismo sainetero, como es ahora Cuéntame (La 1). Y claro, Punset con sus Redes (La 2) ha de irse a otra parte para hablar de ciencia.

Escribe Ángel San Martín

punset